PRENSA INDEPENDIENTE
Octubre 5, 2005
 

ECONOMIA
Cuba en los Objetivos y Metas del Milenio (IV)

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - La Meta 2 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) establece: "Reducir a la mitad, en 2015 respecto a 1990, la proporción de población que sufre hambre".

El gobierno cubano, con el propósito de mostrar pretendidos logros en la lucha contra la pobreza, en su Segundo Informe sobre el Cumplimiento de los ODM brindó un estimado de suministro de energía alimentaria promedio per cápita diario entre 3,007 y 3,165 kilocalorías para el período 1999-2003, con un riesgo de subalimentación reducido a niveles menores del 2% de la población.

Según el citado informe, la disponibilidad alimentaria promedio per cápita diaria entre 1999 y 2001 fue 3,007 kilocalorías, mientras las referentes a 2000-2002 y 2001-2003 son e3 3,096 y 3,165 kilocalorías, respectivamente. Hubiera sido más práctico y útil haber presentado estas cifras por períodos o años separados. De todas formas, indican una impactante ingesta de calorías, superior a casi todos los países latinoamericanos, incluidos reconocidos productores de alimentos, como Argentina. No obstante, si se analizan los datos ofrecidos más cuidadosamente, inmediatamente comienza a surgir el escepticismo sobre la veracidad de estos consumos de calorías.

Como hemos demostrado en artículos anteriores, basados en informaciones oficiales, la sociedad cubana continúa inmersa en la crisis, con una economía que todavía en sentido general no ha rebasado los niveles de 1989, particularmente respecto a la producción de alimentos. En el período 1985-1989, inferior a la crisis, con abundantes suministros de alimentos y recursos para la agricultura y la industria alimentaria procedentes de Europa del Este, el consumo diario de calorías per cápita ascendió como promedio a 2,966 kilocalorías (Oficina Nacional de Estadísticas [ONE] y CEPAL).

Entonces habría que preguntar ¿cómo es posible que una nación envuelta en una crisis y con caídas impresionantes en la producción de alimentos, a lo que se agrega una población en crecimiento (10.5 millones de habitantes en 1989 a más de 11 millones a partir de 1999) pudo haber aumentado tan extraordinariamente la ingesta per cápita de calorías diaria?

Si se examina con detenimiento el cuadro que se presenta a continuación puede constatarse que de una lista de 15 artículos alimentarios básicos de origen nacional, únicamente en dos -las viandas y las hortalizas- se aumento la producción por habitante entre el comienzo de la crisis y principios de la década de 2000. Pueden observarse descensos espectaculares después de aproximadamente casi 13 años de comenzada la crisis en artículos como la carne de res (-53%), carne de ave (-55.2%), huevos (-59%), producción de leche de vaca (-43%), leche pasteurizada (-64.9%) y la captura bruta de pescado (-53.8%), entre otras reducciones productivas de alimentos esenciales para la vida humana.

Producción de alimentos por habitante. Unidad: kilogramos

ALIMENTOS  

1989

PROMEDIO 2000-2002

INCREMENTO O DESCENSO PER CAPITA %

Viandas (1)

96.0 *

149.0 **

55.2

Hortalizas

45.3 *

130.2 **

187.4

Arroz consumo

23.5

6.7

-71.5

Cítricos

78.1

71.3

-8.7

Vacuno (2)

27.3

12.84

-53.0

Porcino (2)

12.0 *

11.4 *

-5.0

Carne de ave (producción)

12.5 *

5.6

-55.2

Huevos (unidad)

255 *

146

-59.0

Pescado (3)

13.4

5.5 **

-53.8

Azúcar (4)

750

320

-57.4

Leche de vaca (producción)

96.7 *

55.0 **

-43.0

Leche pasteurizada

64.6

22.7

-64.9

Pan

47.0

42.5

-9.6

Pastas alimenticias

5.0

3.1

-38.0

Aceite vegetal refinado

7.2

2.1

-70.9

(1) Incluye tubérculos, raíces y plátanos
(2) Entregas a sacrificio en pie
(3) Captura bruta
(4) Físico
* 1990
** 2000-2001

FUENTES:
- Anuario de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE)
- Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)

El aumento en las viandas es el resultado de cierta flexibilización en la política seguida con el sector campesino, en particular la reapertura de los Mercados Libres Agropecuarios a mediados de los años noventa, a los cuales los pequeños agricultores pueden concurrir para ofertar determinados productos a precios del mercado, después de cumplir los rigurosos compromisos de entrega con el Estado a precios de acopio poco estimulantes.

