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ECONOMIA
Cuba
en los Objetivos y Metas del Milenio (V)
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
La problemática alimentaria cubana abarca,
además de las magras disponibilidades de
comestibles, una distribución con crecientes
desigualdades, como una de las consecuencias de
las diferencias sociales en aumento.
Antes del inicio del llamado Período Especial,
el racionamiento por lo menos garantizaba el mínimo
vital de alimentos a precios razonables, aplicados
también a algunos productos liberados del
sistema. A partir de 1990 la situación
cambió radicalmente. Los productos liberados
ofertados a precios razonables desaparecieron
del mercado, y varios artículos incluidos
enlas cuotas racionadas fueron eliminados, entre
ellos la leche condensada, la carne de res, viandas
y hortalizas (excepto la papa), el puré
de tomate y los condimentos. Otros, como las grasas
y aceites comestibles, fueron reducidos de 32
onzas mensuales por persona a ocho onzas, y en
algunos años ni siquiera eso.
El azúcar, el producto nacional por excelencia,
sufrió una reducción de seis libras
al mes a cinco libras desde septiembre de 2001.
Como sucedáneos han aparecido, y a veces
desaparecido, las cuotas en onzas de picadillo
condimentado (picadillo de soya), el café
mezclado con chícharo molido y otras materias
(1), el fricandel -una especie de masa cárnica
confeccionada con subproductos- el lactosoy -cereal
a base de soya- para las personas mayores de 65
años, a razón de un kilogramo mensual
cuando existen disponibilidades, así como
otros singulares inventos con no menos ingeniosos
nombres.
Estos cambios y reducciones en la venta de los
alimentos racionados, a precios ahora no tan racionales,
han traído como consecuencia que aproximadamente
sólo la mitad del consumo de calorías
per cápita pueda garantizarse mediante
el racionamiento (Segundo Informe del gobierno
cubano sobre el Cumplimiento de los ODM).
En estas circunstancias, los ciudadanos tienen
que cubrir sus necesidades de comestibles en el
mercado a precios exageradamente altos, distantes
en forma absoluta de los salarios y pensiones
(ver Artículo II), y adquirir muchos de
ellos obligadamente en tiendas que únicamente
venden en moneda convertible o en mercados -incluido
el negro- donde la formación de los precios
en moneda nacional está dada por la escasez
de los artículos, la desproporcionada liquidez
de pesos en circulación, las arbitrarias
cotizaciones de las mercancías ofertadas
en las tiendas por divisas y la absurda segmentación
comercial existente.
Situaciones críticas con los alimentos
abundan. La leche de vada racionada sólo
se vende a los niños hasta que cumplen
los siete años de edad. Posteriormente
se les vende litros de yogour de soya hasta cumplir
14 años, según las disponibilidades.
Si los padres desean darle leche a sus hijos deberán
comprarla en las tiendas por divisas, a razón
de 7.19 dólares (144 pesos cubanos) el
kilogramo de leche en polvo de producción
nacional. Puede hallarse más barata en
el mercado negro, cuando se encuentra, a 2.60
dólares (52 pesos) el kilogramo, pero sin
garantías de higiene, pureza y peso correcto.
Para los cárnicos, pescado y huevos, esenciales
aportadores de proteínas y calorías
de origen animal a la dieta del cubano, la situación
es bien complicada. En la ciudad de La Habana,
donde las cuotas (2) son más abundantes
y relativamente variadas, se reciben mensualmente
por persona ocho onzas de picadillo condimentado
(mezclado con soya), 16 onzas de pollo troceado
(muslo), 16 onzas de pescado con cabeza u 11 onzas
sin cabeza y desviscerado, y ocho huevos (en determinadas
épocas seis o menos).
Así, solamente pueden enfrentar estos
retos las personas que tienen ingresos en divisas
por recibir remesas del extranjero, tener vínculos
con extranjeros (por trabajar en turismo, empresas
mixtas o servidumbre), iniciativas empresariales
(muchas veces ilegales en un país donde
casi todo está prohibido) o trabajar en
sectores estratégicos, por ser personal
de confianza, donde además del salario
básico se recibe un plus que por lo regular
está en el entorno de 20 a 30 dólares
si se cumplen estrictos condicionamientos laborales.
Como consecuencia, la inmensa mayoría
de los cubanos no tienen ingresos en divisas o
las reciben en insignificantes proporciones e
irregularmente. La ciudad de La Habana y Varadero
son, en términos relativos, zonas especiales
por recibir más turistas y estar establecidas
en la capital las empresas mixtas, embajadas,
representaciones comerciales y agencias de prensa
extranjera.
Hoy, la mayoría de la población
negra y mulata sufre una situación económica
altamente desventajosa, por no contar con familiares
en el exterior. Según datos de economistas
de Estados Unidos, sólo el 15% del total
de cubanos residentes allí son negros y
mulatos, lo cual explica el menor acceso a las
divisas, una gran desventaja para sobrevivir en
la sociedad cubana.
Estos problemas no sólo afectan la adquisición
de alimentos por la mayor parte de la población,
y establecen una distribución diferenciada
e injusta, sino también están presentes
con mayor fuerza en cuanto al acceso a la ropa,
el calzado, artículos de higiene personal,
productos de limpieza y una larga lista de bienes
indispensables para la vida de un ser humano.
Además de los factores señalados,
en las cifras de ingestión de nutrientes
per cápita diarios -carbohidratos, proteínas
y grasas comestibles- a partir de 1990 aparece
un nuevo elemento que hay que tener en consideración
en el análisis del consumo de alimentos
en Cuba: el turismo.
En 1989 la entrada de visitantes extranjeros
estuvo alrededor de 300 mil, mientras en 2000
fue de 1.8 millones, y en 2004 superó los
dos millones. Esta cantidad de turistas, por su
magnitud y capacidad de consumo de alimentos muy
superior a las mermadas posibilidades de la mayoría
de los cubanos, resulta un factor que distorsiona
y oscurece los indicadores brindados por el gobierno.
Los datos aportados oficialmente en el Segundo
Informe sobre el cumplimiento de los ODM acerca
de la disponibilidad per cápita diaria
de calorías en Cuba señalan 3,007
kilocalorías para el período 1999-2001,
en contraposición con las 2,585 kilocalorías
indicadas por el señor José Luis
Rodríguez, ministro de Economía
y Planificación, en el Informe a la Asamblea
Nacional sobre la Situación de la Economía
Cubana en 2000 (Granma, diciembre 2000), lo que
contribuye aún más a la confusión
sobre el verdadero estado de la alimentación
en la mayor de las Antillas.
En un próximo artículo continuaremos
examinando este tema.
1) A partir del tercer trimestre de 2005 comenzó
a suministrarse cuatro onzas mensuales de café
puro por persona a cinco pesos el paquete, en
sustitución del café mezclado, que
era vendido a razón de dos onzas por persona
cada diez días a diez centavos.
2) Estas cuotas en ocasiones no se cumplen por
carencia de disponibilidad. Al mismo tiempo, hay
que señalar que para celebrar conmemoraciones
"revolucionarias" (1 de enero, 1 de
mayo, 26 de julio y otras) se vendían cuotas
adicionales a las establecidas, práctica
que ha ido desapareciendo paulatinamente.
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