PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 9, 2005
 

SOCIEDAD
Urselia y Joanne: los azares del tiempo

Juan González Febles

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Con 22 años, Urselia Díaz Báez estaba entregada sinceramente a una causa superior. Era una joven terrorista que sabía poco de explosivos y menos de política. No conocía a profundidad la escatología de los discursos. Murió en 1958, en La Habana. Le explotó la bomba que manipulaba en el servicio sanitario para mujeres de un cine habanero. Era joven y bella.

Joanne Debora Byron Chesimard es también conocida como Assata Sakur. Cuando era joven se hizo terrorista en New York. Se perdió en los vericuetos de los discursos y en la retórica de las revoluciones. Con 32 años, y ya no tan ilusionada, quiso arreglar su vida. Escapó de la prisión en donde cumplía cadena perpetua. Pagó la vida del policía que asesinó en nombre de su utopía.

Assata-Joanne escapó a La Habana de Urselia. Se puso en contacto con la maravilla que quiso de forma infructuosa implantar en su tierra. Como gusta recorrer la ciudad vieja, remozada con la magia artesanal del Leal historiador, encontró policías con todos los requisitos para seguir la saga del que dejó tendido en New Jersey.

Estos también se comportan como orgullosos representantes del orden, investidos de autoridad y siempre dispuestos a humillar negros. La diferencia, si la hay, es mínima. Urselia luchó al igual que Joanne a sus veintitantos años. Usó la violencia en esta ciudad para imponer en todas sus partes la consigna de ese momento: cero compras, cero cine, cero cabaret.

Hoy, aquella consigna, hija bastarda del odio y la violencia, creció y se extendió. La Habana de Urselia vive bajo el cero. Tanto creció la cifra, que hoy se vive bajo la realidad de cero compras, cero cines, cero cabaret, cero suministro adecuado de electricidad, cero agua corriente, cero alimentos, cero esperanzas. En fin, cero libertad.

Mirando las cosas desde la distancia, cuesta trabajo definir quién tuvo más suerte. Urselia, desde la muerte, o Joanne en su exilio sin gloria. Un exilio clandestino que no puede proclamar su legitimidad. Una muerte sin sentido ofrendada en sufragio de nuevas opresiones y nuevas e interminables privaciones que no parecen encontrar su fin.

Los azares del tiempo jugaron una mala pasada a estas dos mujeres. Las extraviaron en los vericuetos inciertos de la violencia con apellidos. Urselia no encontró forma para arrepentirse. Joanne quizás la tenga.

He visto el póster que premia la captura de Joanne. Confieso que sentí la misma desolación que experimenté ante la placa que perpetúa en La Habana la triste "hazaña" de Urselia. Ambas fueron víctimas de la misma violencia azuzada por los mismos intereses. Un hilo conductor cada vez menos invisible las une.

El fatídico hilo las vincula con dos torres derribadas en New York, con los desmanes de los narco-guerrilleros en Colombia, con extremistas islámicos de toda laya. Urselia y Joanne cruzaron sus caminos en La Habana. Los azares del tiempo y la manipulación han hecho el resto.


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