|
SOCIEDAD
Cuba en los objetivos y metas del milenio (I)
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Un segundo informe sobre el cumplimiento por
parte de Cuba de los Objetivos y Metas acordados
en la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas,
efectuada con la participación de 189 jefes
de estado y de gobierno en septiembre de 2000,
fue presentado por las autoridades de La Habana
a la Asamblea General de la ONU, en el marco del
60 aniversario del magno organismo internacional.
En la Declaración del Milenio, emitida
al término del citado cónclave,
se proclamó el compromiso de los estados
miembros de impulsar el desarrollo, erradicar
la pobreza, promover la dignidad e igualdad humanas,
alcanzar la paz, alentar la sustentabilidad ambiental
y coadyuvar a la cooperación internacional
mediante ocho Objetivos de Desarrollo y 18 Metas
Específicas a cumplirse, la mayoría,
hasta 2015.
El informe del gobierno cubano se caracteriza,
como en oportunidades anteriores, por su carga
propagandística, y ofrece cifras que, en
ocasiones, en vez de aclarar siembran la confusión.
En la salud y la educación, donde realmente
la nación ha obtenido ciertos avances,
los afanes apologéticos oficiales soslayan
el significativo aporte de otras generaciones,
así como los serios problemas vigentes,
principalmente cualitativos, difíciles
de reflejar y valorar con índices sintéticos
de naturaleza cuantitativa.
De todas formas, en un país donde los anuarios
estadísticos han dejado de publicarse desde
hace algunos años, los datos e informaciones
económico-sociales recogidos en este segundo
informe invocan a la reflexión sobre un
panorama virtual reflejado en el documento, distante
de la complicada y contradictoria realidad afrontada
por los cubanos.
El texto brinda elementos desde sus primeras
páginas que, aunque esperados, son impactantes.
En primer lugar, se reconoce una población
residente de 11.241,300 habitantes al cierre de
2004, con tasas de fecundidad por debajo del nivel
de reemplazo -menos de una hija por mujer- e índices
de mortalidad muy bajos, con la consecuencia de
un acelerado aumento del sector de 60 años
y más de edad (un 15% de la población
en 2003).
La cifra de la población informada en
2004 con respecto a la existente en 2001 muestra
una disminución de 2,058 habitantes. Así
terminan los años de estancamiento demográfico,
iniciándose ahora una tendencia al retroceso,
a causa, en lo fundamental, de bajas tasas de
natalidad y una persistente emigración,
sobre todo de personas jóvenes en edad
laboral, elementos que junto al aumento de las
expectativas de vida propician el envejecimiento,
que en algunas provincias llega a ser superior
al 16% de los habitantes (Sancti Spíritus
16.6%, Ciudad de La Habana 17.4% y Villa Clara
18.2%).
Estos procesos de descenso y envejecimiento de
la población, posiblemente únicos
en nuestra área geográfica, son
imposibles de detener, al ser resultado de la
continuada crisis económica, política
y social del país, presente desde hace
años sin que exista perspectiva alguna
de cuándo pueda terminar. Fuentes dignas
de crédito estiman que el envejecimiento
continuará avanzando, y antes de 2025 uno
de cada cuatro cubanos pertenecerá a la
llamada tercera edad.
La baja natalidad, el envejecimiento y el retroceso
en el número de habitantes constituyen
problemas localizables en algunos países
desarrollados, donde muchas personas con variadas
opciones existenciales prefieren crear familia
relativamente tarde, y cuando lo hacen, de limitadas
dimensiones. No obstante, esas sociedades pueden
hacer frente a los retos de los desequilibrios
demográficos con un constante incremento
de la productividad de la población ocupada
y la inmigración de fuerza de trabajo extranjera
en edad laboral, proveniente de naciones por lo
regular superpobladas.
En nuestro caso ninguna de las mencionadas alternativas
resulta válida. La productividad laboral
es sumamente baja y, dada la falta de incentivos
para los trabajadores, se carece de perspectivas
de cambio. Respecto a recibir inmigrantes en edad
laboral, sería una opción absurda
en las actuales circunstancias. Cuba, como se
conoce ampliamente, mantiene un significativo
y sostenido flujo de emigrantes, en su mayor parte
jóvenes, como señalamos anteriormente,
factor que complica el escenario demográfico,
económico y social, al incidir negativamente
entre la proporción de la población
económicamente activa (PEA) y el sector
pasivo, no productivo (niños, ancianos,
enfermos y otras categorías).
En este contexto, los gastos sociales continuarán
creciendo. La seguridad social, que desde hace
muchos años muestra un apreciable déficit
financiero por no ser suficientes las contribuciones,
deberá continuar requiriendo financiamiento
de otras fuentes del presupuesto.
El desbalance de la seguridad social -excluida
la asistencia social- en los últimos años
ha oscilado entre el 35 y el 40% del valor de
las pensiones pagadas, porcentaje que se elevará
significativamente este año por el incremento
decretado de las mismas, de más de mil
millones de pesos.
Este problema financiero, por supuesto, seguirá
agudizándose en la misma medida que crezca
el envejecimiento poblacional, ocasionando fuertes
tensiones monetarias adicionales a las ya actuantes.
El envejecimiento también requerirá
grandes asignaciones de recursos materiales, laborales
y financieros para enfrentar crecientes demandas
de asistencia médica, medicamentos, asilos
y otros servicios sociales. Todo ello habrá
de encararse, si persiste el actual modelo económico-social,
con una población económicamente
activa cada vez más mermada e improductiva,
en un mundo crecientemente competitivo. Un reto
que nuestro pueblo enfrenta con su capacidad e
iniciativa productiva maniatadas por el totalitarismo.
|