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HISTORIA
Barbas
y cachuchas
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
Fidel Castro nunca tomó en serio a José
Figueres. Nunca lo calculó. Error. No supo
que un día precisaría de sus servicios.
No imaginó que, por motivos distintos y
salvando las distancias, estarían un día
en el mismo lado de la barrera. Le pudo haber
servido aún mejor.
De saberlo, hubiera evitado el enojoso incidente
en que lo ridiculizó en público
endilgándole el mote de Pepe Cachucha.
Para que interrumpiera su discurso, azuzó
contra él al líder sindical y futuro
preso político y desterrado David Salvador.
Ocurrió en 1959, a pocos meses del triunfo
revolucionario, durante una multitudinaria concentración
en el Prado habanero. El presidente costarricense
estaba sentado en la tribuna, a la izquierda del
jefe de la revolución cubana.
Tratar de explicar el modo costarricense de hacer
una revolución socialdemócrata,
anticomunista, sin ejército, tocados con
feos gorros y con los norteamericanos como "buenos
aliados" fue el pecado que le costó
los micrófonos, la humillación y
la ira del Comandante.
¿Cómo iba a perdonar el Comandante
que un Pepe, por muy Figueres que fuera, homologara
su revolución de melón verdeolivo,
siquitrilladora y barbuda con la revuelta de las
cachuchas, reformista y pequeño burguesa?
¡Jamás!
El intempestivo choque frontal con Figueres,
junto al casi pugilístico encontronazo
con el embajador español Lojendio, ambos
ante las cámaras de la televisión,
fueron resultado de los ímpetus juveniles
del entonces flamante campeón de la Sierra
Maestra.
Así lo reconoció el propio Comandante
en un mensaje a Figueres a fines de los 70. El
gobierno cubano necesitaba desesperadamente su
colaboración para lanzar la ofensiva sandinista
final contra el régimen de Somoza en la
vecina Nicaragua.
En Figueres pesó más el rencor
contra los Somoza que el mal rato que le había
hecho pasar Fidel Castro 18 años atrás.
Era su oportunidad de cobrarle a Somoza la cuenta
por la guerra chapucera de 1955, apoyada por los
norteamericanos, "buenos aliados" de
ambos. De paso, también mortificaría
a Jimmy Carter. O lo complacería, que con
los yanquis nunca se sabe.
Figueres cedió con entusiasmo a Cuba la
frontera tica con Nicaragua para el trasiego de
armamentos y hombres. Su gesto fue decisivo para
la victoria sandinista de julio de 1979.
En La Habana, desde el puesto de mando de la
Dirección General de Operaciones Especiales,
Fidel Castro pudo dirigir la primera guerra por
control remoto en América Latina.
Figueres le cobró al Comandante pasándole
la papa caliente de Robert Vesco. Ya le había
sacado al estafador y narcotraficante dos millones
de dólares por salvarlo de la justicia
estadounidense. En 1972 había aprobado
una ley para impedir su extradición de
Costa Rica a Estados Unidos.
No podía hacer más por Vesco. Que
Fidel Castro se las arreglara con él. No
le importó que su destino final, luego
de Cayo Largo, fueran las prisiones cubanas.
Lo que ignoraba el Comandante fue que Figueres,
durante su presidencia de 1970 a 1974 también
había recibido sustanciales sumas de dinero
nada menos que de la KGB. Sabrá Dios a
cuenta de qué favores. Pudo ser una suerte
de pago adelantado y premonitorio por el derrocamiento
de Somoza y otros favores.
Un largo camino recorrió Pepe Figueres
desde sus tiempos de idealista revolucionario,
honesto y demócrata, hasta protector de
mafiosos y agente del Kremlin. Un camino tan largo
y torcido que da lástima por él.
De cualquier modo, tuvo sus méritos. Sin
excederse con los tiros dio a Costa Rica la más
sólida democracia de América Latina,
con ejército abolido, prosperidad económica
y justicia social.
Pero esos méritos no cuentan para el Comandante.
Sigue negado a admitirlo, ni siquiera de manera
póstuma en las filas de los líderes
de auténticas revoluciones.
Al recordar a Figueres, pese a los favores, repite
con enfado casi infantil de engañado: Lo
que dije, ¡dicho está! ¡Cachucha
y bien, vaya!
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