PRENSA INDEPENDIENTE
Octubre 13, 2005
 

SOCIEDAD
¿Dónde están los responsables?

Adrián Leiva

LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - Arribar a la tercera edad pudiera ser un motivo de satisfacción para la mayoría de las personas, pues ello es indicativo de que han vivido una larga existencia. Pero llegados a esa etapa de la vida muchos no tienen el privilegio de vivirla en compañía de sus familiares, rodeados en un ambiente de calor hogareño, lo que la torna una etapa triste.

En Cuba la jubilación se establece a la edad de sesenta años en los hombres y cincuenta y cinco en el caso de las mujeres. Esto hace que muchos de los jubilados conserven una fortaleza física y salud que les permiten desarrollar otras actividades, relacionadas básicamente con las labores hogareñas o en la comunidad donde viven. De esta forma continúan cumpliendo un rol social necesario para el sostenimiento del núcleo familiar, que en muchos casos se hace imprescindible, ganándose el respeto y la consideración de quienes les conocen.

No es éste el caso de "la loca". Ella no ha tenido el privilegio ni siquiera de ese respeto que merecen sus canas y es llamada peyorativamente así por los vecinos del barrio donde vive.

La anciana mujer perdió sus facultades mentales hace mucho tiempo. Sale vestida con harapos que recuerdan la etapa final del Caballero de Paris, cargando con cuanta basura encuentra a su paso y que envasa en jabas de nylon. Algunas personas llenas de caridad le ofrecen algo de comer, que ocasionalmente ella acepta. Luego continúa su paso lento y hablando consigo misma sin ofender a nadie. Paradójicamente ningún muchacho se burla de sus manías ni le grita palabras de burla. Llegada la noche duerme en el portal de alguna bodega que se encuentra en el camino o en los bancos de algún parque. Los que la conocen, sin excepción, manifiestan su lástima por esa señora carente de amparo filial y que aparentemente goza de salud en su cuerpo.

La loca es una de las tantas mujeres que han arribado a la tercera edad sin otras dolencias que la pérdida de la razón. La Constitución cubana garantiza a los ciudadanos en esa situación el derecho de recibir atención estatal. El país cuenta con instalaciones de salud mental donde son ubicadas las personas con este tipo de padecimientos. Pero lamentablemente las autoridades del Poder Popular del Cerro, encargadas de solucionar este caso, permanecen impasibles. No es ésta la única situación que se aprecia en La Habana de personas viviendo a la intemperie y en plena vía pública. Pero contrasta que existan cubanos sumergidos en esa problemática mientras se le brinda atención médica gratuita a extranjeros en condiciones favorables, a las que no tienen acceso los nacionales como la anciana demente.

Mientras tanto, la mujer vaga ajena a estos acontecimientos del mundo, y sumergida en su mundo de fantasías no tiene noción de la vida indigente que arrastra a su paso por diferentes calles en su diario peregrinar. Hablando con personas imaginarias que pueblan su mente, nos sonríe de manera indescifrable como mostrando cierta complicidad. Como ni ella misma puede decir en qué momento perdió su nombre propio, la gente continúa llamándole "La Loca".


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