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POLITICA
Por qué desfilan los cubanos
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Puede ser 26 de julio o 1 de mayo. Puede ser
un día cualquiera. Puede ser en la Plaza
de la Revolución, el Malecón o en
cualquiera de las calles, avenidas, plazas y parques
del país. Los motivos para "protestar"
pueden ser variados, desde la manida amenaza de
invasión militar, el "secuestro"
del niño Leían, las últimas
medidas aprobadas por el presidente Bush "contra
Cuba", "el bloqueo", la presencia
de Posada Carriles en los Estados Unidos, la condena
de los cinco "héroes" cubanos
capturados en Miami en flagrante delito de espionaje
Seleccionemos el escenario más utilizado
en cerca de 50 años por el régimen
cubano para celebrar sus aquelarres: la Plaza
de la Revolución. Día: 1 de mayo.
Razón: Bueno, la celebración del
Día de los Trabajadores o cualquiera de
las razones antes mencionadas o todas juntas.
Desde las primeras horas del crepúsculo
comienza un singular desfile. Grupos de jóvenes,
en su mayoría mujeres, avanzan por la avenida.
Llevan camisetas rojas, blancas y azules, banderas
cubanas, carteles, grandes fotografías
de "héroes" o "mártires"
y pancartas con las consignas de turno. Van ocupando
posiciones en áreas cercanas a la Plaza,
protegida por cordones de milicianos.
Grupos de obreros se congregan en las calles
colindantes, serios, con cara de sueño.
Fuman y discuten de los temas más diversos,
esta vez la famosa olla arrocera prometida es
el tema principal. Algunos hacen alarde de estar
muy bien informados, e inventan las más
fantásticas noticias, adelantan lo que
va a decir mañana el Comandante en Jefe:
que si van a quitar la libreta, que si van a vender
más de doscientos productos alimenticios
en las bodegas, que van a abrir unos nuevos mercados
venezolanos, que se van a terminar los apagones,
que van a subir los salarios
Camiones cargados de guajiros esperan también
en las cercanías. Vienen de Villa Clara,
Matanzas, Pinar del Río, con sus peculiares
acentos regionales darán carácter
al variopinto desfile.
La noche transcurre y la Plaza se va llenando.
El movimiento en los barrios comienza mucho antes
de la salida del sol. Los vecinos se congregan
en las esquinas, las calles se llenan de banderas
y pancartas. Unos hombres pasan lista, otros salen
a buscar a sus casas a los morosos. Las listas
son verificadas una y otra vez. ¿Quién
falta? ¿Por qué? A una señal
comienzan a subir a los camiones. Ordenes, canciones
y consignas se mezclan. La columna se pone en
marcha. Los que viven más cerca van a pie.
Los presidentes de los CDR controlan la marcha
para que nadie, aprovechando la oscuridad, escape
de la columna y regrese a su casa.
Con los primeros rayos del sol llegan a las proximidades
de la Plaza. Ahí están las columnas
organizadas para el desfile. El incendio de banderas
que tremolan al viento mañanero, las voces
de los que mandan, los kioscos, las pipas de agua,
los cordones de milicianos que cuidan el orden.
No es privativa de La Habana esta concentración.
En muchas ciudades del mundo los trabajadores
se preparan para festejar su día. Es primer
de mayo, Día Internacional de los Trabajadores.
En Madrid desfilan organizados por sus sindicatos,
piden estabilidad laboral y mejoras salariales.
En París, Roma, Tegucigalpa, Managua, Rio
de Janeiro, Berlín, Praga, marchan los
obreros, enarbolan sus demandas. Son ciudadanos
que viven en sociedades imperfectas, donde hay
problemas de todo tipo por resolver. Nadie les
obliga, nadie les fuerza, acuden a la voz de sus
sindicatos, de sus partidos, de su voluntad.
Ahora, ¿por qué marchan los cubanos?
¿Qué es lo que hace que más
de un millón de personas se congreguen
en la Plaza? Es una pregunta que se hace mucha
gente. ¿Quiénes son los que desfilan
y por qué? ¿Quiénes son ésos
que una y otra vez, al llamado del "líder",
llenan las calles y avenidas? El profesional cuya
ubicación en la pirámide de ingresos
está por debajo de las del ladrón
y del policía, los que ganan ocho dólares
al mes (salario promedio en la Isla), el periodista
que sabe releer con cuidado lo que escribe para
no meterse en problemas, los que salen cada día
para su trabajo sin la garantía de un transporte
que los conduzca, el que no tiene familia en el
extranjero que le mande una remesa, los que viven
agregados a otro núcleo familiar, sin la
esperanza de tener un día -o alquilar al
menos- su propia habitación para construir
su hogar, los marginados por represalias sociales
o laborales por expresar sus ideas, los que no
conciben esperanzas de realización en Cuba
y sueñan con hacerlo en el extranjero,
los que se han visto forzados, directa o indirectamente,
a renunciar a su credo religioso o político
para ocupar puestos de trabajo o estudiar, los
trabajadores que a la hora del almuerzo venden
en 20 pesos la "merienda fuerte" que
reciben como parte de su exiguo salario en las
empresas mixtas, los padres que no saben qué
futuro espera a sus hijos, que no tienen nada
que dejarle a su descendencia más que la
pobreza, los que han tenido que cerrar su pequeño
negocio por los impuestos desmedidos, las muchachas
y muchachos que usando el eufemístico nombre
de jineteras, jineteros o bingueros se prostituyen
en las calles de la ciudad, los jubilados que
venden cigarrillos, caramelos y maní en
las esquinas o revenden su cuota normada para
obtener un ingreso extra porque su retiro no les
alcanza para vivir, los excluidos de hoteles,
playas y otros centros de esparcimiento reservados
para los señores turistas. ¿Esos?
