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ECONOMIA
Economía de guerra (II y final)
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- A inicios de la década de los noventa,
con la caída del Muro de Berlín
y la desaparición de la Unión Soviética,
en Cuba se decretó el llamado "Período
Especial en Tiempo de Paz" (nótese
la influencia militar para designar la crisis
económica que se avenía).
Como buenos militares, el Estado Mayor de la
Nomenclatura se atuvo a garantizar lo mínimo
indispensable para la supervivencia, y como en
todo ejército, existen normas establecidas
en lo referido al aseguramiento militar y logístico
para las contiendas.
Así, las normas establecidas en cuanto
a la alimentación de la población
y todas sus necesidades se vieron reflejadas en
escuálidas cifras para garantizar un mínimo
nivel de subsistencia, ya que la consigna del
momento era "Resistir es Vencer".
Esas normas alimentarias, medidas en calorías,
carbohidratos y proteínas, tuvo su crisis
flagrante cuando se desarrolló la epidemia
de Neuropatía Periférica, que costó
el cargo al entonces Ministro de Salud, después
de reconocer que era por carencias alimentarias,
en especial la insuficiencia del complejo vitamínico
B, de alto déficit en la dieta del momento.
La planificación estatal de los alimentos
racionados y subsidiados incluían cantidades
de azúcar y arroz aparentemente suficientes
para garantizar un mínimo alimentario.
Estadísticamente, si se ubicaba al cubano
en una economía en crisis de un país
verdaderamente subdesarrollado, por las cifras
gozaban de un nivel muy superior al medio de los
desgraciados de esas regiones del mundo hambriento.
Es por ello que el Estado Mayor de la Nomenclatura
siempre haya declarado como prioridad máxima
el garantizar la venta de esos productos. Se tiene
en cuenta que para la población económicamente
activa del país, en especial la vinculada
a centros de trabajos estatales y la población
infantil, existe el llamado "consumo social",
que aparte de los alimentos entregados por la
libreta de abastecimientos, amplía el consumo
de esa parte de la población, los "mejores
soldados".
Pero en nada se ha tenido en cuenta los gustos
y preferencias de las personas a la hora de escoger
sus comidas. Ni tampoco la pésima elaboración
de la destinada al "consumo social",
que ve reducida sus normas por el robo continuado
que hacen los que la elaboran. Año tras
año, con el lento e inseguro incremento
de la economía, el plan ha sido "mantener
los productos de la canasta básica (los
normados) y a lo sumo mejorar en algo su calidad".
Toda una proyección de Período Especial
en Tiempo de Paz.
En conversaciones y encuestas informales con
diversos estratos de la población se ve
que el principal reclamo es "que vendan más
alimentos por la libreta, como era antes".
En fin, más comida subsidiada, porque los
salarios de hambre no dan para más. Total,
la paga de los soldados nunca ha sido significativa
en los ejércitos totalitarios, donde el
reclutamiento permanente es forzoso.
Y es así que cuando a finales de 2004
el Caudillo Verde Olivo anuncia la salida del
Período Especial de Tiempo de Paz, sus
soldados ven atónitos que la alimentación
continuaba igual o peor que en épocas anteriores,
ahora agravado con una crisis energética
-que el Caudillo anunció resolver- que
no permite conservar los pocos alimentos de que
se disponen.
De ahí surgen las telepromesas del cafetín
puro, el chocolatín y algunas mejoras planificadas
y no anunciadas todavía, con la esperanza
de cocer el arroz y los frijoles en ollas eléctricas
y en cocinas eléctricas que no se saben
durante cuánto tiempo en el día
podrán funcionar. Promesas que no han podido
calmar el malestar que se vive en este atormentado
pueblo de soldados sitiados por cuatro décadas
por un enemigo que no ha atacado "todavía".
Como resistir es vencer, parece que el ejército
resistirá, porque las insubordinaciones
son férreamente castigadas y reprimidas,
como han hecho con los disidentes, en acción
profiláctica para evitar que por contagio
se extiendan a otras unidades de soldados de civil.
Paciencia pide el Comandante, y sabe que paciencia
ha tenido, y mucha, este pueblo. Esperanzas, pocas,
pero sabe que en medio de la situación
actual algo habrá. No tiene opciones a
la vista, pero ya el trágico verano pasará.
Pero volviendo a las cifras económicas,
se podrán aceptar las de la CEPAL y sus
tecnócratas o las ofrecidas por el destacado
economista Carmelo Mesa Lagos brindadas en su
conferencia La Economía y La Situación
Social de Cuba de Hoy: Mitos y Realidades, publicado
recientemente, donde presenta a partir de datos
ofrecidos un cuadro más realista. Pero
la que nunca se podrá aceptar es la ofrecida
por Castro en su discurso del 26 de julio pasado.
La economía podrá crecer, pero
sólo será en el sentido de disponer
de más dinero para los planes del gobierno.
Una economía de guerra que en muy poco
beneficiará a la población, el ejército
obligado del sistema. Pero vale recordar una frase
del Apóstol al Generalísimo Gómez
en una memorable carta: "General, una República
no se funda como se dirige como un campamento".
Economía de guerra
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