PRENSA INDEPENDIENTE
Noviembre 28, 2005
 

SOCIEDAD
Anciana de nueva generación

José Antonio Fornaris, Cuba-Verdad

LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org) - Cuando niño conocí -no en el sentido bíblico- a una prostituta llamada Angelita. Mi familia conocía a su novio. Una vez hasta fui a llevarle a ella un recado a su lugar de residencia y de trabajo. Recuerdo que todo estaba limpio, pero había un fuerte olor a humedad que nunca se me ha olvidado.

Los padres de Angelita, que vivían en el campo, no sabían que era prostituta, y cada vez que iba a ver a su familia el novio la acompañaba.

Los planes eran que cuando terminaran una casa, cuya construcción estaba avanzada, ella dejaría su profesión, pero Angelita celaba mucho a su novio y en una de sus disputas amorosas la relación terminó definitivamente. Como la casa estaba construyéndose en un terreno propiedad de la madre del novio, Angelita perdió todo lo que había invertido.

Nunca he sabido si aquélla era una verdadera relación de pareja, con su peculariedad, o si él estaba más prostituido que ella.

Con el transcurso del tiempo he escuchado, sobre todo en los últimos años, mucho sobre prostitutas, de las que se dedican al oficio para encontrar a alguien que se las lleve de Cuba, de hombres que dejan que sus esposan sean prostitutas para ambos lograr algunas cosas materiales, de muchachas cuyas familias conocen que ejercen la prostitución y que las aceptan como si fuera la salvación caída del cielo, y de otros casos más o menos de igual corte.

Pero recientemente supe de un caso del cual no me parece que existan muchas repeticiones: una abuela de 72 años prostituta.

Ella, a quien llamaremos María, estuvo hace muy poco visitando a una amiga de la juventud, a quien le daremos por nombre Martha, que tiene 68 años, a quien le contó de su nuevo quehacer y la invitó a que también practicara la prostitución.

El campo de acción de María es la marina Hemingway (antes Barlovento). Asegura, y eso tiene mucha lógica, que los hombres mayores temen acostarse con una jovencita y contraer una enfermedad. Eso sería catastrófico en el seno familiar. Dentro de esos abuelos ella ha encontrado su clientela.

María también le contó a Martha que en cada jornada, cuando menos, se va para su casa con 30 ó 40 dólares, que esos caballeros la tratan con mucha cortesía, que le brindan comida y que siempre se lleva una jaba con cosas. Desdichadamente no dio detalles de las "cosas". Y aseguró, además, como algo no menos importante, que antes de emprender su nuevo oficio le dolía todo el cuerpo, y que ahora puede bailar en un solo pie.

A pesar de tantas ventajas y de que María garantizó que tenía los contactos para desarrollar su actividad sin contratiempos en la marina Heminway, Martha no aceptó acompañar a su amiga en esa empresa. Al contrario, se sintió ofendida y le contó a su hija lo ocurrido. Gracias a eso hemos podido enterarnos de ese tipo de prostitución un poco singular.

¿Será María una anciana de nueva generación o un producto de los tiempos actuales en este bella Isla? No tengo la respuesta, el asunto para mí es muy novedoso.

 


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