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ECONOMIA
Cuba en los objetivos y metas del milenio (II)
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- El Objetivo I del Milenio proclama "la
erradicación de la extrema pobreza y el
hambre". La meta número 1 para obtener
ese logro señala: "Disminuir a la
mitad en 2015, respecto a 1990, la población
con ingresos menores de un dólar diario".
En Cuba esta meta resulta de muy difícil
cumplimiento mediante el trabajo honesto. Los
salarios, y mucho menos las pensiones, no alcanzan
un dólar diario para la abrumadora mayoría
de los ciudadanos, según datos oficiales.
El salario promedio mensual a finales de julio
de 2005 era de 334 pesos (discurso central del
26 de julio), equivalentes a 16.70 dólares
US (20 pesos = 1 dólar). El salario mínimo
mensual asciende a 225 pesos (11.25 dólares).
Ambos, llevados a salario diario, representan
55 y 37 centavos de dólar, respectivamente.
La pensión media mensual, después
del incremento de mayo pasado, es de 180.50 pesos
(9.02 dólares). La mínima, recibida
por más del 50% de los pensionados, es
de 150 pesos (7.50 dólares). Estos promedios
se traducen en 30 y 25 centavos de dólar
diarios para cada una de las citadas categorías.
El gobierno cubano trata de justificar esta situación
de salarios y pensiones insuficientes para vivir
con la existencia de una política de gratuidades,
esencialmente en la educación y la salud,
así como de subsidios a los alimentos y
otros artículos y servicios de amplio consumo.
Los argumentos oficiales pudieran manipular a
segmentos de la población cubana nacida
en su mayoría después de 1959, y
sin acceso a información objetiva, debido
al absoluto control estatal sobre los medios de
divulgación. Pero el propósito de
lograrlo a nivel mundial es ridículo. En
muchos países, incluidos del Tercer Mundo,
se aplican políticas sociales progresistas
desde hace tiempo, donde están presentes
la gratuidad en la salud y la educación,
la subvención a artículos y servicios,
generosos cuidados y pensiones para los ancianos
y seguros al desempleo. En algunos lugares se
confieren con más alcance y calidad que
en la Isla, sin tener que existir salarios miserables
y condiciones políticas degradantes.
En la Cuba de antes de 1959, a pesar de las graves
e inaceptables deficiencias, se habían
desarrollado sistemas de educación y salud
gratuitos que, de acuerdo con las estadísticas
de la época, habían alcanzado cotas
de avance superiores a las existentes en la mayoría
de las naciones del área y del sector no
público en el país.
Adicionalmente, la participación del Estado
en el suministro de artículos y servicios
por la vía gratuita o subvencionada se
está reduciendo ostensiblemente desde la
pérdida en 1989 de las "ayudas"
provenientes de Europa del Este. Varios artículos
entregados con bajos precios en el marco del racionamiento
-que se prolonga más de 45 años-
han pasado a venderse en el mercado libre con
altísimos precios. Es el caso de algunos
alimentos, ropa, calzado, material de higiene
y limpieza y otros. Respecto a los servicios,
se experimentaron fuertes incrementos en las tarifas,
por ejemplo, del transporte y la electricidad.
Como consecuencia de la restricción de
la ayuda estatal al ciudadano, algunos expertos
estiman que los alimentos hoy vendidos en el marco
del racionamiento, con precios relativamente bajos,
sólo cubren los requerimientos para los
primeros diez días del mes en la ciudad
de La Habana, donde las cuotas asignadas son más
generosas que en el resto del país.
En el propio documento presentado ahora por las
autoridades cubanas a las Naciones Unidas se reconoce
que "
la distribución racionada
de alimentos para toda la población a precios
subsidiados
garantiza aproximadamente la
mitad del consumo de calorías per cápita
diaria de los cubanos y cubanas".
