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CORRUPCION
La sociedad de los trabajadores sociales
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Al Comandante le preocupa el robo. Lo descubrió
recientemente. Algunos apuestan a que fue debido
a déficit en el lucrativo negocio de venta
de combustible. Otros se inclinan a que da respuesta
en su estilo de huir hacia delante. Una respuesta
tardía a episodios de corrupción
en las filas gubernamentales filtrados a la prensa.
Ante situaciones de esa índole, el Comandante
es de temer. Ha convocado a los incondicionales
de siempre y con la ayuda de los trabajadores
sociales -guardias rojos palestinos- lanzó
triunfalmente el sofá por el balcón.
Amenaza a los administradores con situar trabajadores
sociales donde se presuma corrupción.
¡Menudo trabajito les espera! Por lo pronto,
ya el Comandante amenaza dejarnos sin comer. Volvió
con su recurrencia contra los intermediarios.
Sigue preocupado con que se enriquezcan los campesinos
y sus intermediarios. No parece preocupado por
la alegre vida de los suyos en los negocios corporativos
o en las altas esferas políticas y del
aparato de Seguridad.
Aunque sean más corruptos que cualquier
infeliz con posibilidades de traficar con varios
quintales de arroz o frijoles o quizás
carne, son poco molestados. Cuentan con la bendición
oficial para hacerlo con toneladas de leche en
polvo o con efectos eléctricos y quizás
otros renglones. Son gente necesaria para reprimir
a los suyos.
Están suficientemente encanallados como
para servir de viles ejecutores de cuanta orden
criminal reciban.
Los puestos de venta -chinchales- de productos
agrícolas de la ciudad están vacíos.
Los transportistas particulares que traían
el producto a la ciudad, fueron regresados e impedidos
de hacer sus entregas por la Policía. El
Comandante pretende combatir la corrupción
desde la base de la pirámide. No hay prisa
por llegar a la cima.
Los trabajadores sociales son jóvenes
oriundos de la zona oriental del país.
Al igual que sus coterráneos en la Policía,
comienzan un difícil ascenso social desde
la vertiente represiva. Algunos comienzan a experimentar
la insoportable añoranza por la vida de
confort que comienzan a vislumbrar en La Habana.
Esto pude apreciarlo en los muchachitos y muchachitas
que se desempeñan en las gasolineras de
la zona de Miramar en el municipio Playa. Sus
clientes, huelen diferente, visten diferente y
son -todo parece indicarlo- diferentes. Tienen
"el dulce encanto de la burguesía"
en plena parafernalia ideológica castrista.
Así sí vale la pena ser "revolucionarios".
Son verdaderamente hermosas las rubiecitas de
Miramar. Muy apuestos los niños de su papá
que guiñan un ojo a las bellas y humildes
holguineras que les llenan el tanque del automóvil
que les prestó papá para pasear.
¡Quien tuviera algo así!
No puede construirse a capricho la sociedad de
los trabajadores sociales. Como siempre, esta
fiebrecita también pasará. Pero
mientras, los de siempre a pasar hambre. Hasta
que el Comandante o hasta que Dios quieran.
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