PRENSA INDEPENDIENTE
Octubre 17, 2005
 

SOCIEDAD
Al pasar los años

Rafael Ferro Salas, Abdala Press

PINAR DEL RIO, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - A veces salgo a caminar esta ciudad. La ciudad donde pasé mi infancia. Las mismas calles que ahora me ven más viejo. Ahora camino solo. Antes lo hacía de la mano de mi abuela que hoy no vive.

Allí sigue la misma esquina. Recuerdo la cafetería. Sus estantes estaban repletos de golosinas de todo tipo. Antes la cafetería se llamaba "El Trópico Bar". Un señor calvo y gordo era el dependiente. Mi abuela me compraba allí todo tipo de dulces.

Después del año cincuenta y nueve, esa cafetería tampoco fue ya la misma. Lo primero que hicieron fue cambiarle el nombre por el de "Venceremos". La realidad es que hubo una gran derrota para la esquina, la cafetería y para todos nosotros.

Ahora es un sitio donde se reúnen los viejos y los borrachos habituales. Ahora en la vieja cafetería las ofertas son pocas. De vez en cuando hay a la venta un pan con algún producto desconocido. Para el sediento, el ofrecimiento es un refresco mal preparado y caliente, parecido a una infusión para curar males del cuerpo.

A veces le miro las paredes y parecen estar llorando por los tiempos que se fueron. Casi todos los cristales de sus ventanales están rotos y ausentes. Sus dos puertas son de entrada y de salida, no se sigue el orden que había antes; es que hoy nada está en orden... sólo los recuerdos que se van y vienen en la bruma de la nostalgia.

Hoy mi ciudad tiene muchos sitios tristes. La calle principal enseña unas tiendas a las que no puede ir todo el mundo. En ellas se venden artículos de todo tipo, pero el cliente tiene que llevar en sus bolsillos dinero extranjero; allí no vale la moneda nacional. Pocos tienen ese dinero en Cuba.

La calle principal es de una sola dirección. La transitan vehículos viejos; caminan como si fueran llevados al cementerio de carros, a paso triste y cansado. Creo que mi ciudad sería un buen sitio para filmar una película de épocas pasadas. Ha quedado detenida en el tiempo... fue obligada a eso. Con ella quedaron atrapadas sus gentes. Los más viejos son como navegantes con sed de vientos, solamente tienen un puerto para iniciar el viaje: la memoria.

Hoy salí a caminar la ciudad y me pareció que mi abuela me llevaba de la mano. Después me di cuenta que ya estoy un poco grande y me le fui soltando. Busqué las ofertas en los escaparates de mi cafetería favorita y sólo vi ausencias.

En la que era la puerta principal ya no existe el número del sitio; alguien lo borró, quizás fue el tiempo. Sólo nos han dejado un cincuenta y nueve obligado en el recuerdo.


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