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ECONOMIA
La cortina de níquel
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Durante la segunda mitad del siglo XX comúnmente
se conoció a la ex Unión Soviética
y sus satélites como países que
vivían tras la Cortina de Hierro. Esa designación
la popularizó el carismático Sir
Winston Churchill en su famoso discurso en Felton,
Estados Unidos, el 5 de marzo de 1946, que marcó
el inicio de la llamada Guerra Fría, el
enfrentamiento del mundo libre al expansionismo
del sistema comunista internacional.
Ese término definió la política
de aislamiento establecida por la URSS que sirvió
como barrera a las comunicaciones y al libre intercambio
de ideas, con una rígida censura y fuertes
restricciones para salir del país a sus
conciudadanos. Por suerte, con el derribo del
Muro de Berlín la cortina de acero cayó
ante el empuje victorioso de las ideas libertarias
de la democracia y la economía de mercado.
Otra cortina ideológica, pero menos popularizada,
fue la de Bambú, que se refería
al comunismo chino de la época de Mao Zedong
en su afán expansionista por el continente
asiático. Y a diferencia de la de acero,
que se quebró ante la ola democratizadora,
la de Bambú ha cedido ante el empuje del
mercado, pero dejando intacto el sistema político,
debido a las reformas de Den Xiaopin, cuyo símil
con la caída del Muro de Berlín
lo podemos ver en la marcha del presidente Nixon
en febrero de 1972 por la Gran Muralla China.
La instauración de un sistema totalitario
en Cuba ha recibido también su designación.
Muchos la han llamado "La Cortina de Bagazo",
refiriéndose a los restos de las cañas
de azúcar que han pasado por los trapiches
y soltado su jugo para la fabricación del
dulce. Esa designación llevaba implícita
la posibilidad de que el régimen impuesto
en Cuba podía resultar endeble ante la
falta de condiciones favorables para la imposición
de una ideología extraña al cubano
y a la cultura occidental, y que por lo tanto
podía ser de poca duración.
La vida demostró que siendo la menos sólida
es la que más ha resistido la prueba del
tiempo. Pero nos enfrentamos ahora a un nuevo
problema de designación. Al perder Cuba
su más que centenaria industria azucarera,
ya no se puede contar con bagazo para establecer
la "invencible" cortina. Quizás
al Máximo Líder le gustaría
que el cambio tuviera que ver con su Batalla secular
y llamarla así "Cortina de Ideas".
Pero tampoco hay muchas que puedan sostener la
política de aislamiento en que durante
décadas ha sometido al pueblo cubano.
Lo más acertado es que hoy se llame la
Cortina de Níquel, dado que ese metal ha
pasado a ser el principal rubro de exportación
del país y el que más ingresos genera.
El pasado año Cuba incrementó su
producción en 7,5 % y alcanzó ingresos
de más de 800 millones de dólares
netos para su deteriorada economía.
El níquel es un metal duro, blanco plateado,
dúctil y maleable, de amplia utilización
en la industria moderna para producir aleaciones,
destinándose más del 60 % de su
producción total a la fabricación
de aceros inoxidables. Cuba es el quinto productor
mundial de ese metal, que en las minas cubanas
se presenta junto al cobalto, del cual la Isla
produce el 20 % de toda la producción mundial.
En los últimos años la demanda
de níquel ha crecido, y su precio a llegado
a más de 14 mil dólares la tonelada,
por lo que la firma canadiense Sherrit Internacional
ha decidido ampliar sus inversiones en la isla
para aumentar su producción, y los chinos
ya han firmado jugosos contratos de suministro
y plantean inversiones que en total elevarán
la producción de 76,000 a 120,000 toneladas
anuales.
Con las reservas de ese metal, calculadas para
más de medio siglo y la elevación
en el nivel tecnológico de explotación
de sus plantas, el gobierno cubano centra sus
esperanzas económicas en ese rubro como
sustitución de lo que antaño fue
su primera industria, la azucarera, hoy en franca
bancarrota.
Es por ello que no es aventurado decir que la
nueva cortina ideológica del régimen
se convierta en níquel. Muchos pensarán
que de esa forma será invencible, debido
a la calidad de resistencia del material. Pero
si elevada es la temperatura del procesamiento
del mineral, no menos lo es la que va alcanzando
este pueblo, y no es de descartar que alcance
los 1,453 grados Celsius que es el punto de fusión
del metal, y la cortina, como sus antecesoras,
se derrumbe definitivamente.
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