PRENSA INDEPENDIENTE
Noviembre 29, 2005
 

SOCIEDAD
Tribulación sobre ruedas

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org) - El motor lanzaba un tenue silbido. Casi imperceptible. Era un Mercedes Benz de la pasada década del 90. Una pieza de lujo en una galería de automóviles que luchan contra el tiempo. Bronco y parsimonioso, un Chevrolet de hace 50 años envolvía la carretera con una bocanada de humo negro. El Ford, despintado y torpe, iba delante con unos pasajeros que parecían, por el hacinamiento, los huéspedes de una lata de conserva. De aquel Buick recuerdo sus neumáticos con ganas de estallar y sus ruidos de T-34, aquellos blindados que, en 1943, le dieron la victoria al ejército soviético, sobre el alemán, en la Batalla de Kursk.

Desde la ventana del Mercedes podía pensar en mis privilegios. No me contaba entre las víctimas de las emanaciones lacrimógenas expedidas por unos motores salvados de la chatarra gracias al ingenio y a los enigmas. La temperatura tampoco era un problema, lo contrario a los otros pasajeros a expensas del vapor generado por una combustión de vetas primitivas. Los baches pasaban inadvertidos debajo de las ruedas. A la derecha del chofer experimentaba el sosiego de una tarde a punto de caer en las emboscadas del crepúsculo.

"Estoy decepcionado". La frase se mezcló con el sonido de Hotel California, la canción que en la década de los 70 fue casi un himno entre los jóvenes cubanos. Incrustada en el panel del vehículo, la reproductora servía de fondo a un monólogo que apenas comenzaba.

De entre los primeros acordes del grupo de rock norteamericano surgían los síntomas de una catarsis. El chofer se tornó severo y a la vez juicioso. Habló del curso accidentado de una ideología, la misma en la que había creído con la probidad de un monje.

Denostaba a la dirigencia que gobierna al país con mano de hierro. Parecía un hombre herido, arrastrándose para evitar la muerte. Sentí alarma por el estruendo de un derrumbe espiritual. Un ser con el alma hecha añicos frente al timón, dueño de un destino incierto y perdido en un bosque de decepciones, recurría a las emergencias del desahogo.

"Voy a entregar el carnet del Partido, aunque sé lo que me espera", fue otra sentencia, al parecer irrevocable de mi interlocutor. Por su boca pude conocer los hilos de una ruptura y las ideas de un viaje al exterior, sin retorno.

No le pregunté su procedencia, ni los motivos de sus tormentos. Tampoco si el automóvil, de chapa particular, le pertenecía.

En el asiento trasero del vehículo, había una botella de ron Havana Club recién comprada. "Voy a bebérmela entera esta noche, me siento acorralado", afirmó el individuo en un tono que desdibujó el epílogo de una capitulación.

En pocos minutos terminó el recorrido y pagué los 20 pesos en moneda nacional.

El hombre quedó allí con sus frustraciones y en compañía de Don Henley, Randy Meisner, Joe Walsh, Glenn Frey y Don Felder, los muchachos del grupo Eagle interpretando su inolvidable Hotel California.


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