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CULTURA
Diferente
y con mucha bomba
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
La Reina se fue. Nunca pudo volver. Pero Ochún
se encargó de que no nos quedáramos
sin son. Celia se lo pidió con fervor.
Sabía que la música nos ayudaría
a capear los malos tiempos. Sin llorar, que la
vida es un carnaval. Desde el cielo, risueña,
con su vestido rojo y sus zapatos de tacón,
nos guía los pasos del baile.
En tempos de destierros y prohibiciones, temieron
por la salud de la música cubana. Llegaron
a decir que el son se fue de Cuba. En realidad,
averió su brújula y se dividió
en dos. El que se fue y el que se quedó.
La música cubana es un árbol de
tronco duro que elude las calamidades. Está
abonado con tierra de poderes de África.
La mejor de las tierras contra las tristezas de
los destierros, las sequías inmemoriales,
los desplantes de los tiranos y los peores maleficios.
Crece arrollador aún sin libertad.
Un cocimiento de yerbas del monte, hervido con
palo vencedor, alivió de consignas, discursos
y amenazas de extinción. Los atenuó
la música sabrosa de Formel, Revé,
Adalberto, Pupy y el Tosco.
El son del encierro parió el tallo áspero,
procaz y espinoso de la timba. Es la música
dura de alegría falsa que le pusimos a
las penas más recientes. La banda sonora
del hambre y la desesperanza. El ritmo de las
fugas de balseros, las redadas policiales, la
chispa de tren y el humo de risas de la "hierba
de parque".
Las verdades feas que no logran silenciar las
caras bonitas y charangueras, las ropas sexy y
las caderas de las mulatas de ensoñación.
Celia no se podía conformar. No le bastó
estar con nosotros en cintas magnetofónicas
furtivas. Entonces, tras asegurar su trono, encargó
a sus socios, el Benny y Billie Holliday, que
cuidaran sus reales posesiones, y cual orisha
con varios caminos, bajó a la tierra a
buscar una cantante.
Regresó alegre y satisfecha. Al Bárbaro
del Ritmo, incrédulo, le mostró
la tierra colorada en sus tacones, como prueba
fehaciente de que había estado en Cuba.
Le contó que visitó la tumba de
su madre y anduvo por Lawton y Santos Suárez.
Que en su viaje a Oriente pasó por Santa
Isabel de las Lajas. Cuando el Benny iba a ponerse
sentimental le anunció que había
hallado la cantante que buscaba.
Se llama Haila. Nació en Las Tunas, tiene
30 años y se apellida Monpié. Lleva
el pelo muy corto, sus ojos son pícaros
y canta como
Haila.
La Reina le dio poderes para cantar sola. Habana
Son, Bamboleo y Azúcar Negra le quedaban
estrechos.
Sin Celia no habría Haila. Agradecida,
le pagó con el disco Tributo a Celia Cruz.
Reventando de amor por la Reina proscrita, la
ayudaron Isaac, Ceruto, Chanquito y algunos de
los mejores nombres de la música bailable.
A Celia le pareció perfecto. Agradecida
y porque cantaba con todo el corazón, la
premió con más aché.
Expresiva, espontánea y con mucha bomba,
Haila no es la nueva Celia Cruz. No pretende serlo
ni soñando. Se conforma con ser Haila.
Lo repite a cada rato. Diferente, original y sin
copia.
Si no lo creen, oigan su modo de recrear Quimbara,
de Celia; Qué te pedí, de la Lupe;
o 20 años, de María Teresa Vera.
O mejor aún, su versión de Freddy.
La prefiero así. Cantando a media voz.
Sin esfuerzos. A capella, fraseando hasta el delirio
con el instrumento caprichoso y mágico
de su voz. Como las grandes del jazz. Trayéndonos
del olvido las noches habaneras con sabor a Bacardí
y olor a Palmolive que pretendían habernos
quitado.
Desde una mesa del Club 21, Cabrera Infante y
su alter ego, Silvestre, levantan los pulgares
al techo. Brindan con ellos Cué, Códac
y Eribó con sus baquetas.
En su descarga celestial, Elena, el ciego Arsenio,
La Lupe, Chapotín, La Mora y Cuní
están de plácemes
En sus tronos, sus majestades Celia y Benny,
los monarcas absolutos de la música cubana
ríen complacidos.
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