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Contra
toda esperanza en Cuba como en España
Federico Jiménez Losantos,
El
Nuevo Herald, 18 de octubre de 2005.
El Partido Popular (PP), bien representado por
Eduardo Zaplana, ha hecho lo único que
un político liberal y una persona decente
puede hacer contra el régimen castrista:
combatirlo. Y hacerlo respaldando a quienes desde
hace cuarenta y seis años siguen empeñando
su vida y perdiéndola a chorros en las
cárceles y los destierros interiores de
esa inmensa mazmorra varada en el Caribe que es
el régimen del iberosaurio maldito. El
PP salva así el maltrecho honor de España,
que de la mano de Rodríguez Zapatero y
José Bono, con las más altas complicidades
institucionales, han querido lamer las botas manchadas
de sangre del monstruo de Birán al invitar
a sus gorilas a desfilar en la Castellana, honor
que han despreciado. En su lugar, hollaron el
paseo las tropas del Gorila Rojo venezolano, su
socio. Tampoco Zapatero pudo contar con la presencia
del sanguinario dictador cubano, el más
longevo del mundo, en Salamanca.
Que la patria y cárcel de Fray Luis fuera
a hospedar al carcelero del poeta Raúl
Rivero era una forma de continuidad en la iniquidad.
Pero siempre ha existido y existirá el
mal en el mundo. La cuestión es si se está
dispuesto a luchar contra él.
Nadie ha demostrado más y mejor que los
disidentes del comunismo esa lucha ''contra toda
esperanza'', por usar el título del famoso
libro de Armando Valladares. Y más vale
que nos acostumbremos a la compañía
y al ejemplo de los disidentes cubanos, los únicos
cubanos que de verdad representan a su nación
y no a un régimen criminal, porque en España
nos enfrentamos a una situación similar
en este proceso político socialista y revolucionario
que se abrió entre el 11 y el 13 de marzo,
se asentó el 14 de marzo y padece ahora
con el Estatuto de Cataluña un asalto mortal
a la nación más antigua de Europa.
No pocos son --somos-- pesimistas sobre el desenlace
de ese reto político que no es el de los
separatistas catalanes a España, sino la
traición del Presidente del Gobierno de
España a la nación que representa
y juró defender. Y no pocos dicen que es
absurdo dar batallas que no se pueden ganar.
Eso sí que no. La dignidad, el respeto
a sí mismos y a la libertad ha empujado
y empuja a los disidentes cubanos a enfrentarse
con el régimen de Castro contra toda esperanza,
salvo una: vivir de acuerdo con su conciencia
y defender lo que consideran legítimo para
el futuro de la patria. En España, los
liberales afrontamos la misma situación
ante el desmembramiento artero y la turbia almoneda
de nuestra nación, que se hunde con nuestras
libertades. Y también nosotros debemos
enfrentarnos al Leviatán del Carmelo, al
Monstruo del Tinell, a ese Estatuto dictatorial
que llevaría a Cataluña de la brida
y por la senda venezolana hasta desembocar en
la ciénaga del castrismo. Pero si, contra
toda esperanza, los cubanos defienden su libertad
y su nación; los españoles debemos
hacer lo mismo.
La libertad no es un negocio ni tampoco una apuesta:
es una moral cívica a la que no se puede
renunciar sin abdicar de la dignidad personal.
Mal, muy mal estamos en España y mucho
peor vamos a estar, pero tomemos ejemplo de los
hermanos de Cuba. Nosotros afirmamos el pasado
12 de Octubre que sólo creemos en la Hispanidad
de la Libertad. La hedionda vida encerrada de
la especie de la vista baja, quede para los puercos.
Periodista y escritor. Editor del diario español
'Libertad Digital'.
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