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ECOLOGIA
Río
albañal, protagonista de la vía pública
Richard Roselló
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Las calles de La Habana han ido perdiendo el
aprecio social que se le otorgó en otros
gobiernos anteriores.
Falta de iluminación, precaria situación
del pavimento, basuras, escombros, pero sobre
todo, aguas albañales provenientes de edificios
domésticos y entidades del Estado, campean
por las calles de la capital con absoluta impunidad.
Estas aguas muestran un panorama poco atractivo
para los residentes y turistas. Ennegrecidas y
malolientes se extienden cada vez más desde
la periferia de la ciudad hacia el centro de la
misma, fluyendo por sus principales calles y avenidas
como caudalosos ríos.
Pero el tema, a pesar de haber sido denunciado
a varias instancias por nuestros medios independientes,
e incluso oficiales, se ha convertido en una añeja
indolencia, y en verdad, nadie ha podido regresar
los albañales a su cauce.
También resulta que la culpa tiene nombre
y apellidos, no siempre se asoman a la palestra.
Y entonces, las respuestas que reciben los vecinos
tras las insistentes quejas son vagas y equivocas.
"No podemos permitirlo, por el costo ambiental
y de salud que tienen esos salideros", dicen
con tono profético. Pero el hecho es que
nadie toma cartas en el asunto para hallar solución
a este problema higiénico sanitario, y
el tiempo sigue pasando. Y uno se pregunta si
hay que esperar a que nos enfermemos o se deterioren
las casas por estar viviendo sobre aguas albañales
para que aparezca una entidad responsable de acometer
dichos trabajos.
Lo cierto es que hay calles que no pueden impedir
las calladas miradas de reprobación de
los transeúntes: Teniente Rey, Sol, Compostela,
Zanja y muchas más, padecen del síndrome
albañal. Te las encuentras en cualquier
barrio habanero: Habana Vieja, Centro Habana,
Guanabacoa y el Vedado.
Sin preferencia ni orientación, las aguas
viajan e invaden los sitios históricos,
turísticos, áreas de recreación,
de servicios gastronómicos, incluyendo
comerciales.
Evadir esos lagunatos albañales como diestro
gimnasta me recuerda las viejas memorias de viajeros
que durante su visita por La Habana, en el siglo
XIX, no dejaron de observar un fenómeno,
que en su época, no era un interés
de social de las cortes sino de particulares.
Y hago esta observación, pues casi siempre
son los moradores de casas y edificios los que
asumen el gasto de reparación y destupición,
pagando altas sumas de dinero a un empleado de
servicios comunales por la morosidad y desinterés
en que acometen las averías albañales
de su responsabilidad.
De manera que cada día detectamos que,
a pesar de los daños irreversibles que
ocasionan a las estructuras de los inmuebles,
calles y éstas a su vez a los vehículos,
así como la generación de focos
de contaminación, mosquitos sumados a la
carencia de medios para reparar, estamos presenciando
los inicios de una cultura albañal con
soluciones a largo plazo.
Por tanto, amerita que el organismo capacitado
para encauzar las heces y desechos por el canal
correspondiente, intervenga con urgencia, con
su criterio especializado y sus recursos técnicos,
antes de que nademos los habaneros entre las heces
fecales.
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