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RELIGION
Llamamiento al amor
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- El Mensaje de la Conferencia de los Obispos
Católicos de Cuba "El Amor Todo lo
Espera" (I Corintios 13,7) del 8 de septiembre
de 1993, hoy puede considerarse un elemento de
la historia cubana. La grandeza y el valor de
un documento está en dependencia de la
prueba del tiempo. La inmediatez, aunque estuviera
impregnada de atractivos sorprendentes, en modo
alguno garantiza la trascendencia si no pasa el
filtro de los años.
El mensaje que vio la luz el Día de la
Caridad del Cobre, Madre de los cubanos y símbolo
de la identidad nacional, recogió la triste
situación de Cuba en todos sus multifacéticos
y contradictorios aspectos, con una prosa clara
y un lenguaje fraternal dirigido a todos los cubanos,
los de adentro y los de afuera, gobernantes y
gobernados, creyentes y no creyentes.
Cuando releemos ahora este magistral texto, nos
encontramos que están absolutamente vigentes
los problemas enunciados y las soluciones propuestas
de amor y reconciliación entre los cubanos.
La única diferencia es que las dificultades
se han agrandado a niveles extraordinarios en
estos doce años. Asimismo, no existe otra
opción posible en el escenario actual que
la concordia y el diálogo para enfrentar
los graves retos que enfrenta la sociedad.
Además, el documento se caracteriza por
sus posiciones incluyentes. Cita concepciones
de personalidades como Gandhi y clásicos
del socialismo para respaldar la argumentación;
disposición que habla muy alto de la mentalidad
abierta y plural de los redactores.
La visión presente en todo momento es
que el hombre debe constituir el centro de todos
los problemas; precisamente, la persona humana
es el tesoro más grande que posee Cuba.
Algunos soslayan este punto de vista, mediante
la utilización de aspectos como la política,
como sucedáneos usurpadores de la cuestión
central de la sociedad, o sea, según es
señalado popularmente, "ponen la carreta
delante de los bueyes".
El Mensaje en el Punto 35 recoge la recomendación
siguiente:
"Más que medidas coyunturales de
emergencia, se hace imprescindible un proyecto
económico de contornos definidos, capaz
de inspirar y movilizar las energías de
todo el pueblo".
Hoy, con más urgencia se necesita este
proyecto integral de desarrollo. Desafortunadamente,
se visualizan más "parches" y
programas, algunas veces gigantescos, sin ninguna
interconexión con el resto de los sectores
y ramas económicas que, como en el pasado,
en lugar de dar solución a los problemas
crean nuevas distorsiones.
El documento es imparcial en su análisis
y, al mismo tiempo que condena la injerencia extranjera,
el embargo económico y otras disposiciones
legales lesivas a nuestra soberanía, también
con mucho respeto, pero sin merma de claridad,
se enfrenta a los que usurpan la soberanía
del ciudadano.
En el Punto 46, marca una necesaria diferencia
entre términos durante mucho tiempo tergiversados
por el lenguaje gubernamental:
"El carácter excluyente y omnipresente
de la ideología oficial, que conlleva a
la identificación de términos que
no pueden ser unívocos, tales como: Patria
y socialismo, Estado y Gobierno, autoridad y poder,
legalidad y moralidad, cubano y revolucionario.
Este papel centralista y abarcador de la ideología,
produce una sensación de cansancio ante
las repetidas orientaciones y consignas".
No menos importante es la defensa que se hace
de nuestra cultura e identidad nacional, dañadas
por tantos años de crisis, que ha llegado
hasta a erosionar lo que pudiéramos llamar
el sistema inmunológico de amplios sectores
de la sociedad, y el patriotismo de muchos conciudadanos,
con todo lo que conlleva de nocivo para el futuro
independiente del país.
El llamado de nuestros Obispos, fruto de la milenaria
historia de la Iglesia Católica y las tradiciones
cristianas de nuestro pueblo, una de las bases
indiscutibles de nuestra nacionalidad, y patrimonio
de todos los cubanos sin exclusión, debería
ser nuevamente leído por todos los cubanos
de buena voluntad en este duodécimo aniversario
de su publicación.
La bondad y la sabiduría contenidas en
este texto reconfortan y dan ánimos para
la continuación de los esfuerzos por alcanzar
una Cuba democrática, solidaria y con justicia
social, en la cual tengan cabida todas las personas
decentes, patrióticas y amantes de nuestro
país, independientemente de ideologías
y credos, tal como lo propone el relevante Mensaje
que llama al triunfo del amor.
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