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SOCIEDAD
Anciana de nueva generación
José Antonio Fornaris, Cuba-Verdad
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Cuando niño conocí -no en el sentido
bíblico- a una prostituta llamada Angelita.
Mi familia conocía a su novio. Una vez
hasta fui a llevarle a ella un recado a su lugar
de residencia y de trabajo. Recuerdo que todo
estaba limpio, pero había un fuerte olor
a humedad que nunca se me ha olvidado.
Los padres de Angelita, que vivían en
el campo, no sabían que era prostituta,
y cada vez que iba a ver a su familia el novio
la acompañaba.
Los planes eran que cuando terminaran una casa,
cuya construcción estaba avanzada, ella
dejaría su profesión, pero Angelita
celaba mucho a su novio y en una de sus disputas
amorosas la relación terminó definitivamente.
Como la casa estaba construyéndose en un
terreno propiedad de la madre del novio, Angelita
perdió todo lo que había invertido.
Nunca he sabido si aquélla era una verdadera
relación de pareja, con su peculariedad,
o si él estaba más prostituido que
ella.
Con el transcurso del tiempo he escuchado, sobre
todo en los últimos años, mucho
sobre prostitutas, de las que se dedican al oficio
para encontrar a alguien que se las lleve de Cuba,
de hombres que dejan que sus esposan sean prostitutas
para ambos lograr algunas cosas materiales, de
muchachas cuyas familias conocen que ejercen la
prostitución y que las aceptan como si
fuera la salvación caída del cielo,
y de otros casos más o menos de igual corte.
Pero recientemente supe de un caso del cual no
me parece que existan muchas repeticiones: una
abuela de 72 años prostituta.
Ella, a quien llamaremos María, estuvo
hace muy poco visitando a una amiga de la juventud,
a quien le daremos por nombre Martha, que tiene
68 años, a quien le contó de su
nuevo quehacer y la invitó a que también
practicara la prostitución.
El campo de acción de María es
la marina Hemingway (antes Barlovento). Asegura,
y eso tiene mucha lógica, que los hombres
mayores temen acostarse con una jovencita y contraer
una enfermedad. Eso sería catastrófico
en el seno familiar. Dentro de esos abuelos ella
ha encontrado su clientela.
María también le contó a
Martha que en cada jornada, cuando menos, se va
para su casa con 30 ó 40 dólares,
que esos caballeros la tratan con mucha cortesía,
que le brindan comida y que siempre se lleva una
jaba con cosas. Desdichadamente no dio detalles
de las "cosas". Y aseguró, además,
como algo no menos importante, que antes de emprender
su nuevo oficio le dolía todo el cuerpo,
y que ahora puede bailar en un solo pie.
A pesar de tantas ventajas y de que María
garantizó que tenía los contactos
para desarrollar su actividad sin contratiempos
en la marina Heminway, Martha no aceptó
acompañar a su amiga en esa empresa. Al
contrario, se sintió ofendida y le contó
a su hija lo ocurrido. Gracias a eso hemos podido
enterarnos de ese tipo de prostitución
un poco singular.
¿Será María una anciana
de nueva generación o un producto de los
tiempos actuales en este bella Isla? No tengo
la respuesta, el asunto para mí es muy
novedoso.
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