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SOCIEDAD
Hablar en cubano
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Por los años 90 un profesional europeo
visitó Cuba con la esperanza de conocer
la isla y practicar el español. Aprendió
nuestra lengua en la península ibérica
durante repetidos viajes en busca de mar y solaz.
Mas nunca imaginó la sorpresa que su experiencia
cubana le depararía al salir a las calles
de una repoblada Centro Habana.
Resulta que el holandés errante no entendió
ni palabra los primeros días. A lo que
más llegó fue a comprender que caía
simpático porque cuando se dirigía
a cualquiera detectaba como respuesta gestual
la risa del interlocutor y, sobre todo, la de
las mulaticas. Así sucedió, hasta
que al cabo de unos diez días logró
comprender en buena medida lo que le decían.
Primero, identificó que el apelativo para
contactar con él, no era Thomas -su nombre-
sino "Oye Pepe". Que los dólares
se llamaban "fulas" y la casa donde
rentaba una habitación era el "gao".
Un auto era una "máquina" y los
autobuses "guaguas". Sin embargo, todo
le pareció muy gracioso y exótico.
¿Los cubanos hablamos correctamente o
no? ¿Qué sucede hoy en día
con el español en Cuba? Ciertamente, es
un tema algo complejo, pero sin más trataré
de abordarlo de forma que sea comprensible.
Para no errar, hay que acudir al hecho de que
cada lengua hablada en varios países o
regiones posee una "norma estándar".
Basada preferentemente en la lengua escrita, es
la que fija. Esta norma recoge los actos de habla
más "formales" y se aparta de
los caracteres particulares de cada país,
región, territorio o ciudad.
No obstante, como la lengua tiene entre sus funciones
la de reflejar la identidad del hablante, un cubano
identifica a otro proveniente de Pinar del Río,
Camagüey o de las provincias del extremo
este de la isla por las peculiaridades del habla.
También hay que contar con los niveles
de conocimiento de los hablantes porque en el
presente, hay poca diferencia entre dos individuos,
digamos "cultos", de ambos territorios.
Claro está, estos interlocutores usarán
para comunicarse una norma estándar y,
además, condimentada con los cubanismos
propios.
Es en el léxico donde este rasgo insular
se revela con plena claridad. En noviembre de
1939, Fernando Ortiz, uno de los sabios cubanos
más prestigiosos, pronunció una
conferencia medular titulada "Los factores
humanos de la cubanidad". En fecha tan temprana,
definió como "cubanismos" al
"giro o modo de hablar de los cubanos",
como cuando vamos a comprar frutas al mercado
agrícola y pedimos una "frutabomba"
en el Occidente del país, pero que al Oriente
de la isla, diríamos "papaya".
Otro factor decisivo son los cambios sociales
en la mentalidad de los individuos. A partir de
1959, la norma estándar del español
hablado en Cuba varió producto de la conmoción
social sufrida, de la pérdida de reconocimiento
social que tuvieron las clases sociales alta y
media, que imponían su norma del habla
entonces, del éxodo de quienes la usaban
para comunicar y de la voluntad política
de cambiar los rasgos sociales que las identificaban.
Ante la existencia de nuevas realidades se impuso
un nuevo léxico capaz de describirla. De
este proceso complejísimo -aún sin
terminar- surgieron un nuevo léxico y nuevas
expresiones. Un "discurso" diferente
para aquel entonces marcó el habla del
cubano desde los años 60. La necesidad
de "nombrar" la realidad en proceso
de cambio hizo surgir palabras como "cederista"
y emplear "bloque" por edificio de apartamentos,
"agro" por mercado, "unidad"
por estación de policía. Sin contar
que muchos individuos, a causa del "igualitarismo"
establecido por el nuevo régimen, ascendían
o pasaban a formar parte de grupos de reconocimiento
político-social y, trajeron con ellos al
uso general de la lengua palabras que en el contexto
social pre revolucionario no eran propias de la
norma reconocida como correcta.
El reconocimiento y difusión de la forma
y giros de carácter marginal en el habla
del cubano constituye sin duda la expresión
más patente del conflicto de clases que
se vivió en Cuba después de 1959.
Sucedió que por ser el habla reflejo de
la realidad, ella también entró
en conflicto. Las transformaciones padecidas por
la sociedad cubana durante estos 46 años
propiciaron que el habla del cubano adquiriera
particularidades muy acentuadas.
Es lógico que la no definición
de una concepción de política lingüística
en todos estos años afecte el habla. Primero,
porque no termina con el conflicto iniciado en
los 60. Segundo, continúa la aceptación
de formas y giros expresivos de tendencias surgidas
en la lengua gracias a la emergencia de grupos
sociales antes -y también ahora- marginales.
Tal permisividad mantiene abierto un proceso
de incorporación léxica que lejos
de enriquecer el habla, la empobrece, en la medida
que impide el establecimiento de una "norma
correcta" -sobre todo entre los jóvenes-
por el mero hecho de "hablar distinto",
además de ratificar el empleo inusual de
otros vocablos cuando existen desde siempre los
apropiados.
La influencia de los medios de difusión
ocupa un lugar relevante por el alcance de la
radio, la televisión, el cine, la letra
de las canciones populares. Si desde finales de
los 60, el inicio de una revalorización
de la canción cubana promovida por el nombrado
Movimiento de la Nueva Trova contribuyó
a elevar el nivel artístico de las letras
de las producciones musicales de este grupo de
autores, el peso del mensaje político que
conllevan y el destino de estas producciones musicales
las polarizó de tal manera que las marcó
como "canción política".
Esto último, en buena parte, influenció
para que la popularidad de ellas quedara restringida
a grupos sociales afines a las ideas que vehiculan.
Por otra parte, el resurgimiento de una fuerte
corriente de la música popular menos politizada,
más comercial y la necesidad de la aceptación
de la misma en el extranjero condujo a la promoción
de canciones cuyas letras reflejan situaciones
nacionales.
Desde "La Habana no aguanta más..."
popularizada por la orquesta VanVan hasta las
letras "posmodernas" del conjunto NG
La Banda, las letras de las canciones más
populares hallan eco en la población que
las adopta, tal como las consignas políticas
difundidas por el régimen.
Son los jóvenes preferentemente quienes
hacen suya con más frecuencia las frases
más pegajosas de las canciones; son ellos
quienes las repiten y las emplean en sus intercambios
dialogales, gracias a un acuerdo tácito
del grupo que integran. Significan un elemento
simbólico muchas veces, así su significado
se amplifica, al cubrir espacios de significación
en ocasiones de una mayor dimensión según
el contexto en que las utilizan.
Al llegar a este punto, queda pues concluir que
el habla en Cuba atraviesa desde hace un buen
tiempo un período evolutivo debido a las
situaciones emergentes que se suceden en el panorama
nacional. En cuanto a si hablamos de forma correcta
o no, los estudiosos entienden que la propia evolución
de la lengua seleccionará las mejores y
apropiadas formas lingüísticas para
expresar nuestra realidad tan compleja, y la corrección
depende de las circunstancias del uso, del contexto
en el que se produce el intercambio lingüístico
y de los mismos interlocutores. Mientras, "lo
que te den cógelo y mantén tu latón
con tapa, porque ése es... tu maletín".
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