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SOCIEDAD
Un drama impactante
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- La opinión pública mundial dirige
horrorizada la mirada hacia la tragedia que padece
el sur de los Estados Unidos, a niveles posiblemente
sin precedentes en la historia de ese país,
por los efectos del huracán Katrina en
los estados de Louisiana, Mississippi, Alabama
y parte de la Florida.
Los cálculos de pérdidas de vidas
humanas, aún sin concluir, ascienden a
varios miles, y daños materiales de más
de 100 mil millones de dólares, cifras
que en próximas revisiones podrían
aumentar significativamente.
Muchas de las plataformas petroleras en el Golfo
de México -una zona que posee un peso vital
en la producción de petróleo para
Estados Unidos- han sido destruidas y otras seriamente
dañadas.
La ciudad de Nueva Orleáns, centro cultural
de nivel mundial y cuna del jazz, la llamada "música
de los músicos", y otras famosas melodías,
en gran parte yace sepultada bajo las aguas. Su
puerto y otros cercanos, hoy devastados, constituyen
lugares fundamentales del movimiento de las mercancías
de importación y exportación norteamericanas.
Se estima que la reconstrucción de todo
lo destruido llevará muchos años,
e importantes costos de inversión, además
de los sufrimientos que deja esta tragedia, debido
a las pérdidas de vidas humanas.
Las consecuencias para la economía estadounidense
son impactantes. A corto plazo podrían
generar una caída del Producto Interno
Bruto (PIB), con repercusiones negativas para
el resto del orbe. En 2004, Norteamérica
generó más del 21,0% del PIB y el
10,4% de las exportaciones de bienes y servicios
a escala planetaria, por lo que cualquier trastorno
en este país trasciende a un mundo cada
vez más interconectado.
Hoy, a la catástrofe que ocasiona tristeza
y conmoción, sirve de consuelo la rápida
reacción solidaria procedente de muchísimos
países. Junto a las condolencias, han surgido
expresiones de gobiernos, instituciones y ciudadanos
ofreciendo enviar ayuda material.
Esta hermandad universal frente al desastre,
si no repara el dolor de la tragedia, por lo menos
es un paliativo que demuestra el crecimiento de
la fraternidad entre los seres humanos, y nos
dice que es posible la lucha por un mundo mejor,
donde las ideologías y credos, sin que
tengan que desaparecer, no constituyan valladares
a la tolerancia y el entendimientos humano.
Sería un gran homenaje a los desaparecidos
y a quienes sufren los horrores de esta hecatombe,
el análisis de este suceso, el cual ha
venido a reforzar algo ya conocido: que la fuerte
dependencia de los combustibles fósiles,
no renovables, representa una amenaza al desarrollo
futuro del mundo y en particular de los Estados
Unidos.
Por distintas razones de índole política
y económica, y otras coyunturas, los precios
del petróleo se han estado incrementando
a niveles insoportables en los últimos
tiempos. Ahora con esta situación, las
perspectivas se tornan momentáneamente
más peligrosas. Las reservas petroleras
norteamericanas al ritmo del consumo de esa nación
en 2004, según estimados muy serios (The
Economist, Junio 25-05), alcanzan para 11 años,
si no se descubren otras nuevas reservas. Esto
significa que tendrá que depender cada
día más de las importaciones para
satisfacer sus necesidades, en un mundo cada vez
más veleidoso e inestable.
En tales condiciones, no hay duda de que los
gastos en investigaciones y desarrollo, así
como las inversiones en tecnologías ya
probadas, deberán potenciarse en busca
de fuentes alternativas de energía, por
lo menos en los niveles que ya lo hace Europa.
En estos momentos, Dinamarca genera con fuentes
eólicas cerca del 20% de la electricidad
que consume (National Geographic en español,
Agosto 2005).
Por poseer el mayor potencial científico-técnico
del mundo, si Estados Unidos se decidiera a transitar
ese camino con mayor decisión que hasta
ahora, el cambio pudiera ser determinante y podría
beneficiar a todo el planeta.
En este complejo problema no puede obviarse una
cuestión cada día más cierta:
un cambio climático a escala global está
produciendo una serie de fenómenos adversos
al género humano, y tiene por origen un
proceso de desarrollo económico que no
siempre ha tenido en cuenta los daños colaterales
al medio ambiente, los cuales en gran parte se
producen por el uso indiscriminado de combustibles
fósiles: petróleo y carbón.
La gran tragedia que actualmente llena de dolor
al mundo pudiera servir de punto de inflexión
para acelerar las políticas encaminadas
a liberar a la humanidad de la excesiva dependencia
del petróleo, fuente de problemas de todo
tipo, incluidos los políticos y militares.
Ese sería el mejor homenaje póstumo
a las víctimas de esta terrible hecatombe.
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