PRENSA INDEPENDIENTE
Noviembre 25, 2005
 

CORRUPCION
La sociedad de los trabajadores sociales

Juan González Febles

LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org) - Al Comandante le preocupa el robo. Lo descubrió recientemente. Algunos apuestan a que fue debido a déficit en el lucrativo negocio de venta de combustible. Otros se inclinan a que da respuesta en su estilo de huir hacia delante. Una respuesta tardía a episodios de corrupción en las filas gubernamentales filtrados a la prensa.

Ante situaciones de esa índole, el Comandante es de temer. Ha convocado a los incondicionales de siempre y con la ayuda de los trabajadores sociales -guardias rojos palestinos- lanzó triunfalmente el sofá por el balcón. Amenaza a los administradores con situar trabajadores sociales donde se presuma corrupción.

¡Menudo trabajito les espera! Por lo pronto, ya el Comandante amenaza dejarnos sin comer. Volvió con su recurrencia contra los intermediarios. Sigue preocupado con que se enriquezcan los campesinos y sus intermediarios. No parece preocupado por la alegre vida de los suyos en los negocios corporativos o en las altas esferas políticas y del aparato de Seguridad.

Aunque sean más corruptos que cualquier infeliz con posibilidades de traficar con varios quintales de arroz o frijoles o quizás carne, son poco molestados. Cuentan con la bendición oficial para hacerlo con toneladas de leche en polvo o con efectos eléctricos y quizás otros renglones. Son gente necesaria para reprimir a los suyos.

Están suficientemente encanallados como para servir de viles ejecutores de cuanta orden criminal reciban.

Los puestos de venta -chinchales- de productos agrícolas de la ciudad están vacíos. Los transportistas particulares que traían el producto a la ciudad, fueron regresados e impedidos de hacer sus entregas por la Policía. El Comandante pretende combatir la corrupción desde la base de la pirámide. No hay prisa por llegar a la cima.

Los trabajadores sociales son jóvenes oriundos de la zona oriental del país. Al igual que sus coterráneos en la Policía, comienzan un difícil ascenso social desde la vertiente represiva. Algunos comienzan a experimentar la insoportable añoranza por la vida de confort que comienzan a vislumbrar en La Habana.

Esto pude apreciarlo en los muchachitos y muchachitas que se desempeñan en las gasolineras de la zona de Miramar en el municipio Playa. Sus clientes, huelen diferente, visten diferente y son -todo parece indicarlo- diferentes. Tienen "el dulce encanto de la burguesía" en plena parafernalia ideológica castrista.

Así sí vale la pena ser "revolucionarios". Son verdaderamente hermosas las rubiecitas de Miramar. Muy apuestos los niños de su papá que guiñan un ojo a las bellas y humildes holguineras que les llenan el tanque del automóvil que les prestó papá para pasear. ¡Quien tuviera algo así!

No puede construirse a capricho la sociedad de los trabajadores sociales. Como siempre, esta fiebrecita también pasará. Pero mientras, los de siempre a pasar hambre. Hasta que el Comandante o hasta que Dios quieran.


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