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ECONOMIA
Cuba en los Objetivos y Metas del Milenio (III)
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Entre las informaciones aportadas por el gobierno
cubano para presentar los supuestos logros en
la consecución de la Meta 1 de los Objetivos
de Desarrollo del Milenio (ODM) está haber
reducido de forma impactante la tasa de desempleo
al 1.9% en 2004; 2.2% para las mujeres y 1.7%
para los hombres.
En algunas provincias se indican tasas de desocupación
más bajas: Sancti Spíritus 0.8%,
Las Tunas 1%, Pinar del Río 1.1% y Ciego
de Avila 1.4%. El porcentaje de desempleo declarado
clasifica a Cuba en una situación de pleno
empleo, posiblemente única en el mundo.
Una noticia que, de ser verídica, podría
servir para los cubanos de orgullo además
de felicidad y confianza en el futuro.
Desafortunadamente, estos índices son
poco compatibles con la realidad. Un simple examen
ocular en las ciudades, pueblos y áreas
rurales arroja de inmediato por doquier personas
en edad laboral, mujeres y hombres, haciendo cualquier
cosa menos trabajar.
En los campos pueden constatarse interminables
extensiones de tierra sin cultivar, llenas de
maleza, a causa fundamentalmente de la carencia
de motivación e interés laboral,
debido en gran parte a salarios miserables, insuficientes
para vivir y pagados en la moneda nacional inservible
para adquirir artículos imprescindibles
en las tiendas de venta por divisas. Fenómeno
también existente en las zonas urbanas
por idénticas razones.
Paralelamente, si se efectúan comparaciones
de estas sorprendentemente bajas tasas de desocupación,
surgen muchas interrogantes y dudas. En 1989,
año anterior al comienzo de la crisis llamada
eufemísticamente "período especial",
cuando todavía estaban vigentes las subvenciones
de la Unión Soviética y otras naciones
de Europa del Este, el PIB per cápita fue
de 1,852 pesos, a precios constantes de 1981,
y había una tasa de desempleo del 7.9%
(CEPAL).
Con la pérdida de esas subvenciones, la
economía y demás aspectos de la
sociedad cubana fueron afectados por una profunda
crisis, de la cual el país no se ha recuperado.
Hasta el año 2000, cuando todavía
existían cifras estadísticas oficiales
que permitían realizar comparaciones, el
PIB per cápita estaba un 20.3% por debajo
del nivel de 1989.
Según estimados realizados sobre la base
de datos oficiales (parciales) y de CEPAL, concluimos,
conservadoramente, que al término de 2004,
después de 15 años de período
especial, el PIB per cápita estaba en un
entorno del 5% por debajo de lo obtenido en 1989.
Fuentes muy serias afirman que ese porcentaje
negativo es aún más elevado (7.2%).
En estas condiciones, resulta poco creíble
que sin alcanzar las cotas productivas por habitante
precrisis haya podido aminorarse la tasa de desempleo
de 1989 (7.9%), llevándola en 2004 al 1.9%.
Conocido es que la industria azucarera, que fuera
la más importante del país, ha cerrado
en los últimos dos años una parte
considerable de sus instalaciones, por haberse
considerado irrentables, destinando las tierras
de las plantaciones de caña a otras producciones.
En esta actividad llegaron a laborar directa o
indirectamente más de 400 mil trabajadores,
de los cuales aproximadamente la cuarta parte
fue afectada por la mencionada medida, proporción
que aumentará con el cierre, recién
anunciado, de otros ingenios.
Algunos trabajadores azucareros han sido reubicados
en diferentes centros de trabajo, y a otros se
les paga un estipendio para que estudien; una
decisión humana, pero que en modo alguno
los califica para estar comprendidos dentro de
la población ocupada laboralmente. Asimismo,
decenas de miles de jóvenes en edad laboral
desempleados han sido enviados a cursos -pagándoseles
también subsidios- sin que tampoco metodológicamente
constituyan un segmento de la población
laboralmente ocupada. Estos ejemplos confirman
la falta de sustentabilidad de la tasa de desempleo
del 1.9% en 2004 publicitada por el gobierno.
Adicionalmente, existen otro aspecto negativo
referente a la ocupación laboral en Cuba,
oficialmente no reconocido. Se trata del desempleo
encubierto, o sea, de la contratación de
trabajadores por encima de los requerimientos
reales de los centros de producción y servicios,
factor que, agregado al desempleo abierto, brinda
tasas de desocupación equivalentes muy
elevadas.
En sus estudios, CEPAL, partiendo del nivel de
productividad logrado en Cuba en 1989, determinó
una tasa de desocupación equivalente del
25.1% en 1998. En nuestra opinión, si para
los cálculos de CEPAL se hubiera tomado
la población ocupada laboralmente en vez
de la población económicamente activa
(PEA), la mencionada tasa hubiera sido del 30%,
y hubieran sido innecesarios económicamente
para la producción y los servicios 1.4
millones de trabajadores en 1998, partiendo de
la productividad de 1989.
Ahora bien, si los estimados se hubieran efectuado
con referencia a la escala de productividad de
un país de desarrollo medio, digamos Chile
-en ningún momento una exageración,
si tomamos en cuenta el relevante potencial técnico-cultural
del trabajador cubano, probado en sociedades tan
competitivas como la de Estados Unidos- la tasa
de desocupación equivalente podría
ser superior al 50%. Esto quiere decir que con
menos de la mitad de la población económicamente
activa cubana podrían haberse alcanzado
los resultados productivos de 1998. Un verdadero
récord olímpico en materia de ineficiente
utilización económica de la fuerza
de trabajo.
Los datos estadísticos en Cuba escasean,
sobre todo en los últimos tiempos. De todas
formas, los indicadores sobre el empleo no deben
haber variado significativamente desde 1998, si
tomamos en consideración que el lamentable
panorama económico-social se mantiene sin
cambios sustanciales. Por el contrario, la crisis
se refuerza con la recentralización y otras
medidas altamente negativas para el desarrollo
y la productividad del país.
Variadas son las consecuencias del desempleo
abierto y del enorme empleo superfluo, por la
insistencia de mantener un sistema inhibidor del
progreso nacional: ineficiencia productiva, desorganización
laboral, altos costos, falta de incentivos y motivaciones
y, sobre todo, salarios y pensiones insuficientes
para vivir.
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