PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 7, 2005
 

SOCIEDAD
Hambre, odios y delirios

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Convertido en una dictadura, el partido comunista en Cuba subsiste gracias a la productividad de la propaganda y la eficiencia de la estructura policial. El empobrecimiento de la sociedad debido a la subordinación de esenciales aspectos económicos a los políticos se ha mantenido a lo largo de casi 47 años de gobierno de un solo partido. Sin embargo, los promotores de la tragedia permanecen en sus puestos.

Gran parte de la realidad se refleja en el diario azote para millones de personas en este país, donde la palabra democracia permanece fuera de los ámbitos legales. Tales excesos se justifican en una proyección política donde la permanencia, la demagogia y el populismo internacionalista son en esencia la piedra angular del sistema.

Existen dos conquistas, no precisamente sociales, que identifican las extravagancias del poder. El gobernante que ha pronunciado el discurso más extenso en la historia moderna es el cubano, nada menos que alrededor de 7 horas ininterrumpidas delante del podio. El otro récord, difícilmente superable, se explica en el casi medio siglo de mandato presidencial. Una agonía para los gobernados y un material de interés para investigadores de la política y la ciencia. Definitivamente, también los arqueólogos deberían estudiar esta rareza evolutiva.

Aquí no hay reparos en anunciar que todos apoyan los lineamientos basados en un socialismo con características cercanas a la metafísica. Quizás por ello su comprensión resulte poco menos que imposible.

El apoyo popular tiene sus lecturas al margen de la dramaturgia que confunde y desvirtúa sobre todo a los espectadores nacidos en otras latitudes. La masividad, el coro unánime, los aplausos que estremecen al auditorio, son simples formalidades arrancadas con las sutilezas de un programa represivo, ligero de escrúpulos y denso en obsesiones.

Para impugnar la pureza de tales manifestaciones basta pensar en los cerca de dos millones de cubanos que han puesto sus pies fuera del paraíso socialista. Un hecho, de varios que otorgan visibilidad real a la situación, fue la solicitud de 531 mil cubanos para irse para los Estados Unidos en una lotería de visas. Esto sucedió hace sólo 7 años.

Apenas dos meses fueron suficientes para reunir a tantas personas. Las mismas que llenan plazas y desfiles, que corean consignas en un ritual asentado en la resignación. Según analistas, de reeditarse tal posibilidad de abandonar el país, la cifra sobrepasaría el millón en el mismo lapso de tiempo. Algo que amerita una reflexión, dado el potencial de descontento existente. Continuar soslayando las consecuencias de una prolongada fatiga social abre el camino a conflictos que en su momento podrían generar escenarios incontrolables. Las frustraciones tienen límites; necesitan cauces para prevenir catástrofes.

La publicidad de cierta prensa junto al aval de una pequeña, pero influyente comunidad intelectual, es todavía útil en la magnificación del mito revolucionario que alcanzó la isla en el ya lejano 1959. Un icono del antinorteamericanismo merece reverencias y absolutas fidelidades. Poco importa la ética cuando se defiende la utopía. Las erráticas estrategias repetidas hasta el cansancio, el dogmatismo que embarga un desarrollo integral de la ciudadanía, y la supremacía de la irracionalidad en detrimento de acciones que canalicen el alto grado de insatisfacciones, son bendecidas u olvidadas por un organizado ejército de escribas en medio mundo.

Como un elemental acto de justicia es preciso sacar a la luz omisiones que no por ausentes dejan de ser significativas. Cuba es uno de los países con mayor deuda per cápita en el orbe, 40 mil millones, incluyendo los débitos a la desaparecida Unión Soviética, de acuerdo a afirmaciones de expertos. La cárcel ha tenido como huéspedes a más de medio millón de hombres y mujeres en las últimas cuatro décadas. Actualmente la población penal ronda las 80 mil personas, de las cuales unas 300 cumplen sanción por delitos políticos y de conciencia.

Como colofón a este breve inventario de desastres, es una pena que el salario promedio oscile entre los 12 y 13 dólares al mes, cantidades ridículas para enfrentar el alto costo de la vida, a pesar de los subsidios gubernamentales, plagados de insuficiencias y efectos marginales.

Indudablemente el libro del comunismo continúa abierto. En Cuba se consuma el epílogo con hambre, odios y delirios.


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