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POLITICA
El otro lado de la almohada
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- En lo más hondo de la caverna, Belén
Gopegui siempre prefiere dormir en el lado izquierdo
de la almohada. Sueña con utopías
desfasadas. Sufre pesadillas con la democracia.
Su sueño es tan profundo que, como un
Rip Van Winkle femenina y marxista, ignora que
el mundo cambió. No ha descubierto que
en poco más de dos décadas España
pasó de una dictadura a la democracia,
de la pobreza al desarrollo, del túnel
franquista a Europa.
La escritora española mantiene una agria
visión de la realidad y un lenguaje de
confrontación. Vive asediada por ideas
paranoicas, creencias teologales y fantasmas del
ayer.
Según ella, El País es un diario
de derecha donde le prohíben escribir.
Se dice víctima, ella también, de
una conspiración mediática para
silenciarla. Poco más y tiene que pasar
a la clandestinidad.
No en balde escoge a Cuba como la sociedad ideal
donde le gustaría vivir. Según ella,
el debate sobre Cuba en España es decisivo
para el futuro de la izquierda. Por eso, quiebra
lanzas por la Cuba oficial. Es una cuestión
de fe. Dice que defendiendo a Cuba se defiende
a sí misma.
Cree tener la verdad absoluta y escribe con rabia.
Casualmente, lo hace muy bien. Tanto como sus
colegas y compatriotas Rosa Montero y Rosa Regás
que, aunque se ahorran la rabia, expresan verdades
que ella no comparte.
Belén Gopegui se considera conocedora
del tema cubano. Sus avales son sus contactos
con algunos representantes de la cultura oficial,
y haber sido alguna vez invitada del programa
Mesa Redonda Informativa. No lee Cubanet, Encuentro
en la Red, los artículos de Carlos Alberto
Montaner ni las crónicas de Raúl
Rivero, pero colabora a gusto con La Jiribilla
y opina sobre Cuba sin que nadie le pregunte.
Todo ello le bastó para escribir El lado
frío de La Habana, una novela con Cuba
como raído telón de fondo. No admite
que le cuestionen el tema. Se siente en todo su
derecho a escoger sus temas. Igual hubiera podido
escribir sobre el Imperio Romano, una central
termoeléctrica o el Egipto de los faraones.
Sólo que con menos pasión.
Pudiera servir de consuelo a las cuitas de Belén
Gopegui saber que decenas de escritores y periodistas
independientes cubanos, que no somos precisamente
desalmados trogloditas de la ultraderecha, también
escribimos con rabia, además de con amor.
La mala noticia es que, en la sociedad tan justa
que ella idealiza, tenemos que pagar un costo
algo más caro que ella por escribir. Dormimos
en peligro del lado caliente de la almohada.
Es más fácil que ella logre publicar
en El País que nosotros en Granma o La
Jiribilla. Tal vez ése sea un buen tema
para otra novela de tema cubano de Belén
Gopegui. Después de todo, aunque desde
lados opuestos de la almohada, compartimos el
sueño de hacer posible un mundo mejor.
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