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HISTORIA
Ciudadano del mundo libre
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
En aquel aluvión de acontecimientos tormentosos
de principios del régimen castrista, Olga
Morgan Godwin se me perdió. Llegué
a pensar que para siempre.
Como una ráfaga de viento pasó
ante mis ojos, como un golpe de luz ella y su
compañero del amor. Es por eso que no recordaba
cuándo la visité en su apartamento
del Vedado. Aún no había sido fusilado
el Comandante William Morgan, su esposo. En mi
memoria, pese a que han transcurrido 46 años,
aún los veo felices, valientes, convertidos
prematuramente en personajes míticos de
la guerra insurreccional contra el dictador Batista.
Los visité dos veces en compañía
del capitán Luis Pérez Perdomo,
fallecido poco después. Conversé
con Olga unos instantes. Luego se me perdió,
excepto de mis pensamientos. Y eso que como tantos,
andaba a ciegas, embobada con los cantos de sirena.
Sólo podía recordar a Olga, lamentar
en silencio su triste suerte cuando el destino,
ayudado por Fidel Castro, fue cruel con aquella
bonita y gentil muchacha de mi provincia natal,
y con aquel yanqui esbelto, gallardo, de una simpatía
y carisma desbordantes.
Olga tenía 25 años cuando la tragedia
tocó a su puerta para hacer añicos
su felicidad. William Morgan, el comandante guerrillero
que olfateó la tragedia que viviría
Cuba bajo el castrocomunismo, moría fusilado.
Olga, condenada a 12 años de prisión
fue, como cientos de mujeres cubanas, una plantada
que jamás aceptó métodos
reeducativos.
No recuerdo cómo supe del fusilamiento
de William Morgan, ocurrido en marzo de 1960.
A pesar de vivir dentro de un saco, donde llegar
al fondo equivalía a perder la conciencia
y salir de él, ir derecho a una celda,
recuerdo que mucho me impresionó el fusilamiento
de aquel yanqui amigo de los cubanos. Jamás
se apartó de mi memoria.
Ahora es como sí, convertidos en fantasmas
del tiempo, entraran de nuevo sigilosamente en
mi casa y conversáramos sobre la realidad
cubana. Olga, anciana como yo. William Morgan,
joven aún, contemplando la triste realidad
del país. Amigos los tres y partes indisolubles
de la misma historia.
Pero la verdad es otra: Olga insiste todavía
en que Morgan recobre la ciudadanía norteamericana
que perdió en 1959 por su participación
en la lucha contra Batista como miembro del Ejército
Rebelde. Habla de hacer una huelga de hambre en
su casa de Toledo, en los Estados Unidos, y yo
la creo muy capaz.
William Morgan luchó y murió porque
en Cuba hubiera libertad. Como muchos, reaccionó
contra el régimen castrista cuando se sintió
engañado. Cada 11 de marzo, día
en que fue fusilado, haremos los cubanos un minuto
de silencio ante este mártir de la democracia,
quien por derecho propio es CIUDADANO DEL MUNDO
LIBRE.
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