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ECONOMIA
Chocolatín, cafetín, arroz y huevos (I)
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- En las provincias orientales, desde Camagüey
hasta Guantánamo, el tan anunciado chocolatín
ha iniciado su venta. Según fuentes del
Ministerio de la Industria Alimenticia, es un
producto de calidad, consistente en una mezcla
de chocolate, leche y sal, cuyas proporciones
no se especifica y dicen que su precio se corresponde
con el costo de las materias primas -importadas,
claro está- para fabricarlo.
La primera queja de importancia resultó
ser que se esperaba que el producto viniera con
azúcar añadida, ya que las cinco
libras per cápita del dulce que se distribuyen
en esas provincias, donde el salvador vaso de
agua con azúcar mitiga la frecuencia del
hambre, resultan insuficientes.
Por ello se han elaborado dos variantes de venta:
Una con azúcar, al precio de 15 pesos y
otra sin el dulce, a razón de 12. Y aquí
comienzan los problemas de credibilidad de la
institución alimenticia, pues resulta difícil
creer que la diferencia de tres pesos se corresponda
con el costo del azúcar, a no ser que se
calcule sobre los precios internacionales FOB
Brasil, incluyendo con ello la transportación.
Cada producto necesita una marca y parece que
los diseñadores desestimaron el propuesto
por el Comandante de "chocolatín",
al parecer por el desprestigio que le ha causado
el propio anunciante, y lo han bautizado como
Chocolé. Y ya comienzan a decir, que ese
"olé" de terminación tiene
que ver algo con las corridas taurinas, donde
cuando el toro pasa por la capota del torero todos
gritan ¡Óle! Como aprobación
del arte del matador. ¿Tendrá alguna
referencia a la intención del gobernante
de alimentar "mejor" a su pueblo?
Lo cierto es que entre los beneficiados ya existen
opiniones diversas. Este periodista todavía
no lo ha degustado, pero entre los que tienen
esa experiencia hay algunos que lo aprueban y
otros no, aduciendo estos últimos que es
mejor seguir comprando el chocolate en las Tiendas
Recaudadoras de Divisas, ya que la diferencia
en cuanto al precio, teniendo en cuenta la tasa
de conversión monetaria, no es proporcional
a la diferencia de calidad.
Pero todos coinciden en que el precio es muy
elevado. Una familia promedio de cuatro personas
tendrá que pagar por ese producto entre
48 y 60 pesos. Esa es la razón que en las
bodegas muchas personas no lo compran, y comienzan
a existir excedentes que dan paso a nuevos negocios
del llamado mercado negro.
Se ha anunciado que en los próximos meses
la venta del Chocolé se extenderá
al resto de las provincias, para satisfacción
de algunos y críticas de otros, pero que
se presentará como un gran éxito
de la política alimentaria gubernamental
en su afán de alimentar "mejor"
a su pueblo.
También se ha comenzado a vender en la
mayor parte del país el cafetín,
como ya lo han bautizado, que no es más
que café puro. Con éste se sustituye
el café mezclado, que logró cambiar
el gusto de la aromática infusión
en el paladar del cubano.
Se vende en sobres de 115 gramos a un precio
de cinco pesos. Anteriormente cada consumidor
podía comprar un sobre de café mezclado
de dos onzas cada 15 días, en una proporción,
según fuentes oficiales, de 60 % de café
y el resto de chícharos, a un precio de
10 centavos. La diferencia en cuanto al precio
del cafetín se podría justificar
con que es puro, pero ahí vuelven a surgir
contradicciones.
Según fuentes no oficiales, pero dignas
de crédito, parte importante de ese café
es importado. Pero no de Brasil o Colombia, países
de fama en ese producto por su calidad, sino de
Viet Nam. Ocurre que el café vietnamita
es de muy baja calidad. Algunos de sus clientes
internacionales compran también café
en Cuba, para mezclarlo y con ello obtener un
producto de mayor calidad y bajo precio.
La cuestión es que Cuba no dejará
de exportar el café de buena calidad, pues
con su venta se puede adquirir en la nación
asiática mucha mayor cantidad del mismo
producto. Las cuentas no se resisten, y no hay
que ser un avezado negociante capitalista para
entender la ganancia que ello deja. Y total, por
el cliente final no hay que preocuparse, pues
para él la opción única es
"lo tomas o lo dejas".
Es así que muchos consumidores no se resignan
al sabor insípido de ese "café
puro". Otros más conformistas, tratan
de justificar el extraño sabor tratando
de rememorar cuando en el país se vendía
puro. Lo cierto es que la mayoría ya se
apresta a comprar chícharos para tostarlos
y molerlos y con ello tratar de hacer la mezcla
a la que están acostumbrados.
Pero ahí surge un nuevo problema. También,
según fuentes no oficiales pero bien informadas,
no sólo se busca con el café puro
mejorar la disponibilidad energética del
país, ya que se consideraba que el café
mezclado requería mucha mayor cocción,
lo que es verdad. El problema es que la disponibilidad
de chícharos, el grano salvador durante
décadas de la mesa cubana, va a disminuir.
Antes se traía en grandes cantidades de
la entonces Unión Soviética, pero
ahora se adquiere en Canadá. Y parece que
la balanza de pagos en ese producto no está
muy bien, y ante el incremento de la deuda no
hay recursos para seguir comprándolo, por
lo menos en las cantidades que se hacía
para garantizar la "industria cafetalera".
Lo cierto es que ante el insípido sabor
del café vietnamita es muy probable que
el precio del chícharo en la bolsa negra
se incremente, y el consumo energético
proyectado con ese producto, lejos de disminuir
aumente también, ya que ahora se gastará
más gas y electricidad (cuando se distribuyan
las esperadas hornillas eléctricas) para
tostar los salvadores chícharos.
Todo parece indicar que el optimista plan del
vetusto dirigente máximo cubano no dará
resultados ni en cuanto a mejorar la calidad de
alimentación del cubano de a pie, ni en
cuanto a ahorro energético. Y la mayoría
tendrá que adaptar nuevamente su paladar,
ahora al nuevo café puro con aroma asiático.
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