O los dueños de los restaurantes paladares,
los negociantes del mercado negro, los capitalistas
de la industria sumergida, los gerentes de las
firmas extranjeras o cubanas, los militares, los
miembros de la nomenclatura, los que reciben remesas
del extranjero. ¿Esos? ¿Todos? Sí,
la mayoría.
¿Por qué desfilan? Los cubanos
no van a esas marchas por lo que quieren, sino
por lo que no quieren. Si uno les pregunta lo
que desean, la respuesta no faltará. Desean
una vivienda digna para construir un hogar, anhelan
viajar al extranjero, decir lo que piensan, ganar
salarios adecuados, erigir un futuro para sus
hijos, practicar sin cortapisas su credo religioso.
Quieren ser libres. Si se les pregunta lo que
no quieren, responderán que no quieren
la guerra, que no quieren ser invadidos por los
norteamericanos, que no quieren regresar a ese
pasado "horrendo" de "miseria y
explotación". Es lo que les han enseñado
durante años. Han sido condicionados para
sentir ese temor. Han sido aleccionados día
a día, hora a hora, segundo a segundo,
desde la cuna. La escuela, la radio, la televisión,
el cine, la literatura, la prensa les alertan
constantemente sobre el peligro imperialista.
Han sido preparados meticulosamente para sentir
ese temor, que ya es parte de su cultura, de su
sangre. En estos más de 40 años
no han escuchado otro discurso.
Desde temprana edad el niño cubano se
va apropiando de la prédica mesiánica
en su subconsciente y, como es de suponer, cree
firmemente en los efectos que puede traer a su
familia la inminente guerra que deben enfrentar,
las consecuencias negativas del regreso al sistema
capitalista y que el vecino poderoso del norte,
que le desprecia, es responsable de sus desgracias
y calamidades. Sobre lo que no quieren los cubanos
trabaja la convocatoria del tirano, sobre ese
miedo sabiamente inculcado.
También dirán que no quieren perder
su trabajo o su carrera en la Universidad o sus
privilegios de servidores de la nomenclatura o
su plaza (muy cotizada) en el sector turístico
o su permiso para viajar al extranjero o la famosa
jaba de aseo personal que se entrega como estímulo
en algunas empresas, a final del mes, a los que
se portan bien.
Los cubanos son convocados a esos desfiles por
lo que no quieren, y ahí están las
pancartas que anuncian al mundo ESTE PAIS PODRA
SER INVADIDO, ESTE PAIS JAMAS PODRA SER OCUPADO.
RESISTIEREMOS HASTA LA ULTIMA GOTA DE SANGRE.
La patria está amenazada, está en
juego la existencia misma de la nación.
¿Acaso no son harto elocuentes esas imágenes
de Irak?
Esta vez funcionó además la promesa
de las novedades, el rumor lanzado con habilidad
de que el máximo líder iba a anunciar
nuevas medidas de "beneficio popular".
Acuden también los fieles, los convencidos,
los comprometidos, los que trabajan en puestos
privilegiados, los que no quieren señalarse,
los soldados traídos de las unidades militares,
los becarios latinoamericanos y africanos, los
turistas, los estudiantes internos trasladados
desde sus escuelas en el campo para participar
en el desfile.
Faltan pocos minutos para que comience el acto.
La gente espera, se escuchan aplausos, y la voz
del locutor anuncia la presencia del máximo
jefe. Comienzan a levantar las pancartas y banderas,
a lanzar consignas. BUSH TERRORISTA. FIDEL, SEGURO,
A LOS YANQUIS DALE DURO. FIDEL, APRIETA, QUE A
CUBA SE RESPETA. COMO EN GIRON, APLASTAREMOS AL
AGRESOR. CUBA SI, YANQUIS NO.
Más de un millón de cubanos llena
la Plaza, rodeados por enormes pancartas que llaman
a resistir al invasor, a derrotar al enemigo.
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