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POLITICA
Una trama para Lidia
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Una de las dos grandes frustraciones de Lidia
fue no haber logrado escribir una novela. La otra,
no haber podido ser amante de Julio Antonio Mella.
Se lo impidieron los más de 40 años
que mediaron entre su nacimiento en Camagüey
y el asesinato del líder comunista en México
D.F. en 1929.
Los años y la historia no eran razones
suficientes para impedir las fantasías
ideológicas y sexuales de Lidia con un
Apolo broncíneo, musculoso, de pelo bronceado,
ojos de visionario y una prometedora mezcla de
sangre irlandesa y de mulato en sus venas.
Lidia, erizada de placer, se soñaba desnuda
entre sus brazos, arrullada por la trompeta de
Satchmo, entre la fatiga de un coito y otro, oyéndolo
hablar de la revolución mundial.
Conocía al dedillo los menores detalles
de su biografía, según la narran
los textos oficiales. Coleccionaba sus fotos.
Nadie sabía cómo las conseguía.
De frente, de perfil, con sombrero alón
y brazos cruzados, remero en bañador, de
cuello y corbata, convaleciente y demacrado, con
la cabeza vendada.
Se empeñaba en asegurar que veía
el rostro de Mella asomar entre las figuras de
cera de Madame Tussauds en la carátula
de Sargeant Peppers Lonely Hearts Club Band.
Nadie logró ver jamás su más
preciado y oculto tesoro. Muchos dudaban de su
existencia. Lidia afirmaba poseer una foto de
Mella y Tina Modotti sonrientes y desnudos en
una azotea del D.F.
Lidia se marchó a Buenos Aires, carta
de invitación mediante, en mitad del "período
especial". En Argentina, prudente distancia
de por medio, sigue siendo solidaria con la revolución
cubana, lee La Jiribilla digital y viste luto
por Che Guevara cada 8 de octubre, además
de administrar un negocio de antigüedades.
No ha logrado vencer la pereza para escribir
una novela como Rayuela. No ha pasado más
allá de varias decenas de poemas de tono
sumamente coloquial, pero no renuncia alguna vez
a emular con Julio Cortázar.
Una polémica en el diario mexicano La
Jornada -maravillas de la libertad de prensa-
me recordó a Lidia, su novela y su amor
por Mella. José Steinleger, Pino Cacucci
y Claudio Albertani trataban de dilucidar la verdad
sobre el asesinato de Mella.
En deuda con Lidia por algunos buenos ratos y
ciertos poemas que no merecí, se me ocurrió
sugerirle un tema para su novela: las últimas
semanas de la vida de Julio Antonio Mella.
Abordar un tema histórico no le impedirá
hacer una novela innovadora, experimental, audaz
y posmoderna. Sólo tiene que ahondar en
la bibliografía al respecto. Lo demás
corre a cuenta de la imaginación y el talento.
Parece ser que los asesinos de Mella no fueron
sicarios del dictador Machado, como sostiene la
historiografía cubana, sino pistoleros
estalinistas al servicio del KOMINTERN. Lo afirman
documentados historiadores y periodistas de la
izquierda mexicana.
Tras el VI Congreso del KOMINTERN, efectuado
en Moscú en 1928, el Partido Comunista
Mexicano, enfrascado en una reorientación
ideológica, había ordenado a Mella
que abandonara sus planes de una expedición
que, partiendo de Veracruz, invadiría Cuba
para derrocar al régimen de Machado.
El revolucionario cubano, exiliado en México,
fue amenazado con ser expulsado del Partido por
su desobediencia. Airado, presentó su dimisión,
y aunque luego la retiró, incurrió
en un pecado que los estalinistas no perdonaban:
vincularse con el trostkismo.
Enseguida lo acusaron de trotskista. El principal
de sus acusadores fue Vittorio Vidali, un italiano
amante de su compatriota y colega en trajines
conspirativos, Tina Modotti. Modotti y Mella eran
parte de un impreciso pentágono amoroso
que completaron los también comunistas
Javier Guerrero y el pintor Diego Rivera. La esposa
de Rivera, Frida Kahlo, aportó combustible
lésbico a la relación.
La policía mexicana acusó a Tina
Modotti de estar involucrada en el asesinato de
Mella. Fue deportada a Europa. En el mismo barco
viajó Vittorio Vidali con identidad falsa.
Reaparecieron años después en la
Guerra Civil Española. Tina, pistola al
cinto, como enfermera de Dolores Ibárruri,
(Pasionaria). Vidali como comisario político
del Quinto Regimiento y perseguidor de trotskistas
y sospechosos de serlo durante la purga de Barcelona
en 1937.
A medio camino entre la novela histórica,
policíaca y el drama sentimental con bastante
sexo y suspenso, hay mucha tela por donde cortar.
La suficiente para un best seller.
Confío en el talento narrativo de Lidia
y en su escasa propensión al facilismo.
Escribir sobre la Cuba de hoy le resultaría
poco estimulante y de mal gusto. Pero desafiar
ortodoxias de la historia oficial le resultará
provocativo. Con un poco de suerte, tal vez algún
director de cine le proponga comprarle el guión.
Quizás sea una película de éxito.
Luego que Walter Salles dotara al mito guevarista,
entre tanto póster y camiseta, con el rostro
agraciado de Rael García Bernal en motocicleta,
la izquierda latinoamericana busca sus iconos
en el celuloide. Sólo faltaría el
actor que encarne a Mella con "el perfil
voluptuoso" que dijera deslumbrado Lezama
(Paradiso, capítulo 9).
El guante está en el piso. No espero reconocimientos
ni dedicatorias. Sólo quiero ayudar. Éxito
con la novela. Espero ayude a saldar mis deudas,
aunque sea poco para pagar unos versos inmerecidos
y una temporada feliz.
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