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SOCIEDAD
El mercadito de B
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- En la confluencia de las calle B y 19, en el
Vedado, en el centro de la capital, puede encontrarlo.
El agromercado más funcional, estético
y mejor surtido de productos que se adquieren
en moneda nacional. Una oferta variada y presentada
con casi mejores condiciones que sus iguales en
moneda convertible. Un regalo de las autoridades
de comercio interior al consumidor.
Lo primero que llama la atención es la
falta de presencia policial. Otro aspecto que
resalta es la oferta de extramuros. Como todos
los habaneros conocen, en las afueras de los agromercados
se dan cita los menos favorecidos. Allí
se venden bolsas plásticas, cepillos dentales,
cigarrillos al menudeo, etc.
En nuestro mercadito del Vedado la oferta de
extramuros la hacen los más favorecidos.
Ofrecen langosta, camarones e incluso carne de
res. Cambian la moneda convertible -de forma similar
a como lo hacen las "casas de cambio"
por cuenta propia en toda la ciudad- con una cotización
por debajo de la oficial. Ellos cambian un peso
convertible por veinte pesos, en vez de uno por
veinticuatro, como se establece en las casas de
cambio oficiales y extraoficiales en el resto
de la ciudad.
Como se trata de gente "que la porta",
nadie protesta y todos contentos. Así se
vive.
Como el mercadito de B fue concebido para "gente
especial", sus precios son especialmente
elevados. Esto funciona igual para los dos extremos
del juego. Para los agraciados por la legalidad
del sistema y para los agraciados por la cara
legal tolerada del mismo. Sobra la policía
en este mercadito. Es un lugar para gente bien.
La instalación está pintada de
amarillo y rojo. La oferta está beneficiada.
Esto quiere decir que los productos están
limpios. No presentan suciedad, ni tierra, ni
otros elementos derivados de su origen agrícola.
Tiene en existencia el mercadito vegetales como
acelga, apio y remolacha. Aguacates, guayabas
y mangos. Pimientos y todo lo que falta en el
resto de los desabastecidos mercados en el resto
de la ciudad.
El Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) fue
el promotor de la idea. La misma se puso en práctica
por orientación y mandato de la señora
ministra del ramo, Bárbara Castillo.
El establecimiento cuenta con la atmósfera
chic de jet set a la izquierda, tan del gusto
de la señora. Aunque no se perciben aromas
de perfumes franceses, los ambientadores crean
una atmósfera agradable, adecuada a la
sensibilidad de su exquisita clientela.
Como en todos los lugares donde corre el dinero,
el mercadito de B pasó -y aún pasa-
por los azares de la corrupción. Según
informaciones que recogí in situ, ya fue
sustituido un administrador. Su caso involucró
entre tres y cuatro millones de pesos que quizás
no aparezcan nunca. Se trataba de un hombre joven,
apuesto, con un impresionante aval de servicios
a la revolución.
No obstante todo lo antes expuesto, que nadie
se llame a confusión. El mercadito de B
no es una instalación para el disfrute
del barrio. Está concebido para los bellos
y los dichosos de la ciudad. Su clientela proviene
de los escasísimos polos prósperos
de la capital. La mayoría acude en automóviles.
Ninguno de estos automóviles es un "almendrón".
Con todo, es bueno que exista un lugar así.
Proporciona oportunidades para alternar con personas
que mantienen la fe en el gobierno. Da gusto ver
de cerca a los que saben vivir. En realidad no
se diferencian mucho del resto. La buena noticia
es que no son mejores que cualquier hijo de vecino.
La mala es... bueno, es mejor que cada cual saque
sus propias conclusiones.
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