|
SOCIEDAD
Racionalidad económica versus voluntarismo político
(II y final)
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- El gigantesco programa de construcción
y reparación de viviendas propuesto para
los próximos años también
conlleva inmensas inversiones inducidas. Las casas
por sí solas no resuelven el problema.
Para habitarlas se requieren muchos servicios,
como corriente eléctrica, agua, gas, viales,
alcantarillado, transporte, centros comerciales,
escuelas, centros de asistencia médica
y otros que demandarán desembolsos de millones
de dólares, solamente en componentes externos.
Esos servicios funcionan actualmente con significativas
dificultades. Algunos provienen de sistemas cuasi
colapsados, como el electro-energético
o el de suministro de agua, que pierde el 50%
del líquido bombeado antes de llegar a
los consumidores, debido al calamitoso estado
de las vetustas redes conductoras, según
reportes oficiales. Ni qué hablar de la
situación caótica del alcantarillado,
el transporte y los viales, entre otros problemas
acumulados durante decenios.
Dado este panorama, resultarían más
efectivos planes de construcción de viviendas
más modestos. Así podrían
dedicarse más recursos y esfuerzos a la
rehabilitación de la infraestructura del
país, incluida la reparación y mantenimiento
del fondo habitacional, en el marco de un programa
económico integral.
Sin dejar de construir viviendas por la vía
estatal, se debería promover la iniciativa
individual y cooperativa, sobre todo mediante
el incremento de las facilidades para la venta
de materiales e instrumentos de construcción
a estos sectores, caracterizados tradicionalmente
por sus altos niveles de eficiencia en el uso
de los recursos.
A pesar de la poca prioridad otorgada a la construcción
de viviendas por medios propios, en el período
1990-1999 casi la tercera parte de las construidas
fueron realizadas por privados, y un 15% por cooperativistas,
con mucha más calidad y rapidez que las
edificadas por el estado.
Asimismo, un plan tan enorme de edificación
de viviendas como el decidido, absorbería
la capacidad constructiva nacional, poniendo toda
la economía en función de esa meta.
Proceder similar, fuertemente impregnado de motivaciones
políticas, en otras ocasiones ha traído
amargos resultados para toda la sociedad.
Como consecuencia, los costos económicos
y sociales indirectos podrían ser considerablemente
altos, y la dinámica de actividades decisivas
como el turismo pudiera frenarse al carecerse
de capacidades disponibles para construir hoteles
nuevos, razonamiento válido para los planes
de la salud y otros.
En síntesis, existe la posibilidad de
que se incrementen las distorsiones ya presentes
en la economía cubana, con efectos adversos
en el nivel de vida de la población.
Tampoco puede soslayarse el impacto de un plan
tan grande sobre la calidad de las nuevas edificaciones.
Cuando las capacidades laborales, de recursos
y otras están en tensión extrema,
el aspecto cualitativo, por lo regular, sufre.
En Cuba, a esto se le agregan las presiones políticas,
destinadas tradicionalmente a cumplir las directivas
y metas llegadas de arriba "a toda costa
y todo costo".
En la intervención del doctor Lage existen
otros planteamientos de índole política
y económica merecedores de comentarse.
En el primer aspecto, debe subrayarse la clara
intención de reforzar la naturaleza clientelista
de la distribución de las nuevas viviendas,
bajo la consigna de que "una destacada conducta
social y revolucionaria otorgará absoluta
prioridad en el proceso de selección".
En cuanto a lo económico, anunció
que los niveles de subsidio al precio de las viviendas
serán reducidos. En adición se endurecerán
las condiciones crediticias para el financiamiento
de las casas. También habrá una
elevación de los precios de los materiales
y productos vendidos a las familias para la reparación
de sus casas, así como de las acciones
de conservación o rehabilitación
ejecutadas por brigadas estatales.
Además, hizo mucho hincapié en
la generosidad de las subvenciones estatales.
Señaló que una vivienda compuesta
por tres habitaciones tiene un costo constructivo
promedio de 3,200 dólares (asombrosamente
bajo y diferente a valores dados por el INV),
equivalentes a 76,800 pesos a la tasa actual de
cambio, la cual es transferida a la población
en 9,500 pesos. Por tanto, afirmó, existe
una subvención del 87% como promedio.
Los cálculos del secretario del Comité
Ejecutivo del Consejo de Ministros son instructivos.
Sería interesante que realizara este mismo
análisis, con idéntica metodología,
sobre el salario de los trabajadores y la pensión
de los jubilados, ambos pagados con la depreciada
moneda nacional, y que en el caso del primero
no alcanza los 15 dólares mensuales como
promedio. Así hallaría el monto
de las subvenciones que el pueblo cubano ha dado
al "magnánimo" y todopoderoso
estado por decenios.
En resumen, la decisión de dinamizar una
política de construcción y rehabilitación
de viviendas es necesaria, dada la prolongada
crisis existente en este trascendental aspecto
de la vida nacional.
Las malas viviendas, el hacinamiento y la promiscuidad
en modo alguno promueven la virtud, más
bien son formidables caldos de cultivo para los
vicios y otras deformaciones humanas, que con
posterioridad devienen en sufrimientos y altos
costos sociales.
No obstante, por la desproporcionada magnitud
de la meta a alcanzar, como en otras ocasiones,
el positivo propósito perseguido podría
convertirse en un factor con efectos sumamente
negativos para la sociedad. Un resultado al que
se llega cuando se antepone a la racionalidad
económica y social el pernicioso voluntarismo
político.
Fuentes
- Censo de Población y Vivienda 1981, República
de Cuba, Volumen 16.
- Análisis Situación Nacional de
la Vivienda, Instituto Nacional de la Vivienda,
junio de 2005.
- Informe sobre el Programa de la Vivienda, Dr.
Carlos Lage Dávila, Asamblea del Poder
Popular, septiembre de 2005.
- Anuarios Estadísticos, Oficina Nacional
de Estadísticas de Cuba.
- Las crecientes disparidades sociales y económicas
en Cuba: impacto y recomendaciones para el cambio,
Prof. Carmelo Mesa Lago.
|