PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 6, 2005
 

SOCIEDAD
Solidaridad con nuestros hermanos estadounidenses

Miriam Leiva

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Nueva Orleáns, cuna de tanta satisfacción musical para millones de personas de todo el mundo durante siglos; acogedora a cuantos pudieron recorrer sus tradicionales calles francesas, sus clubs y cafés de jazz; puerto de entrada y salida de mercancías, que mantuvo un próspero comercio con Cuba durante cientos de años, sólo cortado después de 1959, y reiniciado hace poco; solidaria con los patriotas cubanos en el siglo XIX y con nuestros prisioneros de conciencia de los 75 apresados durante la Primavera Negra de 2003…

¡Nueva Orleáns DEVASTADA! A comienzos del siglo XXI resulta difícil creerlo.

Las noticias sobre la inminente catástrofe nos preocupaban, pero las imágenes de la destrucción conmocionan. Tantas personas muertas; tantos han perdido hasta sus bienes más elementales; tantos días de desesperación en espera de salvamento, rodeados de agua y cadáveres, sin conocer la suerte de seres queridos o amigos, sin comida ni agua para beber; tanta incertidumbre acerca del futuro.

Pero la tragedia se extiende mucho más allá. Toda la Louisiana, Mississippi y Alabama fueron terriblemente dañadas por el poderosísimo huracán Katrina. Incluso partes de la Florida han sufrido destrozos y pérdida de vidas humanas. Si ese meteoro se hubiera desplazado inicialmente más al sur, nuestra pequeña, empobrecida y endeble isla de Cuba; nuestro archipiélago, con todos nosotros incluidos, podríamos haber pasado a mucha peor vida. A pesar de su lejano paso, por esos días sentimos vientos huracanados y mucha lluvia. Nuestra situación sería terrible, más cuando hace poco tiempo otro ciclón atravesó de este a oeste gran parte de nuestro territorio; muchas personas quedaron sin hogar o con pobres viviendas muy dañadas, y sin sus escasos bienes; en un país donde la espera para recuperar lo perdido es muy incierta y prolongada, y hasta hubo que lamentar fallecimientos.

Hemos recibido muestras de apoyo a los prisioneros políticos y de conciencia cubanos, y a las Damas de Blanco desde esos estados. Hoy, nuestras posibilidades de solidaridad son tan limitadas que prácticamente sólo podremos expresar nuestra consternación.

El gobierno de Cuba oficialmente ha ofrecido a su homólogo de Estados Unidos enviar ayuda, fundamentalmente mediante médicos y medicamentos. Interesante disposición, pues siempre se ha negado a aceptar la asistencia que la administración norteamericana ha propuesto en caso de desastres naturales acaecidos acá. Me pregunto si los ciudadanos cubanos privadamente seríamos autorizados por el Estado todopoderoso y omnipresente a trasladarnos a las áreas afectadas.

Cuestiono si para llevar a cabo una solidaridad efectiva y desinteresada, tendríamos que pasar un proceso de aprobación de los órganos de la Seguridad del Estado, los Comités de Defensa de la Revolución, el Partido Comunista, la Juventud Comunista y otras organizaciones; si para obtener el permiso de salida, llamado Tarjeta Blanca, y la posibilidad de regresar una vez concluido el apoyo, habrá que poseer la "idoneidad revolucionaria". Claro está, los "elegidos" que en cantidad de 1,100 se plantea enviar oficialmente, podrían no regresar porque no existen garantías de lealtad absoluta, ya que a lo único que no tienen acceso los omnipotentes es a la mente humana. Bien quisieran alcanzarlo, y quizás se les haya ocurrido realizar estudios al respecto en los centros del Polo Científico.

Por el momento, sólo podremos desear el pronto traslado de los damnificados de todos los estados de la Unión a lugares apropiados, y que superen los traumas psicológicos lo más pronto posible, aunque muchos nunca lo lograrán.

Expresamos también nuestro reconocimiento al señor Ray Nagin, Alcalde de Nueva Orleáns, por los permanentes y desesperados esfuerzos desplegados para hacer frente a la catástrofe. La odisea vivida por él y sus conciudadanos jamás será olvidada en los Estados Unidos ni en el resto del mundo. Ellos merecen todo el apoyo espiritual y material, a fin de que puedan aliviar sus corazones lo antes posible, y reconstruir la amada ciudad de Nueva Orleáns.


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