PRENSA INDEPENDIENTE
Octubre 12, 2005
 

ECONOMIA
Cuba en los Objetivos y Metas del Milenio (V)

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - La problemática alimentaria cubana abarca, además de las magras disponibilidades de comestibles, una distribución con crecientes desigualdades, como una de las consecuencias de las diferencias sociales en aumento.

Antes del inicio del llamado Período Especial, el racionamiento por lo menos garantizaba el mínimo vital de alimentos a precios razonables, aplicados también a algunos productos liberados del sistema. A partir de 1990 la situación cambió radicalmente. Los productos liberados ofertados a precios razonables desaparecieron del mercado, y varios artículos incluidos enlas cuotas racionadas fueron eliminados, entre ellos la leche condensada, la carne de res, viandas y hortalizas (excepto la papa), el puré de tomate y los condimentos. Otros, como las grasas y aceites comestibles, fueron reducidos de 32 onzas mensuales por persona a ocho onzas, y en algunos años ni siquiera eso.

El azúcar, el producto nacional por excelencia, sufrió una reducción de seis libras al mes a cinco libras desde septiembre de 2001. Como sucedáneos han aparecido, y a veces desaparecido, las cuotas en onzas de picadillo condimentado (picadillo de soya), el café mezclado con chícharo molido y otras materias (1), el fricandel -una especie de masa cárnica confeccionada con subproductos- el lactosoy -cereal a base de soya- para las personas mayores de 65 años, a razón de un kilogramo mensual cuando existen disponibilidades, así como otros singulares inventos con no menos ingeniosos nombres.

Estos cambios y reducciones en la venta de los alimentos racionados, a precios ahora no tan racionales, han traído como consecuencia que aproximadamente sólo la mitad del consumo de calorías per cápita pueda garantizarse mediante el racionamiento (Segundo Informe del gobierno cubano sobre el Cumplimiento de los ODM).

En estas circunstancias, los ciudadanos tienen que cubrir sus necesidades de comestibles en el mercado a precios exageradamente altos, distantes en forma absoluta de los salarios y pensiones (ver Artículo II), y adquirir muchos de ellos obligadamente en tiendas que únicamente venden en moneda convertible o en mercados -incluido el negro- donde la formación de los precios en moneda nacional está dada por la escasez de los artículos, la desproporcionada liquidez de pesos en circulación, las arbitrarias cotizaciones de las mercancías ofertadas en las tiendas por divisas y la absurda segmentación comercial existente.

Situaciones críticas con los alimentos abundan. La leche de vada racionada sólo se vende a los niños hasta que cumplen los siete años de edad. Posteriormente se les vende litros de yogour de soya hasta cumplir 14 años, según las disponibilidades. Si los padres desean darle leche a sus hijos deberán comprarla en las tiendas por divisas, a razón de 7.19 dólares (144 pesos cubanos) el kilogramo de leche en polvo de producción nacional. Puede hallarse más barata en el mercado negro, cuando se encuentra, a 2.60 dólares (52 pesos) el kilogramo, pero sin garantías de higiene, pureza y peso correcto.

Para los cárnicos, pescado y huevos, esenciales aportadores de proteínas y calorías de origen animal a la dieta del cubano, la situación es bien complicada. En la ciudad de La Habana, donde las cuotas (2) son más abundantes y relativamente variadas, se reciben mensualmente por persona ocho onzas de picadillo condimentado (mezclado con soya), 16 onzas de pollo troceado (muslo), 16 onzas de pescado con cabeza u 11 onzas sin cabeza y desviscerado, y ocho huevos (en determinadas épocas seis o menos).

Así, solamente pueden enfrentar estos retos las personas que tienen ingresos en divisas por recibir remesas del extranjero, tener vínculos con extranjeros (por trabajar en turismo, empresas mixtas o servidumbre), iniciativas empresariales (muchas veces ilegales en un país donde casi todo está prohibido) o trabajar en sectores estratégicos, por ser personal de confianza, donde además del salario básico se recibe un plus que por lo regular está en el entorno de 20 a 30 dólares si se cumplen estrictos condicionamientos laborales.

Como consecuencia, la inmensa mayoría de los cubanos no tienen ingresos en divisas o las reciben en insignificantes proporciones e irregularmente. La ciudad de La Habana y Varadero son, en términos relativos, zonas especiales por recibir más turistas y estar establecidas en la capital las empresas mixtas, embajadas, representaciones comerciales y agencias de prensa extranjera.

Hoy, la mayoría de la población negra y mulata sufre una situación económica altamente desventajosa, por no contar con familiares en el exterior. Según datos de economistas de Estados Unidos, sólo el 15% del total de cubanos residentes allí son negros y mulatos, lo cual explica el menor acceso a las divisas, una gran desventaja para sobrevivir en la sociedad cubana.

Estos problemas no sólo afectan la adquisición de alimentos por la mayor parte de la población, y establecen una distribución diferenciada e injusta, sino también están presentes con mayor fuerza en cuanto al acceso a la ropa, el calzado, artículos de higiene personal, productos de limpieza y una larga lista de bienes indispensables para la vida de un ser humano.

Además de los factores señalados, en las cifras de ingestión de nutrientes per cápita diarios -carbohidratos, proteínas y grasas comestibles- a partir de 1990 aparece un nuevo elemento que hay que tener en consideración en el análisis del consumo de alimentos en Cuba: el turismo.

En 1989 la entrada de visitantes extranjeros estuvo alrededor de 300 mil, mientras en 2000 fue de 1.8 millones, y en 2004 superó los dos millones. Esta cantidad de turistas, por su magnitud y capacidad de consumo de alimentos muy superior a las mermadas posibilidades de la mayoría de los cubanos, resulta un factor que distorsiona y oscurece los indicadores brindados por el gobierno.

Los datos aportados oficialmente en el Segundo Informe sobre el cumplimiento de los ODM acerca de la disponibilidad per cápita diaria de calorías en Cuba señalan 3,007 kilocalorías para el período 1999-2001, en contraposición con las 2,585 kilocalorías indicadas por el señor José Luis Rodríguez, ministro de Economía y Planificación, en el Informe a la Asamblea Nacional sobre la Situación de la Economía Cubana en 2000 (Granma, diciembre 2000), lo que contribuye aún más a la confusión sobre el verdadero estado de la alimentación en la mayor de las Antillas.

En un próximo artículo continuaremos examinando este tema.

1) A partir del tercer trimestre de 2005 comenzó a suministrarse cuatro onzas mensuales de café puro por persona a cinco pesos el paquete, en sustitución del café mezclado, que era vendido a razón de dos onzas por persona cada diez días a diez centavos.

2) Estas cuotas en ocasiones no se cumplen por carencia de disponibilidad. Al mismo tiempo, hay que señalar que para celebrar conmemoraciones "revolucionarias" (1 de enero, 1 de mayo, 26 de julio y otras) se vendían cuotas adicionales a las establecidas, práctica que ha ido desapareciendo paulatinamente.


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