El cultivo de las hortalizas y vegetales también fue incentivado con la apertura de los Mercados Libres Agropecuarios. Además, ha ayudado la creación de huertos agropónicos y parcelas individuales destinados al cultivo de hortalizas y vegetales en terrenos baldíos de ciudades y pueblos, mediante la aplicación de incentivos laborales y métodos de gestión novedosos en Cuba, experiencias que ya habían sido ensayadas con cierto éxito en las Fuerzas Armadas. Se desconoce el grado de rentabilidad económica de esos experimentos, pero resulta innegable que, por lo menos, en estos rubros agrícolas han existido avances demostrativos de los beneficios de las medidas dirigidas a la liberación de las fuerzas productivas, el incentivo laboral y el libre juego de la oferta y la demanda, aunque en estos casos han sido aplicadas en dosis muy limitadas.

Podría pensarse que ante el calamitoso escenario de la producción nacional de alimentos, el gobierno pudo haber suplido el déficit resultante mediante las importaciones. Sin embargo, dada la exigua capacidad de compra en el exterior, esta variante no pudo ser concretada. De acuerdo con las estadísticas publicadas por la ONE, en los años 1985-1989 las compras de alimentos ascendieron como promedio anual a 870.3 millones de pesos, a precios corrientes. En iguales condiciones, en el período 1999-2001 fueron de 771.3 millones de pesos, es decir, un descenso del 11.4%. En términos de volumen físico, la caída debió ser superior si se tiene en cuenta la pérdida del poder adquisitivo de las monedas con el tiempo, el hecho de que la inmensa mayoría de los comestibles adquiridos antes de 1990 provenían de Europa del Este a precios subsidiados, y los "acuerdos fraternales" con esta área, muy beneficiosos para Cuba -intercambio de leche en polvo por levadura torula con la RDA o el de una tonelada de papa de Cuba por dos toneladas de la RDA, entre otras ayudas y donaciones constantemente recibidas en la Isla.

Debe agregarse que a la significativa reducción de disponibilidad de alimentos se suma una alta dependencia del exterior respecto a los nutrientes asequibles. El 55% de las calorías, el 50% de las proteínas y el 90% de las grasas consumidas por la población provenían de las importaciones a fines de los años noventa, según lo informado en el V Congreso de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (Juventud Rebelde, enero 2002). Esa situación no parece haber variado sensiblemente.

Desde que la administración Bush autorizó las ventas de alimentos y medicinas a Cuba en diciembre de 2001, se han comprado más de 130 millones de dólares en el primer rubro. Estas ventas ciertamente han representado un rudo golpe adicional al ficticio embargo, únicamente útil para dar argumentos y pretextos a los sectores más reaccionarios del gobierno cubano, pero no han significado un incremento real en el suministro de alimentos a la población por tratarse, generalmente, de desvíos de compras anteriormente efectuadas en otros mercados.

Como puede apreciarse, tanto las fuentes internas como externas de alimentos se han minorado, circunstancia agravada en los últimos cuatro años por el azote de seis intensos huracanes, que junto a otros fenómenos meteorológicos han ocasionado daños por cientos de millones de dólares, a lo que se agrega una fuerte sequía desde 2003 que afecta todavía a zonas orientales de la Isla, con pérdidas hasta fines de mayo estimadas en más de 1,200 millones de dólares. Adversidades con consecuencias especialmente desastrosas en el sector agropecuario, en particular las producciones de carne y leche ya desde antes muy golpeadas por la crisis.

Aunque desde 2001 no existen datos estadísticos sobre el monto de la masa vacuna (4 millones de cabezas) podría estimarse que actualmente, con los factores negativos adicionales enunciados, la cantidad de reses pudiera estar en un entorno de 3.7 millones. Cuba, a mediados de los años sesenta, era una de las naciones del mundo con mayor índice de vacunos por habitante, con una masa ascendente a 7.2 millones, con alimentación y condiciones de atención aceptables, diferentes al desmedrado estado del ganado hoy, que va desapareciendo de forma lenta y continuada.

Otros aspectos del complicado y preocupante problema de la alimentación de los cubanos serán tratados en un próximo artículo.

Cuba en los Objetivos y Metas del Milenio (III)

Cuba en los Objetivos y Metas del Milenio (II)

Cuba en los Objetivos y Metas del Milenio (I)


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