|
SOCIEDAD
Arriba Ernesto. Abajo Fidel
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
La mala suerte puede encontrar su escondite en
los sitios más insospechados. Un nombre
de pila puede ser la piedra de toque que la desencadene.
Si ya anda suelta, usted tiene un problema. Para
Fidel Lorenzo García su nombre siempre
ha sido fuente pródiga de incidentes. Los
ha tenido de todo tipo y situación, regularmente
con funcionarios y personas sin sentido del humor.
Gente amargada sobra en la ciudad.
Fidel Lorenzo, Fidelito para sus amigos y para
casi todo el mundo, vive en Lawton. Graduado como
técnico medio en una disciplina económica
es, además, fotógrafo -muy bueno,
como dan fe sus fotos publicadas en Cubanet-,
manicero, vendedor de pirulís, tamalero,
y por encima de todo, alguien capaz de arreglar
cualquier cosa.
Luego de tratar de forma infructuosa de cambiar
o eliminar su primer nombre del Registro Civil,
se resignó a vivir con él. Afanado
en la lucha por la supervivencia, hay que lidiar
con circunstancias cotidianas a las que se debe
dar solución. Una de ellas fue la representada
por su vecino más cercano.
Ernesto vive en los altos de la casa de Fidel.
Es una persona muy sociable, quizás demasiado.
Por esta razón, Fidelito debió atender
constantemente a personas que llegaban y golpeaban
su puerta para preguntar por su popular vecino.
Una noche en que, agotado por la brega diaria,
se fue a la cama temprano, se desencadenó
el azar.
En medio de un sueño profundo y reparador
de dos horas, golpearon su puerta.
- ¿Ernesto está?
Fidelito respiró profundo, con los ojos
inyectados y alguna que otra legaña en
ellos. Hablando con la lengua enredada por el
sopor, respondió:
- Ernesto arriba.
La visitante agradeció la información
y subió. Fidelito volvió al lecho
y trató en vano de conciliar el sueño.
No pudo, estaba desvelado. Molesto, tomó
una determinación. Buscó una cartulina
y unas crayolas. Escribió: "Ernesto
arriba. Abajo Fidel". Contento con su obra,
fijó el cartel con una tachuela y volvió
a la cama en busca del sueño perdido.
Había encontrado la solución. Ya
no era molestado. Las visitas de su vecino llegaban
a su destino sin molestarle. Era casi feliz. Decimos
casi, porque la felicidad es efímera y
jamás completa. Una mañana, a una
semana de su atinada ocurrencia, sintió
toques violentos y conminatorios en su puerta.
Eran menos de las 6 de la mañana.
Dos policías uniformados y otro de civil
esperaban en el umbral.
- ¿Fidel Lorenzo García? -preguntaron
- Soy yo -respondió.
- Tiene que acompañarnos.
Esposado y escoltado por los policías
uniformados y el que vestía de civil, Fidel
Lorenzo fue conducido a la unidad policial de
Aguilera, en Lawton.
No hablaron con él. Le zambulleron en
uno de los calabozos. Al cabo de tres días
de suciedad y calor abrieron la reja y le condujeron
ante el sargento de carpeta. Fue entonces que
se produjo el diálogo que reproducimos
con la mayor fidelidad.
- Oye, ciudadano, tú no puedes estar poniendo
cartel contrarrevolucionario. Mucho meno en la
puerta de la calle. Eso´e propaganda enemiga.
- Mire, compañero...
- Pa uté, combatiente.
- Bueno, combatiente. El caso es que yo me llamo
Fidel y mi vecino, el de los altos se llama Ernesto.
- A mí no me importa eso, uté nome
va redar. Uté tiene que pagar una multa
de cien cuota de a peso, moneda nacional. Eto
e pol consideración a que uté no
tiene antecedente. Firme aquí y andando.
Mientras se alejaba, Fidel Lorenzo escuchó
al carpeta - (oriundo de Manzanillo, región
oriental de Cuba) decir a otro policía:
- Hoy etoy de buena. Con eto habanero hay que
andá al hilo, enredan a la madre que los
parió. Pero ete no e delincuente. E gusano
como to lo habanero, que se vaya y aprenda.
|