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SOCIEDAD
Los viajes de la India
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
La desesperación y la fe no andan muy distantes.
Ahora mismo "ser creyente" perdió
un tanto la connotación religiosa para
significar que un sujeto se cree cosas. Y una
de esas "cosas" en las que ha llegado
a creer una amiga, residente en el reparto Alamar,
al este de la capital cubana, es nada más
y nada menos que en el poder mágico de
la India, la de la fuente situada al final del
Paseo del Prado, entre Dragones y Monte.
Para una mejor comprensión del asunto,
déjeme explicarle que la Fuente de la India
o de la Noble Habana, representa alegóricamente
a la ciudad. Erigida en 1837 por auspicio y dineros
del Conde de Villanueva, es una obra esculpida
en mármol de Carrara por el italiano Giuseppe
Gaggini. Pero, india al fin, por estos confines
del mundo la fuente ha padecido múltiples
desplazamientos debido a los cambios urbanísticos
llevados a cabo en la ciudad.
Para que tengan ustedes una idea del "trajín"
de la India, la fuente fue ubicada primeramente
en la puerta este del antiguo Campo de Marte.
Luego, en 1841, la ubicaron al final de la segunda
sección de la Alameda del Prado (más
o menos por donde anda hoy). Por orden del ayuntamiento
capitalino, en 1863 la colocaron en el centro
del Parque Central, hasta 1875, cuando la reubicaron
en el Campo de Marte. En 1928, al construirse
en ese sitio el Parque de la Fraternidad, la pusieron
donde está hoy.
Y los hechos antiguos se relacionan con el presente
en la fe que Maty, mi amiga, tiene en la India,
porque según ella, cada vez que se para
en la calle junto a la India, enseguida encuentra
un vehículo que la regrese a su casa en
Alamar, la ciudad dormitorio construida en los
años 70 para tratar de aliviar la presión
de la escasez de viviendas en La Habana.
El grave problema del transporte público
en la capital cubana provoca serpenteantes filas
de pasajeros en las principales paradas. A causa
de la extensión de la ciudad es obligatorio
atravesar la capital en ocasiones, o diariamente
para ir al trabajo.
Y en una urbe con una población de más
de dos millones de habitantes, en la que la mayoría
de los residentes no poseen auto, son decenas
de miles de personas las que amanecen en la calle
para alcanzar su destino.
Así resulta que "el dale para allá
y para acá" de la India, además
de su trágico destino, encontró
hoy parangón en la desdicha de mi amiga
cada vez que sale del trabajo para regresar al
hogar.
Si en la cartera tiene más de veinte pesos
-el precio del viaje en auto- tratará de
montarse en un taxi particular. En caso contrario,
no le quedará otro remedio que luchar (lo
mío primero) por montarse en un camello
# 1 atestado de personas, cuando se detiene en
cualquier lugar por ese paraje.
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