Sería de gran utilidad conocer los datos
oficiales sobre la participación del racionamiento
en el consumo per cápita de proteínas
y grasas comestibles. Respecto a las últimas,
cabe señalar que la cuota racionada mensual
de aceite comestible por persona en la ciudad
de La Habana es de 8 onzas (235.3 ml), absolutamente
insuficiente, lo cual obliga a comprar el vital
alimento en el mercado libre. En las tiendas de
venta en divisas el litro de aceite de soya de
producción nacional -el más corriente
y barato- tiene un precio equivalente a 2.69 dólares,
o sea, 53.75 pesos cubanos. En conclusión,
un trabajador que perciba un salario promedio
(334 pesos) únicamente podría adquirir
con su remuneración mensual 6 litros de
aceite de la calidad indicada.
Por suerte para los cubanos, además de
los salarios y pensiones existen otras vías
de subsistencia. Está la generosa ayuda
de parientes y amigos residentes en el exterior,
que llega en forma de remesas, y la iniciativa
permanente de los ciudadanos para ganarse la vida,
en muchos casos violando las leyes y degradándose
para poder subsistir ellos y sus familias.
Existen también algunos trabajadores más
afortunados, que después de pasar rigurosos
filtros políticos pueden laborar en contacto
con extranjeros, y recibir alguna cantidad de
moneda convertible en concepto de propinas o por
debajo de la mesa, en áreas como el turismo
y las empresas extranjeras establecidas en Cuba.
Estas personas constituyen un segmento poblacional
con acceso a privilegios, en un clima de clientelismo,
impostura y doble moral.
Las remesas proporcionan uno de los ingresos
netos en divisas más importantes del país,
máxime cuando el gobierno le quita un elevado
porcentaje a los receptores de la ayuda mediante
manipulaciones monetarias, sin justificación
económica real alguna. En el caso del dólar,
el descuento se ha elevado a un 20%. Debe tenerse
en consideración que, según estimados
de la Comisión Económica para América
Latina y el Caribe de Naciones Unidas (CEPAL),
las remesas anuales recibidas están en
un rango de mil millones de dólares, procedentes
fundamentalmente de Estados Unidos.
En este panorama, donde los salarios y las pensiones
no alcanzan para vivir, y la subsistencia depende
de la suerte de tener familiares en el extranjero
o convertirse en un ciudadano "obediente",
las diferencias sociales crecen y se amplían
sin cesar, estratificándose la sociedad.
El esquema socialista de la "distribución
según la capacidad y el trabajo",
que nunca ha estado vigente en Cuba durante los
últimos 47 años, se ha convertido
en un chiste de mal gusto.
Males como la corrupción, la marginalidad
y la delincuencia florecen con una dinámica
propulsada por una interminable crisis que empuja
al individuo hacia la ilegalidad. Así,
las cárceles están llenas de personas
que en condiciones normales nunca hubieran sido
sancionadas. Por eso, cuando comience el proceso
de transición democrática, junto
a la revisión del draconiano Código
Penal vigente, y sus desproporcionadas e injustas
penas, deberá procederse a un exhaustivo
examen de las penas impuestas a los reclusos comunes.
Además, las prisiones deberán convertirse
en lugares más humanos y propiciadores
de la reeducación de los reclusos, partiendo
de la indiscutible responsabilidad de la sociedad
en los yerros de esos hombres y mujeres.
La solución a la crisis de la sociedad
cubana sólo podrá encontrarse mediante
la liberación de las fuerzas productivas
actualmente bloqueadas por un anárquico
capitalismo de estado, instaurado por casi 47
años en la Mayor de las Antillas.
Momentáneamente, las perspectivas de mejoramiento
para los trabajadores y pensionados parecen poco
halagüeñas. Aunque este año
se produjeron aumentos en los salarios, pensiones
y la asistencia social por un monto estimado en
tres mil millones de pesos -posiblemente alrededor
del 10% del PIB- no se constatan contrapartidas
en productos y servicios a ese considerable volumen
financiero, lo que puede provocar un fuerte proceso
inflacionario y por consecuencia una desvalorización
adicional de los salarios y pensiones reales.
De hecho, ya pueden observarse presiones inflacionarias,
principalmente en los mercados de venta no racionada
de alimentos, y el transporte. El estado ha anunciado
próximos aumentos en el precio de la electricidad,
los materiales de construcción y las tarifas
de reparación de viviendas, así
como condiciones crediticias más duras
para el financiamiento de operaciones de compra
por los ciudadanos.
El futuro podría ser aún peor para
los sufridos cubanos.
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