PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 8, 2005
 

POLITICA
Una trama para Lidia

Luis Cino

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Una de las dos grandes frustraciones de Lidia fue no haber logrado escribir una novela. La otra, no haber podido ser amante de Julio Antonio Mella. Se lo impidieron los más de 40 años que mediaron entre su nacimiento en Camagüey y el asesinato del líder comunista en México D.F. en 1929.

Los años y la historia no eran razones suficientes para impedir las fantasías ideológicas y sexuales de Lidia con un Apolo broncíneo, musculoso, de pelo bronceado, ojos de visionario y una prometedora mezcla de sangre irlandesa y de mulato en sus venas.

Lidia, erizada de placer, se soñaba desnuda entre sus brazos, arrullada por la trompeta de Satchmo, entre la fatiga de un coito y otro, oyéndolo hablar de la revolución mundial.

Conocía al dedillo los menores detalles de su biografía, según la narran los textos oficiales. Coleccionaba sus fotos. Nadie sabía cómo las conseguía. De frente, de perfil, con sombrero alón y brazos cruzados, remero en bañador, de cuello y corbata, convaleciente y demacrado, con la cabeza vendada.

Se empeñaba en asegurar que veía el rostro de Mella asomar entre las figuras de cera de Madame Tussauds en la carátula de Sargeant Peppers Lonely Hearts Club Band.

Nadie logró ver jamás su más preciado y oculto tesoro. Muchos dudaban de su existencia. Lidia afirmaba poseer una foto de Mella y Tina Modotti sonrientes y desnudos en una azotea del D.F.

Lidia se marchó a Buenos Aires, carta de invitación mediante, en mitad del "período especial". En Argentina, prudente distancia de por medio, sigue siendo solidaria con la revolución cubana, lee La Jiribilla digital y viste luto por Che Guevara cada 8 de octubre, además de administrar un negocio de antigüedades.

No ha logrado vencer la pereza para escribir una novela como Rayuela. No ha pasado más allá de varias decenas de poemas de tono sumamente coloquial, pero no renuncia alguna vez a emular con Julio Cortázar.

Una polémica en el diario mexicano La Jornada -maravillas de la libertad de prensa- me recordó a Lidia, su novela y su amor por Mella. José Steinleger, Pino Cacucci y Claudio Albertani trataban de dilucidar la verdad sobre el asesinato de Mella.

En deuda con Lidia por algunos buenos ratos y ciertos poemas que no merecí, se me ocurrió sugerirle un tema para su novela: las últimas semanas de la vida de Julio Antonio Mella.

Abordar un tema histórico no le impedirá hacer una novela innovadora, experimental, audaz y posmoderna. Sólo tiene que ahondar en la bibliografía al respecto. Lo demás corre a cuenta de la imaginación y el talento.

Parece ser que los asesinos de Mella no fueron sicarios del dictador Machado, como sostiene la historiografía cubana, sino pistoleros estalinistas al servicio del KOMINTERN. Lo afirman documentados historiadores y periodistas de la izquierda mexicana.

Tras el VI Congreso del KOMINTERN, efectuado en Moscú en 1928, el Partido Comunista Mexicano, enfrascado en una reorientación ideológica, había ordenado a Mella que abandonara sus planes de una expedición que, partiendo de Veracruz, invadiría Cuba para derrocar al régimen de Machado.

El revolucionario cubano, exiliado en México, fue amenazado con ser expulsado del Partido por su desobediencia. Airado, presentó su dimisión, y aunque luego la retiró, incurrió en un pecado que los estalinistas no perdonaban: vincularse con el trostkismo.
Enseguida lo acusaron de trotskista. El principal de sus acusadores fue Vittorio Vidali, un italiano amante de su compatriota y colega en trajines conspirativos, Tina Modotti. Modotti y Mella eran parte de un impreciso pentágono amoroso que completaron los también comunistas Javier Guerrero y el pintor Diego Rivera. La esposa de Rivera, Frida Kahlo, aportó combustible lésbico a la relación.

La policía mexicana acusó a Tina Modotti de estar involucrada en el asesinato de Mella. Fue deportada a Europa. En el mismo barco viajó Vittorio Vidali con identidad falsa. Reaparecieron años después en la Guerra Civil Española. Tina, pistola al cinto, como enfermera de Dolores Ibárruri, (Pasionaria). Vidali como comisario político del Quinto Regimiento y perseguidor de trotskistas y sospechosos de serlo durante la purga de Barcelona en 1937.

A medio camino entre la novela histórica, policíaca y el drama sentimental con bastante sexo y suspenso, hay mucha tela por donde cortar. La suficiente para un best seller.

Confío en el talento narrativo de Lidia y en su escasa propensión al facilismo. Escribir sobre la Cuba de hoy le resultaría poco estimulante y de mal gusto. Pero desafiar ortodoxias de la historia oficial le resultará provocativo. Con un poco de suerte, tal vez algún director de cine le proponga comprarle el guión.

Quizás sea una película de éxito. Luego que Walter Salles dotara al mito guevarista, entre tanto póster y camiseta, con el rostro agraciado de Rael García Bernal en motocicleta, la izquierda latinoamericana busca sus iconos en el celuloide. Sólo faltaría el actor que encarne a Mella con "el perfil voluptuoso" que dijera deslumbrado Lezama (Paradiso, capítulo 9).

El guante está en el piso. No espero reconocimientos ni dedicatorias. Sólo quiero ayudar. Éxito con la novela. Espero ayude a saldar mis deudas, aunque sea poco para pagar unos versos inmerecidos y una temporada feliz.

 


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