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SOCIEDAD
¿Dónde están los responsables?
Adrián Leiva
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
Arribar a la tercera edad pudiera ser un motivo
de satisfacción para la mayoría
de las personas, pues ello es indicativo de que
han vivido una larga existencia. Pero llegados
a esa etapa de la vida muchos no tienen el privilegio
de vivirla en compañía de sus familiares,
rodeados en un ambiente de calor hogareño,
lo que la torna una etapa triste.
En Cuba la jubilación se establece a la
edad de sesenta años en los hombres y cincuenta
y cinco en el caso de las mujeres. Esto hace que
muchos de los jubilados conserven una fortaleza
física y salud que les permiten desarrollar
otras actividades, relacionadas básicamente
con las labores hogareñas o en la comunidad
donde viven. De esta forma continúan cumpliendo
un rol social necesario para el sostenimiento
del núcleo familiar, que en muchos casos
se hace imprescindible, ganándose el respeto
y la consideración de quienes les conocen.
No es éste el caso de "la loca".
Ella no ha tenido el privilegio ni siquiera de
ese respeto que merecen sus canas y es llamada
peyorativamente así por los vecinos del
barrio donde vive.
La anciana mujer perdió sus facultades
mentales hace mucho tiempo. Sale vestida con harapos
que recuerdan la etapa final del Caballero de
Paris, cargando con cuanta basura encuentra a
su paso y que envasa en jabas de nylon. Algunas
personas llenas de caridad le ofrecen algo de
comer, que ocasionalmente ella acepta. Luego continúa
su paso lento y hablando consigo misma sin ofender
a nadie. Paradójicamente ningún
muchacho se burla de sus manías ni le grita
palabras de burla. Llegada la noche duerme en
el portal de alguna bodega que se encuentra en
el camino o en los bancos de algún parque.
Los que la conocen, sin excepción, manifiestan
su lástima por esa señora carente
de amparo filial y que aparentemente goza de salud
en su cuerpo.
La loca es una de las tantas mujeres que han
arribado a la tercera edad sin otras dolencias
que la pérdida de la razón. La Constitución
cubana garantiza a los ciudadanos en esa situación
el derecho de recibir atención estatal.
El país cuenta con instalaciones de salud
mental donde son ubicadas las personas con este
tipo de padecimientos. Pero lamentablemente las
autoridades del Poder Popular del Cerro, encargadas
de solucionar este caso, permanecen impasibles.
No es ésta la única situación
que se aprecia en La Habana de personas viviendo
a la intemperie y en plena vía pública.
Pero contrasta que existan cubanos sumergidos
en esa problemática mientras se le brinda
atención médica gratuita a extranjeros
en condiciones favorables, a las que no tienen
acceso los nacionales como la anciana demente.
Mientras tanto, la mujer vaga ajena a estos acontecimientos
del mundo, y sumergida en su mundo de fantasías
no tiene noción de la vida indigente que
arrastra a su paso por diferentes calles en su
diario peregrinar. Hablando con personas imaginarias
que pueblan su mente, nos sonríe de manera
indescifrable como mostrando cierta complicidad.
Como ni ella misma puede decir en qué momento
perdió su nombre propio, la gente continúa
llamándole "La Loca".
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