PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 27, 2005
 

ECONOMIA
Cuba en los Objetivos y Metas del Milenio (III)

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Entre las informaciones aportadas por el gobierno cubano para presentar los supuestos logros en la consecución de la Meta 1 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) está haber reducido de forma impactante la tasa de desempleo al 1.9% en 2004; 2.2% para las mujeres y 1.7% para los hombres.

En algunas provincias se indican tasas de desocupación más bajas: Sancti Spíritus 0.8%, Las Tunas 1%, Pinar del Río 1.1% y Ciego de Avila 1.4%. El porcentaje de desempleo declarado clasifica a Cuba en una situación de pleno empleo, posiblemente única en el mundo. Una noticia que, de ser verídica, podría servir para los cubanos de orgullo además de felicidad y confianza en el futuro.

Desafortunadamente, estos índices son poco compatibles con la realidad. Un simple examen ocular en las ciudades, pueblos y áreas rurales arroja de inmediato por doquier personas en edad laboral, mujeres y hombres, haciendo cualquier cosa menos trabajar.

En los campos pueden constatarse interminables extensiones de tierra sin cultivar, llenas de maleza, a causa fundamentalmente de la carencia de motivación e interés laboral, debido en gran parte a salarios miserables, insuficientes para vivir y pagados en la moneda nacional inservible para adquirir artículos imprescindibles en las tiendas de venta por divisas. Fenómeno también existente en las zonas urbanas por idénticas razones.

Paralelamente, si se efectúan comparaciones de estas sorprendentemente bajas tasas de desocupación, surgen muchas interrogantes y dudas. En 1989, año anterior al comienzo de la crisis llamada eufemísticamente "período especial", cuando todavía estaban vigentes las subvenciones de la Unión Soviética y otras naciones de Europa del Este, el PIB per cápita fue de 1,852 pesos, a precios constantes de 1981, y había una tasa de desempleo del 7.9% (CEPAL).

Con la pérdida de esas subvenciones, la economía y demás aspectos de la sociedad cubana fueron afectados por una profunda crisis, de la cual el país no se ha recuperado. Hasta el año 2000, cuando todavía existían cifras estadísticas oficiales que permitían realizar comparaciones, el PIB per cápita estaba un 20.3% por debajo del nivel de 1989.

Según estimados realizados sobre la base de datos oficiales (parciales) y de CEPAL, concluimos, conservadoramente, que al término de 2004, después de 15 años de período especial, el PIB per cápita estaba en un entorno del 5% por debajo de lo obtenido en 1989. Fuentes muy serias afirman que ese porcentaje negativo es aún más elevado (7.2%).

En estas condiciones, resulta poco creíble que sin alcanzar las cotas productivas por habitante precrisis haya podido aminorarse la tasa de desempleo de 1989 (7.9%), llevándola en 2004 al 1.9%.

Conocido es que la industria azucarera, que fuera la más importante del país, ha cerrado en los últimos dos años una parte considerable de sus instalaciones, por haberse considerado irrentables, destinando las tierras de las plantaciones de caña a otras producciones. En esta actividad llegaron a laborar directa o indirectamente más de 400 mil trabajadores, de los cuales aproximadamente la cuarta parte fue afectada por la mencionada medida, proporción que aumentará con el cierre, recién anunciado, de otros ingenios.

Algunos trabajadores azucareros han sido reubicados en diferentes centros de trabajo, y a otros se les paga un estipendio para que estudien; una decisión humana, pero que en modo alguno los califica para estar comprendidos dentro de la población ocupada laboralmente. Asimismo, decenas de miles de jóvenes en edad laboral desempleados han sido enviados a cursos -pagándoseles también subsidios- sin que tampoco metodológicamente constituyan un segmento de la población laboralmente ocupada. Estos ejemplos confirman la falta de sustentabilidad de la tasa de desempleo del 1.9% en 2004 publicitada por el gobierno.

Adicionalmente, existen otro aspecto negativo referente a la ocupación laboral en Cuba, oficialmente no reconocido. Se trata del desempleo encubierto, o sea, de la contratación de trabajadores por encima de los requerimientos reales de los centros de producción y servicios, factor que, agregado al desempleo abierto, brinda tasas de desocupación equivalentes muy elevadas.

En sus estudios, CEPAL, partiendo del nivel de productividad logrado en Cuba en 1989, determinó una tasa de desocupación equivalente del 25.1% en 1998. En nuestra opinión, si para los cálculos de CEPAL se hubiera tomado la población ocupada laboralmente en vez de la población económicamente activa (PEA), la mencionada tasa hubiera sido del 30%, y hubieran sido innecesarios económicamente para la producción y los servicios 1.4 millones de trabajadores en 1998, partiendo de la productividad de 1989.

Ahora bien, si los estimados se hubieran efectuado con referencia a la escala de productividad de un país de desarrollo medio, digamos Chile -en ningún momento una exageración, si tomamos en cuenta el relevante potencial técnico-cultural del trabajador cubano, probado en sociedades tan competitivas como la de Estados Unidos- la tasa de desocupación equivalente podría ser superior al 50%. Esto quiere decir que con menos de la mitad de la población económicamente activa cubana podrían haberse alcanzado los resultados productivos de 1998. Un verdadero récord olímpico en materia de ineficiente utilización económica de la fuerza de trabajo.

Los datos estadísticos en Cuba escasean, sobre todo en los últimos tiempos. De todas formas, los indicadores sobre el empleo no deben haber variado significativamente desde 1998, si tomamos en consideración que el lamentable panorama económico-social se mantiene sin cambios sustanciales. Por el contrario, la crisis se refuerza con la recentralización y otras medidas altamente negativas para el desarrollo y la productividad del país.

Variadas son las consecuencias del desempleo abierto y del enorme empleo superfluo, por la insistencia de mantener un sistema inhibidor del progreso nacional: ineficiencia productiva, desorganización laboral, altos costos, falta de incentivos y motivaciones y, sobre todo, salarios y pensiones insuficientes para vivir.


Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet.
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