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SOCIEDAD
Solidaridad con nuestros hermanos estadounidenses
Miriam Leiva
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Nueva Orleáns, cuna de tanta satisfacción
musical para millones de personas de todo el mundo
durante siglos; acogedora a cuantos pudieron recorrer
sus tradicionales calles francesas, sus clubs
y cafés de jazz; puerto de entrada y salida
de mercancías, que mantuvo un próspero
comercio con Cuba durante cientos de años,
sólo cortado después de 1959, y
reiniciado hace poco; solidaria con los patriotas
cubanos en el siglo XIX y con nuestros prisioneros
de conciencia de los 75 apresados durante la Primavera
Negra de 2003
¡Nueva Orleáns DEVASTADA! A comienzos
del siglo XXI resulta difícil creerlo.
Las noticias sobre la inminente catástrofe
nos preocupaban, pero las imágenes de la
destrucción conmocionan. Tantas personas
muertas; tantos han perdido hasta sus bienes más
elementales; tantos días de desesperación
en espera de salvamento, rodeados de agua y cadáveres,
sin conocer la suerte de seres queridos o amigos,
sin comida ni agua para beber; tanta incertidumbre
acerca del futuro.
Pero la tragedia se extiende mucho más
allá. Toda la Louisiana, Mississippi y
Alabama fueron terriblemente dañadas por
el poderosísimo huracán Katrina.
Incluso partes de la Florida han sufrido destrozos
y pérdida de vidas humanas. Si ese meteoro
se hubiera desplazado inicialmente más
al sur, nuestra pequeña, empobrecida y
endeble isla de Cuba; nuestro archipiélago,
con todos nosotros incluidos, podríamos
haber pasado a mucha peor vida. A pesar de su
lejano paso, por esos días sentimos vientos
huracanados y mucha lluvia. Nuestra situación
sería terrible, más cuando hace
poco tiempo otro ciclón atravesó
de este a oeste gran parte de nuestro territorio;
muchas personas quedaron sin hogar o con pobres
viviendas muy dañadas, y sin sus escasos
bienes; en un país donde la espera para
recuperar lo perdido es muy incierta y prolongada,
y hasta hubo que lamentar fallecimientos.
Hemos recibido muestras de apoyo a los prisioneros
políticos y de conciencia cubanos, y a
las Damas de Blanco desde esos estados. Hoy, nuestras
posibilidades de solidaridad son tan limitadas
que prácticamente sólo podremos
expresar nuestra consternación.
El gobierno de Cuba oficialmente ha ofrecido
a su homólogo de Estados Unidos enviar
ayuda, fundamentalmente mediante médicos
y medicamentos. Interesante disposición,
pues siempre se ha negado a aceptar la asistencia
que la administración norteamericana ha
propuesto en caso de desastres naturales acaecidos
acá. Me pregunto si los ciudadanos cubanos
privadamente seríamos autorizados por el
Estado todopoderoso y omnipresente a trasladarnos
a las áreas afectadas.
Cuestiono si para llevar a cabo una solidaridad
efectiva y desinteresada, tendríamos que
pasar un proceso de aprobación de los órganos
de la Seguridad del Estado, los Comités
de Defensa de la Revolución, el Partido
Comunista, la Juventud Comunista y otras organizaciones;
si para obtener el permiso de salida, llamado
Tarjeta Blanca, y la posibilidad de regresar una
vez concluido el apoyo, habrá que poseer
la "idoneidad revolucionaria". Claro
está, los "elegidos" que en cantidad
de 1,100 se plantea enviar oficialmente, podrían
no regresar porque no existen garantías
de lealtad absoluta, ya que a lo único
que no tienen acceso los omnipotentes es a la
mente humana. Bien quisieran alcanzarlo, y quizás
se les haya ocurrido realizar estudios al respecto
en los centros del Polo Científico.
Por el momento, sólo podremos desear el
pronto traslado de los damnificados de todos los
estados de la Unión a lugares apropiados,
y que superen los traumas psicológicos
lo más pronto posible, aunque muchos nunca
lo lograrán.
Expresamos también nuestro reconocimiento
al señor Ray Nagin, Alcalde de Nueva Orleáns,
por los permanentes y desesperados esfuerzos desplegados
para hacer frente a la catástrofe. La odisea
vivida por él y sus conciudadanos jamás
será olvidada en los Estados Unidos ni
en el resto del mundo. Ellos merecen todo el apoyo
espiritual y material, a fin de que puedan aliviar
sus corazones lo antes posible, y reconstruir
la amada ciudad de Nueva Orleáns.
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