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POLITICA
Diplomacia bolivariana
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- No creo probable una normalización de
las relaciones diplomáticas entre Venezuela
y México antes de que finalice el 2005.
Vicente Fox cuenta con sobradas razones para negarse
a recomponer los vínculos.
Considero que los agravios proferidos por su
homólogo venezolano en el marco de la IV
Cumbre de las Américas, concluída
recientemente en la ciudad argentina de Mar del
Plata, ilustraron no sólo un desmesurado
nivel ofensivo, también las intenciones
de humillar en contraposición a una crítica
responsable y el énfasis en demeritar el
cónclave, con un estilo espléndidamente
grosero.
El talante confrontacional de Hugo Chávez,
es un reflejo del autoritarismo que pretende situar
más allá de sus fronteras y una
de las vetas del caudillo en sus aspiraciones
de fundar un imperio que en el horizonte se torna
difuso y trasnochado.
En función de estructurar una gran alianza
latinoamericana tiene a su favor unas reservas
de petróleo a precios de lujo y ciertas
aptitudes para, desde las tribunas, vender un
mundo de ilusiones a las clases más desposeídas.
Además de tales herramientas y enteramente
convencido del éxito, no pierde la oportunidad
para avivar un sentimiento que cala hondo en la
conciencia de millones de pobres situados dentro
de los perímetros de la América
del Sur.
Chávez pretende capitalizar el desprecio
contra Bush y sus políticas.
Sobredimensiona, reitera, impugna con una oratoria
que esquiva la compostura. Se acomoda en la manipulación
y descarta el juicio sereno y objetivo. Así
actúa un hombre que se prepara para gobernar
por largo tiempo. Es el autócrata exhibiendo
sus dotes para el reto y la provocación.
El populista con una fortuna en el bolsillo y
la garganta anegada de promesas.
Vicente Fox sostuvo argumentos que podrían
ser válidos o fallidos. Lo que sí
queda fuera de duda es la lección de sensatez
ofrecida por el mandatario azteca.
Fox se distinguió por su decencia y honorabilidad.
Con su incontinencia verbal, Chávez puso
sobre el tapete, como ya es costumbre, la ordinariez
propia de un labriego sin alfabetizar.
Al paladín del llamado socialismo del
siglo XXI le sobra petróleo para pagar
la factura de una popularidad que crece en los
sectores menos favorecidos. Por otro lado, sus
ofertas, caracterizadas por una generosidad sin
límites, han disipado las vacilaciones
de no pocos gobiernos del área en brindarle,
de manera explícita o marginal, algún
tipo de rédito político.
Gracias a los incentivos, se mantiene en pie
la utopía de un pretendido bloque que tenga
entre sus miembros a los países del Caribe
y suramericanos. Chávez lo cree posible,
lo profetiza con vehemencia. Yo insisto en imaginarlo
como una quimera.
Las elevadas cotizaciones del crudo no son eternas,
tampoco la paciencia de los ofendidos, ni la de
los que esperan porque se desate sobre ellos la
misma catilinaria de improperios.
No solamente es el hecho de las diatribas, sino
el sentido desestabilizador contra las instituciones
a través del estímulo a la violencia
"revolucionaria".
Puede que haya serios problemas con Elías
Antonio Saca, Ricardo Maduro, Alejandro Toledo
y Abel Pacheco, Jefes de Estado de El Salvador,
Honduras, Perú y Costa Rica, respectivamente.
Son naciones relativamente débiles que
favorecen las conversaciones para el Tratado de
Libre Comercio liderado por Estados Unidos (ALCA).
La alternativa chavista es vista con recelo. Quizás
como un ejercicio teórico y alucinante.
La apuesta por el conflicto en detrimento de
las soluciones donde la moderación y el
respeto ocupen un rol determinante abre las puertas
al desgaste y a la pérdida de algo que
debería cuidarse con esmero: el prestigio.
A estas alturas, la credibilidad de Hugo Chávez
presenta un buen número de agujeros.
Un presidente que en público interrumpa
el análisis de un tema sensible para entonar
una pieza musical autóctona califica para
ocupar una plaza en un manicomio o bajo la carpa
de un circo, nunca en la máxima instancia
del poder.
Es justo reconocer que se aviene un período
de turbulencias en el continente adicionales a
las que ya existen.
Con la ascensión, en 1998, de un ex-militar
al mando de Venezuela, con una inclinación
a legitimar la irresponsabilidad y decidido a
utilizar los mecanismos de la democracia para
permanecer indefinidamente en la presidencia,
se corre el riesgo de que en la región
se desencadene un proceso insoluble de ingobernabilidad
que lejos de restaurar, profundice los abismos
sociales.
Hay que irse acostumbrando a los desplantes de
un Chávez que sueña con barrer la
pobreza del hemisferio. Para hacerlo, le parece
bien la dictadura del proletariado. Un producto
que exporta a diestra y siniestra en sus alocuciones.
Seguirá con sus desafíos, rompiendo
las reglas del protocolo y serruchándole
el piso al capitalismo. Dice que es un socialista
de nuevo tipo, un humilde servidor del pueblo.
A menudo se le ve con un crucifijo y con una mini-constitución
que hizo a la medida de sus designios.
En 2006, es muy probable que alcance la victoria
en las urnas y amplíe la nómina
de los aliados que, con sus matices, se sumen
a la pachanga bolivariana.
Andrés Manuel López Obrador, el
candidato del Partido de la Revolución
Democrática (PRD), de la centro-izquierda
mexicana, es el favorito para sustituir a Vicente
Fox en los comicios del año que viene.
López Obrador no tuvo reparos en quitarle
la razón a su compatriota en el exabrupto
que protagonizó con Chávez en Argentina.
Sería de mucha simpleza explicar el gesto
como una obvia señal oportunista.
Sin dejar de serlo, el candidato de marras envía
un mensaje que establece algunas coincidencias
políticas con el hombre fuerte de Caracas.
Explotar el perfil nacionalista, combinarlo con
el populismo y sacar provecho del eterno diferendo
con el vecino del Norte, son puntos que se asoman
en la agenda del aspirante por el partido fundado
por su correligionario Cuauhtémoc Cárdenas.
En breve, Bolivia y Ecuador podrían caer
en la esfera de influencia de Venezuela, lo que
ensancharía el margen de Chávez
al contar con nuevos adherentes, claro que sin
respaldos irrestrictos, y siempre en dependencia
del equilibrio entre las circunstancias internas
y el ambiente que prevalezca en la arena internacional.
Respecto a la entrada al Mercado Común
del Sur (MERCOSUR), conformado por Brasil, Argentina,
Uruguay y Paraguay, esto le facilitaría
el empleo a fondo del cabildeo por beneficiar
al gobierno de Cuba con algún status que
le aporte no tanto ganancias económicas
como rendimientos políticos.
No sería fácil, pero es un asunto
no subestimable del todo. La dictadura que asola
a la Mayor de las Antillas necesita aliviar las
consecuencias del aislamiento. Para ello tiene
un benefactor que hará lo imposible por
abrir una brecha.
Chávez continuará demostrando su
voluntad por culminar sus proyectos integracionistas
como único sabe hacerlo. Insultos, burlas,
descortesías, cualquier cosa será
útil ante el adversario.
Devolverlo a un cuartel sin grados ni tropas,
y ponerle entre las manos en vez de un fusil,
una espumadera. Esa fue la solución estimada
por Heriberto, un viejo amigo que no se esconde
para decir que el susodicho de Miraflores es un
pichón de dictador.
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