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REPRESION
Todas son una y las mismas
Antonio Torres Justo, BISL
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
En las últimas semanas se observa en Cuba,
con repugnancia y lástima, cómo
el régimen reactiva el viejo método
de las turbas oficiales -con su inseparable sección
de chusma- contra la oposición interna
y sus actividades pro democracia.
En su largo ejercicio totalitario, el Sr. Castro
no ha dejado nunca de apoyarse en la grosera fórmula
de fuerza bruta y la intimidación. Es manifiesto
que para él es válida ésta
o cualquier otra práctica. Que no por demócrata,
y mucho menos martiano, se mantiene en el poder.
Es un muy viejo método el de utilizar
de las turbas. Lo emplearon contra Cristo los
jefes religiosos y políticos judíos,
cuando lo presentaron ante Pilatos, quien no encontraba
razón alguna para condenarlo, mientras
la aleccionada turba no dejaba de gritar: ¡Crucifícalo!,
¡Crucifícalo! Ya conocemos cómo
concluyó aquello. Pero las turbas no han
parado de gritar a través del tiempo. Lo
que cambia es el castigo exigido: ¡Empálalo!,
¡Quémalo!, ¡Ahórcalo!,
¡Fusílalo!, ¡Paredón!
Por naturaleza es lo mismo, y como gritaron ayer
podrían hacerlo también hoy.
Nuestra historia muestra ejemplos de la agresiva
actuación de las turbas oficiales: los
voluntarios en la etapa colonial; los porristas
en la dictadura de Machado; aquella misma pandilla
de los Tigres de Masferrer en el último
periodo de Batista y con el Sr. Castro los actos
de repudio y sus Brigadas de Respuesta Rápida.
Aunque conozco el caso de un evidente retraso,
cuando los sucesos de Cojímar, en que no
se hicieron presentes hasta que las tropas enviadas
no habían controlado la situación.
Particularidades aparte, el hecho es que todas
son una y la misma, con diferentes atuendos e
idéntica indignidad.
Las características que las igualan es
la terrible combinación de matonismo y
guapería barata elevados de tono por la
falta de temor a castigo alguno por sus actos.
El abuso de obra y de palabra y hasta el crimen
se magnifican como supremo deber patriótico
en estos reencarnados inquisidores. Al amparo
del Sr. Castro las turbas oficiales se aproximan
amenazadoramente al fratricidio, porque los cubanos
somos una sola nacionalidad, no pertenecemos a
tribus rivales, ni a etnias contrarias, ni la
raza o las creencias religiosas o las preferencias
políticas o las mismas simpatías
deportivas nos convirtieron, antaño, en
enemigos irreconciliables, ni dividieron y destruyeron
a las familias, ni estigmatizaron a nadie de gusano,
vendepatria, mercenario o traidor porque no pensara
igual que el gobierno. Y no dejaron de ser tiempos
de luces y sombras.
Una de las finalidades de la "Batalla de
Ideas" que anima al Sr. Castro, y que asombrosamente
vincula desde cubrir a algún milenario
bache en las calles de la Habana, hasta defender
a los cinco espías, es la de atemorizar
y silenciar a sus oponentes con esta mentalidad
de terrorismo de estado que son las turbas oficiales,
cuando no, encarcelarlos, ahí la Primavera
Negra de 2003 y sus 75 víctimas inocentes
y los casos siguientes.
Si repugna observar que existen quienes organizan
estas turbas, inmensa es la lástima que
produce contemplar la mezquindad moral de quienes
se prestan, obedientes, para esta sucia tarea,
de quienes exteriorizan rabia contra sus propios
hermanos, porque pacíficamente reclaman
los derechos que les han conculcado a todos los
cubanos por décadas.
En el caso del Sr. Castro y su régimen,
resultan acciones verdaderamente peligrosas para
víctimas y victimarios.
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