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SOCIEDAD
Una segunda experiencia
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Es muy posible que en un futuro no lejano los
Estados Unidos podrían pasar por una segunda
experiencia con relación a brindar ayuda
a la isla cubana. Extraordinaria sería
esa ayuda si tenemos en cuenta que contamos hoy
con un exilio, el más próspero de
la historia de la humanidad: más de dos
millones de cubanos que esperan por la libertad
de Cuba.
Y decimos segunda experiencia, porque en 1898,
sin tener idea de cómo enfrentar asuntos
coloniales, Estados Unidos vio ante sí
a una Cuba hambreada e insalubre, sin producción
agrícola ni industrial, y con un tesoro
público completamente vacío.
Primeramente los Estados Unidos establecieron
un método de distribución de alimentos
cuya efectividad y éxito ha sido elogiada
por relevantes figuras de la intelectualidad isleña,
como el doctor Julio Le Riverend, quien expuso
en su libro "Historia económica de
Cuba" que "nadie ha comprendido todavía
cuán profundo fue el esfuerzo del general
español Weyler para aniquilar por hambre
al pueblo cubano, y cuán profundo fue el
esfuerzo del general norteamericano Wool por superar
aquella dramática situación".
El censo de 1898 arrojó una población
de un millón 572,797 habitantes. En la
ciudad de Santiago de Cuba se distribuyeron de
18 a 25 mil raciones diarias de comida, cifras
que en ocasiones se elevaban a 40 mil. En la capital
cubana se distribuyó un millón de
raciones, más cincuenta toneladas de medicamentos
para los hospitales.
Estados Unidos era ya una potencia económica
de primer orden. Poseía los recursos necesarios
para que pudiera preocuparse de inmediato de las
redes conductoras de agua potable para su suministro
a los habaneros, todo un conjunto de alcantarillas
para recoger las aguas llovedizas o inmundas.
También la red de alumbrado eléctrico,
de teléfono, de gas, la pavimentación
de calles y carreteras, la recolección
de basura, los ferrocarriles urbanos conocidos
como tranvías.
Cuentan los cronistas de la época que
los cubanos ayudaron con gran entusiasmo para
que pudieran llevarse a cabo las iniciativas impartidas
por el gobierno norteamericano. En el litoral
habanero, por ejemplo, las familias criollas compraron
parcelas frente al Malecón, en esos momentos
en construcción, y fabricaron casas. Se
sembraron árboles y se instalaron largas
filas de faroles de gas.
De acuerdo a las orientaciones del investigador
cubano Dr. Carlos J. Finlay, nombrado Jefe Nacional
de Sanidad, pudo erradicarse la fiebre amarilla,
que tanto daño había hecho. Con
la construcción del primer tramo del Malecón
(más de 1,300 metros de longitud) se eliminaron
los focos de mosquitos en los arrecifes de la
bahía habanera.
Durante los primeros meses de 1899 se crearon
los primeros partidos políticos, entre
ellos el Partido Socialista Cubano, dirigido por
Diego Vicente Tejera, y se promulgó un
conjunto de leyes para garantizar los derechos
de reunión, libertad de expresión,
de prensa, religiosa y el habeas corpus a los
ciudadanos de la Isla.
Para llevar a cabo sus planes de ayuda a Cuba,
el señor Brooke solicitó al gobierno
de Estados Unidos la suma de cincuenta millones
de dólares, que le fue concedida. Así,
pudo organizar escuelas primarias y secundarias
y becar a 1,256 cubanos a cursos de formación
educacional en Estados Unidos. Además,
se crearon las escuelas de Pedagogía, Veterinaria,
Cirugía Dental y Arquitectura, y se abrieron
escuelas para enfermeras, parteros y estudios
de Ingeniería Agronómica y Eléctrica.
El 20 de mayo de 1902, el general Word entregó
la presidencia de Cuba a Don Tomás Estrada
Palma, el primer presidente electo de la nueva
República.
Fue un día de júbilo popular. La
situación económica era favorable,
y se auguraba un futuro mejor.
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