|
SOCIEDAD
No olvidamos las UMAP
Rafael Ferro Salas, Abdala Press
PINAR DEL RIO, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- En días recientes leí en El Nuevo
Herald de Miami un trabajo escrito por el colega
Pablo Alfonso. El trabajo se titula "¿Te
acuerdas del UMAP, Fidel?"
En su artículo Pablo hace un recuento
-a grandes rasgos- de lo que fueron en Cuba las
Unidades Militares de Ayuda a la producción
(UMAP), creadas por el régimen castrista
en la década de los setenta. Fue un proyecto
monstruoso, casi copia fiel de los campos de concentración
nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Las UMAP marcaron para siempre a la generación
de aquel tiempo. El estigma lo llevan los que
fueron llevados a esas unidades y lo cargan también
los que teniendo uso de razón fueron testigos
de la barbarie. Yo pertenecía al segundo
grupo.
Tenía catorce años y recuerdo todavía
con miedo el ambiente que se respiraba en las
calles de mi ciudad. Se estaba llevando a cabo
en la isla por parte del régimen una especie
de revolución cultural. Todo lo que olía
a extranjero se consideraba enemigo de la revolución
cubana. Entonces quedó acuñada una
frase: "Diversionismo ideológico".
Usted podía ser acusado de diversionista
ideológico si escuchaba música en
inglés. Usted era considerado enemigo de
la revolución si llevaba el pelo largo.
Entonces usted estaba a unos pasos nada más
de entrar (ser entrado) a las UMAP en calidad
de recluso.
A las UMAP fueron llevados Testigos de Jehová,
cristianos, homosexuales, hippies, santeros y
chulos. Pero en la antesala de las UMAP se sufría
también, y esa antesala estaba en todas
las provincias de la isla, en cada calle, rondaba
como una maldición por cada esquina.
Mi recuerdo más triste lo es aquella ocasión
en que vi cómo una turba de personas identificadas
con el gobierno interceptaron a dos jóvenes
en la calle principal de mi pueblo. Los dos muchachos
devenidos víctimas tenían el cabello
largo. Los que formaban la turba "revolucionaria"
llevaban tijeras en las manos y de manera brutal
les cortaron el pelo. Lo hicieron dando cortes
rabiosos con aquellas tijeras los unos, mientras
los otros mantenían inmovilizados en el
suelo a los atacados.
Aquellos dos infelices salieron después
- a la vista de todos los transeúntes-
con sus ropas sucias y rotas debido al forcejeo.
Llevaban sus cabellos cortados en jirones disparejos.
Uno de ellos lloraba.
Dos años después yo entré
a una escuela militar muy conocida en Cuba por
aquellos años. La escuela "Camilo
Cienfuegos". A los que entrábamos
en ella nos llamaban "camilitos". Era
una especie de academia elite de las Fuerzas Armadas
revolucionarias cubanas (FAR). Se habían
creado con el objetivo de formar en ellas a los
futuros oficiales del ejército cubano.
Las escuelas de camilitos tenían reglas
estrictas e inviolables y esas reglas no escapaban
al absurdo que se vivía. Para reafirmar
lo dicho, me viene a la memoria una anécdota
que marcó el curso de mi vida como inconforme
en esta isla de amaneceres dudosos.
Una noche me encontraba en una de las aulas con
unos amigos escuchando (de manera clandestina
en aquellos tiempos) un casete de los Beatles.
Fuimos sorprendidos por un sargento jefe de compañía
y de inmediato nos llevaron a todos a una corte
militar. Después de encausarnos como "diversionistas
ideológicos" nos expulsaron de la
escuela, y como castigo final de escarmiento nos
entraron en el Servicio Militar Obligatorio.
A veces me encuentro con algunos de los viejos
amigos que fueron juzgados conmigo en aquella
causa absurda. Ya peinamos canas unos y los otros
no tienen apenas pelo que peinarse. La memoria
sigue empecinada en recordar aquellos tiempos
duramente humanos y muy parecidos a los que vivimos
hoy aquí en la patria. Esos amigos y yo
conversamos bastante sobre lo que sufrimos, lo
que estamos sufriendo y lo que todavía
nos queda por sufrir.
Han cambiado algunas cosas, al parecer otras
están obligadas al estancamiento eterno.
Ahora hay un parque que lleva el nombre de John
Lennon y hasta existe una estatua a tamaño
natural del beatle mayor sentado en un banco.
Esa estatua fue develada por el hombre que más
manda en Cuba. El mandamás tuvo la gentileza
de sentarse junto a la escultura de Lennon para
ser fotografiado con el hombre que aseguraba no
ser el único soñador del mundo.
Lennon tenía sentado a su lado, por un
instante, a una de las personas que más
sueños ha roto en este planeta. Quien rompe
sueños es un sembrador de pesadillas. Las
UMAP fueron una de las que más hondo nos
sembraron en el alma.
Nosotros, los cubanos de adentro y de afuera,
no olvidaremos (nunca podremos olvidar) aquel
proyecto de terror y muerte llamado UMAP.
|