|
RELIGION
Contra viento y marea
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
Lo conocí en 1995. Ya era un marginado.
Un pastor borrado de la Convención Bautista
de Cuba (Oriental) por su rechazo a las políticas
del gobierno, adscritas a la fuerza y a la destrucción
ética y moral de la sociedad.
Había desobedecido las recomendaciones
de sus superiores, que lo instaban a mantener
un bajo perfil en sus planteamientos alusivos
al régimen.
No pudo callar. La voluntad de servir al prójimo
no podía ser ajena a sus padecimientos,
muchos de ellos originados a partir de los excesos
de una ideología que elevaba el ateísmo
al máximo pedestal del estado.
Sólo Jesucristo le ha ayudado a pagar
el precio.
Obet Matos Rodríguez prefirió la
disensión, puso el Evangelio frente a los
manuales de un marxismo con apoyaturas criollas
y recibió para siempre la mirada hostíl,
la persecución, su número en la
lista negra.
En agosto último, la casa de cultos que
funcionaba en su domicilio fue clausurada. Una
voz hizo desaparecer las sillas, el púlpito,
las alegorías cristianas y a los feligreses
que convergían allí cada semana
para poner su espíritu bien cerca del mensaje
de salvación. El ultimátum llegó
en forma de sugerencia. Unos policías pusieron
en alto su eficacia con una orden de carácter
irrevocable.
Fue demasiado el atrevimiento, exorbitante la
trasgresión de este hombre, al no tragarse
las críticas, ni tan siquiera ponerle adornos
para no despertar la ira de los comisarios.
Su calvario comenzó desde su adolescencia,
allá por la década del 60 del siglo
precedente, cuando abrazar la doctrina de Cristo
representaba una práctica en extremo condenable.
Llovían recriminaciones, burlas, internamientos
en campos de concentración.
No pudo evadirse de las reprimendas en torno
a su filiación religiosa y a sus expresiones
contrarias a la entonces embrionaria dictadura.
Padeció en su natal Guantánamo,
en Santiago de Cuba, y ahora en la ciudad de La
Habana, el estigma del excluido, los castigos
por proyectar de manera independiente las enseñanzas
de la Biblia.
Definitivamente le han ahuyentado a su feligresía
con el filo de las calumnias, el ruido de las
advertencias, los asedios convertidos en rutina
y en actos de repudio.
Conoce a las turbas con su lenguaje amenazante
y los deseos de ajusticiarlo. El 22 de julio del
presente año pudo verlas frente a su domicilio
y escuchar sus voces clamar por su destrucción.
Era el odio envuelto en consignas contra él,
su esposa y sus dos hijas.
A pesar de todo persiste en su misión
evangelizadora y en denunciar lo que considera
un sistema político sin puntos de contacto
con el amor legítimo y distante de la indulgencia
para con los que discrepan, dentro de los límites
de la civilidad, del exclusivismo del Partido
Comunista.
Obet Matos es un hombre ligado a un presente
que no por difícil lo retrae de la esperanza
en alcanzar la reconciliación y la paz
entre todos los cubanos.
Del pasado recuerda las vicisitudes, la mezquindad
que anida en un número considerable de
seres humanos, la efervescencia de los atropellos.
Sin embargo, nada le nubla la razón a un
pastor que sueña con una iglesia rebosante
de fieles a salvo de temores, condicionados por
realidades que por su cotidianidad crean un ambiente
de recelos y crispaciones.
No se arrepiente de ser quien es, se define como
un cubano que se niega a adoptar el silencio ante
las flagrantes violaciones de los derechos humanos.
Es un guantanamero que las circunstancias depositaron
en La Habana por decir que Cristo lo faculta para
abogar por las víctimas de un régimen
burocrático-militar.
En eso persevera contra viento y marea.
|