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POLITICA
Huracán versus militarismo
Vicente Pérez Varela, Cubanacán
Press
SANTA CLARA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Para el sufrido pueblo cubano, que aún
no se recupera de los desastres ocasionados por
el huracán Dennis, incluida la pérdida
de más de una docena de vidas humanas y
más de mil millones de pesos, es una desgracia
aún mayor tener que soportar las reiteradas
imágenes que transmite el Noticiero Nacional
de Televisión (NTV) sobre una maniobra
militar del Ejército Occidental, que como
saludo a la luctuaria fecha del 26 de julio fueron
celebradas.
Apenas diez días después del paso
del fenómeno meteorológico, catalogado
como mercenario por Stalin II, las calles de varias
ciudades de Cuba se vieron invadidas por decenas
de tanques, aviones de combate, helicópteros,
equipos motorizados, fuerzas regulares del ejército
y Milicias de Tropas Territoriales (MTT), todas
ellas escenificando un gran despliegue militar
para enfrentar y repeler el ataque de un supuesto
enemigo.
Todo esto ocurría en momentos en que miles
de familias cubanas habían perdido sus
viviendas, no poseían servicio eléctrico
ni agua potable. Mientras el ejército enfrentaba
las ficticias hordas enemigas, el cubano de a
pie no tenía siquiera una vela con que
alumbrarse, padecía de falta total de información
y de medicinas y alimentos.
En la ciudad de Cienfuegos, quizá la más
afectada por el paso del meteoro, los ciudadanos
no habían recibido ni antes ni después
del desastre, siquiera un solo litro de combustible
doméstico para poder cocinar las dos libras
de arroz y diez onzas de granos que mandó
a dar el gobernante cubano.
El ofrecimiento de estos alimentos por parte
de Fidel Castro es irónico y cínico,
porque si el patriarca sintiera algún respeto
por su pueblo, debería haber empleado los
recursos dilapidados en las maniobras militares
para aliviar las carencias de los damnificados,
y no ponerse a inventar un supuesto ataque enemigo,
haciendo alarde de una técnica militar
obsoleta.
Si la "Batalla" es de "Ideas"
como asegura el régimen, ¿qué
justificación puede tener este alarde de
fuerza? Considero que lo que se buscaba con el
ejercicio militar era tratar de intimidar a un
pueblo que está mostrando signos de rebeldía.
Su fundamento está dado en que el único
éxito de la tan cacareada "Batalla
de Ideas" es el de poder sobrevolar las cabezas
de nuestros compatriotas, pero para su desdicha
sin poder hacer nido en ellas. Por lo que la élite
en el poder ha tenido que apelar al terror como
fórmula de sometimiento.
¿A quién pretenden intimidar a
estas alturas con tal despliegue marcial? ¿Acaso
no eran más impactantes los desfiles militares
en la "Plaza Roja" de Moscú?
Y qué decir de los ejércitos tácticos
y de los ejércitos que integraban el Pacto
de Varsovia. Del mismo modo que en Alemania no
fue necesaria la actuación de un enemigo
para derrumbar el Muro de Berlín, en Cuba
se están dando las condiciones para la
caída de otro muro, esta vez no físico
sino mental.
El aparato de propaganda del régimen,
junto al represivo, es lo único que funciona
en la isla, y tiene como tarea principal politizarlo
todo, la salud, el deporte, la educación,
los sentimientos, de las personas y ahora por
último se ha añadido un nuevo elemento:
los desastres naturales.
Prepararse para recibir los embates de un ciclón
es para la maquinaria de propaganda gubernamental
prepararse para ir a un combate contra el enemigo.
Y no importa el nombre que el ciclón posea,
es imperialista o simplemente mercenario y hay
que derrotarlo. Como parte del show, suele aparecer
en las pantallas del televisor el gobernante cubano,
vestido de campaña, como quien va al combate,
se hace rodear de militares que conforman la Defensa
Civil y, con el micrófono en la mano, gusta
recordarles que la revolución es invencible
y que ningún vientecito platanero podrá
derrumbarla.
Mientras que muchos televidentes se cuestionan
qué tiene que ver el viento con la metralleta,
el gran cacique no se detiene y declara públicamente
que no aceptará la ayuda ofrecida por la
Unión Europea y los Estados Unidos de América.
Parece que al dirigente no le preocupa mucho el
que hoy, un mes después, muchos de los
afectados estén durmiendo a cielo abierto
por falta de cubiertas para sus casas, o que la
pérdida total de las cosechas genere una
situación de hambruna extrema.
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