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SOCIEDAD
Crónica de un verano más
Miriam Leiva
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- ¿Quién se explica que un pueblo
con rico pensamiento político y social,
tradiciones culturales y sociales, laborioso y
emprendedor, haya caído en la más
profunda abulia?
Duele mucho caminar por cualquier pueblo o ciudad,
y ver las caras tensas de seres enjutos de todas
las edades, agobiados por la espera; esa desidia
que adormece los sentidos y torna a las personas
dóciles y sin aspiraciones. Cuando la indolencia
resulta absurda, surgen exabruptos, con incomprensibles
discusiones, y hasta algún golpe, pero
los contendientes tienen que calmarse, ya sea
por la presión de vecinos o la presencia
de cierto agente del orden público.
Este verano jóvenes y niños deambulan
por las cuadras. Los mayores juegan dominó;
quizás hacen pequeñas apuestas y
hasta beben ron. Pero casi ninguno echa mano a
un buen libro ni frecuenta un teatro. Eventualmente
pondrán la música tan alta como
permita su equipo.
Los más pequeños corren en riadas
por los pasillos entre los edificios y casas,
para "deleite" de los oídos y
nervios de los moradores. Pocos son los llevados
al zoológico, al acuario y al teatro guiñol.
Ni grandes ni chicos van a la playa o al río,
pues el transporte; perdón, eso que debería
transportar, apenas existe en Cuba. Tampoco hay
hoteles disponibles para los nacionales, aún
cuando pudieran pagarlo en divisas. Algún
campismo resulta imposible, pues existen muy pocas
capacidades, y muchos están destruidos
por los ciclones recientes.
Ni a padres ni a hijos se les ocurriría
pensar en ponerse delante de un video o una computadora,
menos conectarse a Internet. La mayoría
de los cubanos no puede imaginarse frente a tales
objetos nocivos, transmisores de ideología,
noticias y costumbres deformantes. (No crean los
malpensados que el gobierno lo dificulta porque
la información es poder, ni se pregunte
para qué se imparten clases de computación
en las escuelas). Mucho menos pueden encender
el televisor para escoger "los canales",
como se dice en Cuba a las imágenes llegadas
a través de parábolas clandestinas
para las transmisiones vía satélite,
aunque siempre existe algún "desviado"
que logra acceso.
Claro, podrán sentirse felices con la
programación de verano en la tele, bastante
extensa este año de tantas penurias y dificultades
(bien cargada de propaganda aleccionadora), si
no tienen apagones y no es interrumpida durante
eternas jornadas por algún acontecimiento
político de la mayor trascendencia para
Cuba y, por tanto, para todo el planeta.
Existen esas opciones, a menos que se haya tenido
la suerte de contraer el virus que afecta a los
cubanos desde el comienzo del calurosísimo
verano. Entonces sí que las pocas fuerzas
sólo alcanzarán para tomar una pastilla
contra los dolores y la fiebre, a condición
de haberla podido conseguir en la farmacia, para
donde el médico del Consultorio de la Familia
puede darle receta. Lo más probable es
que termine frente a alguna mata silvestre de
romerillo, que dicen sirve para aliviar y curar
casi todo.
Tendrá que hacerse una sopa de cuadritos.
No podrá esperar que llegue el pedazo de
pollo que venden por la Libreta de Racionamiento
para prepararse el espeso caldo que las abuelas
siempre han dicho acaba con la gripe y sus similares.
Este agosto ni el poco pescado que "toca"
se ha dejado capturar.
Nada, hay que resignarse. Eso se oye mucho en
todas partes. Pero, por qué y para qué.
En realidad, esta sociedad, otrora vigorosa y
entusiasta, bien podría trabajar y recoger
los frutos. Lamentablemente, la creatividad y
la iniciativa no tienen cabida en un país
donde nadie aporta ideas acertadas. Posiblemente
las hubo en épocas muy lejanas, mas hace
decenios han ido de paseo fuera del Archipiélago.
Quien ose expresar esas "tonterías",
tiene garantizado un viaje directo a la cárcel
o, en el mejor de los casos, el extranjero. También
pudiera ser agraciado con un mítin de repudio
de las "enardecidas" masas; por supuesto,
arriadas por agentes del gobierno.
En fin, que aún no me explico cómo
Gabriel García Márquez no ha escogido
Cuba para una novela. Indudablemente tiene demasiado
material que discriminar, pero podría hacer
una versión superior a Cien Años
de Soledad.
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