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SOCIEDAD
Hambre, odios y delirios
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Convertido en una dictadura, el partido comunista
en Cuba subsiste gracias a la productividad de
la propaganda y la eficiencia de la estructura
policial. El empobrecimiento de la sociedad debido
a la subordinación de esenciales aspectos
económicos a los políticos se ha
mantenido a lo largo de casi 47 años de
gobierno de un solo partido. Sin embargo, los
promotores de la tragedia permanecen en sus puestos.
Gran parte de la realidad se refleja en el diario
azote para millones de personas en este país,
donde la palabra democracia permanece fuera de
los ámbitos legales. Tales excesos se justifican
en una proyección política donde
la permanencia, la demagogia y el populismo internacionalista
son en esencia la piedra angular del sistema.
Existen dos conquistas, no precisamente sociales,
que identifican las extravagancias del poder.
El gobernante que ha pronunciado el discurso más
extenso en la historia moderna es el cubano, nada
menos que alrededor de 7 horas ininterrumpidas
delante del podio. El otro récord, difícilmente
superable, se explica en el casi medio siglo de
mandato presidencial. Una agonía para los
gobernados y un material de interés para
investigadores de la política y la ciencia.
Definitivamente, también los arqueólogos
deberían estudiar esta rareza evolutiva.
Aquí no hay reparos en anunciar que todos
apoyan los lineamientos basados en un socialismo
con características cercanas a la metafísica.
Quizás por ello su comprensión resulte
poco menos que imposible.
El apoyo popular tiene sus lecturas al margen
de la dramaturgia que confunde y desvirtúa
sobre todo a los espectadores nacidos en otras
latitudes. La masividad, el coro unánime,
los aplausos que estremecen al auditorio, son
simples formalidades arrancadas con las sutilezas
de un programa represivo, ligero de escrúpulos
y denso en obsesiones.
Para impugnar la pureza de tales manifestaciones
basta pensar en los cerca de dos millones de cubanos
que han puesto sus pies fuera del paraíso
socialista. Un hecho, de varios que otorgan visibilidad
real a la situación, fue la solicitud de
531 mil cubanos para irse para los Estados Unidos
en una lotería de visas. Esto sucedió
hace sólo 7 años.
Apenas dos meses fueron suficientes para reunir
a tantas personas. Las mismas que llenan plazas
y desfiles, que corean consignas en un ritual
asentado en la resignación. Según
analistas, de reeditarse tal posibilidad de abandonar
el país, la cifra sobrepasaría el
millón en el mismo lapso de tiempo. Algo
que amerita una reflexión, dado el potencial
de descontento existente. Continuar soslayando
las consecuencias de una prolongada fatiga social
abre el camino a conflictos que en su momento
podrían generar escenarios incontrolables.
Las frustraciones tienen límites; necesitan
cauces para prevenir catástrofes.
La publicidad de cierta prensa junto al aval
de una pequeña, pero influyente comunidad
intelectual, es todavía útil en
la magnificación del mito revolucionario
que alcanzó la isla en el ya lejano 1959.
Un icono del antinorteamericanismo merece reverencias
y absolutas fidelidades. Poco importa la ética
cuando se defiende la utopía. Las erráticas
estrategias repetidas hasta el cansancio, el dogmatismo
que embarga un desarrollo integral de la ciudadanía,
y la supremacía de la irracionalidad en
detrimento de acciones que canalicen el alto grado
de insatisfacciones, son bendecidas u olvidadas
por un organizado ejército de escribas
en medio mundo.
Como un elemental acto de justicia es preciso
sacar a la luz omisiones que no por ausentes dejan
de ser significativas. Cuba es uno de los países
con mayor deuda per cápita en el orbe,
40 mil millones, incluyendo los débitos
a la desaparecida Unión Soviética,
de acuerdo a afirmaciones de expertos. La cárcel
ha tenido como huéspedes a más de
medio millón de hombres y mujeres en las
últimas cuatro décadas. Actualmente
la población penal ronda las 80 mil personas,
de las cuales unas 300 cumplen sanción
por delitos políticos y de conciencia.
Como colofón a este breve inventario de
desastres, es una pena que el salario promedio
oscile entre los 12 y 13 dólares al mes,
cantidades ridículas para enfrentar el
alto costo de la vida, a pesar de los subsidios
gubernamentales, plagados de insuficiencias y
efectos marginales.
Indudablemente el libro del comunismo continúa
abierto. En Cuba se consuma el epílogo
con hambre, odios y delirios.
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