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SOCIEDAD
Crisis hidráulica
Rafael Ferro Salas, Abdala Press
PINAR DEL RÍO, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- La escasez de agua potable se ha generalizado
en la ciudad de Pinar del Río. Es constante
el ir y venir de personas que cargando cubos y
todo tipo de recipientes se dirigen a los pocos
sitios donde hay llaves. Allí hacen largas
colas esperando el turno de llenar las vasijas.
Las autoridades en la provincia no dan ningún
tipo de explicación a los pobladores. Hay
hogares que no tienen el servicio de agua desde
hace meses.
En medio de la crisis aparecen personas inescrupulosas
que se aprovechan de los más necesitados
para llenar los bolsillos. Por toda la ciudad
han aparecido los vendedores del líquido
vital. Ancianos y personas incapacitadas para
cargar el agua se han visto obligados a pagar
el servicio a estos "mercaderes".
En días pasados visité uno de esos
lugares donde la gente llena sus vasijas. Un hombre
de sesenta años esperaba su turno. Sudaba
copiosamente bajo el sol del mediodía.
Sin ningún tipo de miedo dijo a los presentes:
- Esto lo vamos a padecer toda la vida. A nadie
le importa lo que estamos pasando. Los que mandan
tienen agua en sus casas. Yo no he visto a ninguno
en estas colas.
Nadie contestó. Le tocó el turno
de llenar un hombre que llevaba dos cubos. Terminó
y se alejó del lugar. Una mujer que esperaba
detrás de él se acercó a
la llave y puso una de sus vasijas a llenar. Miró
a los que estaban en la cola y dijo:
- Lo que él dice es verdad. Pero quién
le pone el cascabel al gato. Ni la prensa del
estado se atreve a preguntar qué es lo
que pasa con el agua. Es como si no le importáramos
a nadie.
La mujer también llenó sus vasijas.
Llevaba unos pomos plásticos dentro de
un cubo. Los fue llenando uno a uno y después
terminó con el cubo. Se alejó despacio,
haciendo un gran esfuerzo.
Después le tocó el turno a una
señora de la tercera edad. Vi a un hombre
de unos treinta años que se le acercó
y le habló en voz baja. Pude oír
la respuesta de la anciana.
- Si yo te pago ese precio que me pides por cargarme
el agua me quedo sin comer, hombre. Prefiero cargarla
yo y arriesgarme a caerme.
El hombre miró asustado a los de la cola.
Se sintió descubierto. Se alejó
del lugar silencioso. También se fue la
vieja. La cola seguía su ritmo normal.
Cada uno iba llenando las vasijas que tenía,
y cada uno hacía su comentario personal.
Lo cierto es que sigue el constante ir y venir
de gente cargando cubos y todo tipo de recipientes
que tienen a mano para almacenar el agua.
También es cierto que las autoridades
siguen sin dar explicación a esta crisis.
La prensa tampoco ha entrevistado a ningún
funcionario. Es de suponer que no han dado la
autorización para hacerlo.
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