PRENSA INDEPENDIENTE
Octubre 4, 2005
 

SOCIEDAD
Racionalidad económica versus voluntarismo político (II y final)

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - El gigantesco programa de construcción y reparación de viviendas propuesto para los próximos años también conlleva inmensas inversiones inducidas. Las casas por sí solas no resuelven el problema.

Para habitarlas se requieren muchos servicios, como corriente eléctrica, agua, gas, viales, alcantarillado, transporte, centros comerciales, escuelas, centros de asistencia médica y otros que demandarán desembolsos de millones de dólares, solamente en componentes externos.

Esos servicios funcionan actualmente con significativas dificultades. Algunos provienen de sistemas cuasi colapsados, como el electro-energético o el de suministro de agua, que pierde el 50% del líquido bombeado antes de llegar a los consumidores, debido al calamitoso estado de las vetustas redes conductoras, según reportes oficiales. Ni qué hablar de la situación caótica del alcantarillado, el transporte y los viales, entre otros problemas acumulados durante decenios.

Dado este panorama, resultarían más efectivos planes de construcción de viviendas más modestos. Así podrían dedicarse más recursos y esfuerzos a la rehabilitación de la infraestructura del país, incluida la reparación y mantenimiento del fondo habitacional, en el marco de un programa económico integral.

Sin dejar de construir viviendas por la vía estatal, se debería promover la iniciativa individual y cooperativa, sobre todo mediante el incremento de las facilidades para la venta de materiales e instrumentos de construcción a estos sectores, caracterizados tradicionalmente por sus altos niveles de eficiencia en el uso de los recursos.

A pesar de la poca prioridad otorgada a la construcción de viviendas por medios propios, en el período 1990-1999 casi la tercera parte de las construidas fueron realizadas por privados, y un 15% por cooperativistas, con mucha más calidad y rapidez que las edificadas por el estado.

Asimismo, un plan tan enorme de edificación de viviendas como el decidido, absorbería la capacidad constructiva nacional, poniendo toda la economía en función de esa meta. Proceder similar, fuertemente impregnado de motivaciones políticas, en otras ocasiones ha traído amargos resultados para toda la sociedad.

Como consecuencia, los costos económicos y sociales indirectos podrían ser considerablemente altos, y la dinámica de actividades decisivas como el turismo pudiera frenarse al carecerse de capacidades disponibles para construir hoteles nuevos, razonamiento válido para los planes de la salud y otros.

En síntesis, existe la posibilidad de que se incrementen las distorsiones ya presentes en la economía cubana, con efectos adversos en el nivel de vida de la población.

Tampoco puede soslayarse el impacto de un plan tan grande sobre la calidad de las nuevas edificaciones. Cuando las capacidades laborales, de recursos y otras están en tensión extrema, el aspecto cualitativo, por lo regular, sufre. En Cuba, a esto se le agregan las presiones políticas, destinadas tradicionalmente a cumplir las directivas y metas llegadas de arriba "a toda costa y todo costo".

En la intervención del doctor Lage existen otros planteamientos de índole política y económica merecedores de comentarse. En el primer aspecto, debe subrayarse la clara intención de reforzar la naturaleza clientelista de la distribución de las nuevas viviendas, bajo la consigna de que "una destacada conducta social y revolucionaria otorgará absoluta prioridad en el proceso de selección".

En cuanto a lo económico, anunció que los niveles de subsidio al precio de las viviendas serán reducidos. En adición se endurecerán las condiciones crediticias para el financiamiento de las casas. También habrá una elevación de los precios de los materiales y productos vendidos a las familias para la reparación de sus casas, así como de las acciones de conservación o rehabilitación ejecutadas por brigadas estatales.

Además, hizo mucho hincapié en la generosidad de las subvenciones estatales. Señaló que una vivienda compuesta por tres habitaciones tiene un costo constructivo promedio de 3,200 dólares (asombrosamente bajo y diferente a valores dados por el INV), equivalentes a 76,800 pesos a la tasa actual de cambio, la cual es transferida a la población en 9,500 pesos. Por tanto, afirmó, existe una subvención del 87% como promedio.

Los cálculos del secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros son instructivos. Sería interesante que realizara este mismo análisis, con idéntica metodología, sobre el salario de los trabajadores y la pensión de los jubilados, ambos pagados con la depreciada moneda nacional, y que en el caso del primero no alcanza los 15 dólares mensuales como promedio. Así hallaría el monto de las subvenciones que el pueblo cubano ha dado al "magnánimo" y todopoderoso estado por decenios.

En resumen, la decisión de dinamizar una política de construcción y rehabilitación de viviendas es necesaria, dada la prolongada crisis existente en este trascendental aspecto de la vida nacional.

Las malas viviendas, el hacinamiento y la promiscuidad en modo alguno promueven la virtud, más bien son formidables caldos de cultivo para los vicios y otras deformaciones humanas, que con posterioridad devienen en sufrimientos y altos costos sociales.

No obstante, por la desproporcionada magnitud de la meta a alcanzar, como en otras ocasiones, el positivo propósito perseguido podría convertirse en un factor con efectos sumamente negativos para la sociedad. Un resultado al que se llega cuando se antepone a la racionalidad económica y social el pernicioso voluntarismo político.

Fuentes
- Censo de Población y Vivienda 1981, República de Cuba, Volumen 16.
- Análisis Situación Nacional de la Vivienda, Instituto Nacional de la Vivienda, junio de 2005.
- Informe sobre el Programa de la Vivienda, Dr. Carlos Lage Dávila, Asamblea del Poder Popular, septiembre de 2005.
- Anuarios Estadísticos, Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba.
- Las crecientes disparidades sociales y económicas en Cuba: impacto y recomendaciones para el cambio, Prof. Carmelo Mesa Lago.


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