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SOCIEDAD
El circo de los dos hermanos
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Andar La Habana presupone emociones encontradas.
La sensación angustiosa del desastre cercano
y una inmensa misericordia por sus habitantes
entre los que me cuento. Un ejercicio perfecto
de autocompasión o de masoquismo por no
querer abandonarla.
Todos los puestos de venta de productos agrícolas
permanecen cerrados. Pude conocer que los camiones
de porteadores particulares, que transportan los
frutos del agro, son detenidos por la policía
en los accesos a la capital. Se trata de otra
orden "de arriba". Aunque la medida
inquieta con razón a los habaneros, el
gobierno no se ha pronunciado sobre el particular.
La ciudad se ha convertido en sitio injusto y
desigual. Hay injusticias sociales y discriminaciones
de muchas aristas. Se incluye entre éstas,
la racial. Pero la más común es
la que se ejerce por origen nacional. Es desventajoso
ser cubano en Cuba. Es peligroso manifestar desacuerdo
con el gobierno.
Uno de los más atractivos espacios citadinos
lo es sin lugar a dudas, el colonial. La Oficina
del Historiador de la Ciudad ha hecho un trabajo
impresionante. Un rincón diferente. Hoteles,
boutiques, cafeterías, devenidos lugares
bellos, limpios y bien iluminados. La única
pregunta que cabría hacerse ante tanto
acierto es: ¿Por qué no veo negros?
Prácticamente no trabajan negros en el
Casco Histórico. No se les ve en ninguna
instalación turística de importancia.
No existen como fuerza de trabajo para la Oficina
del Historiador. Han quedado para merodeadores
y, en el mejor de los casos, como payasos. Son
la materia prima para el turismo sexual, que parece
ser el gancho principal de la industria en la
Isla.
Cuando se anda la ciudad vieja uno tiene la sensación
de andar por un circo. La mayor parte de los visitantes
extranjeros vienen de vuelta de otros destinos
turísticos. Se muestran críticos
con la miseria con que convivieron en Guatemala
o la República Dominicana. La que ven en
nuestra tierra la justifican. Les parece bien,
y nuestra gente ha comenzado -quizás un
poco tardíamente- a detestarlos.
Los elementos criminales de la ciudad la han
emprendido con los turistas. Parece que los están
matando para robarles. Se hace con crueldad, como
castigándoles por el privilegio que reciben.
Una forma muy negativa de protestar contra la
discriminación y la marginación
que sufre el cubano.
Reciclaron la violencia en que fueron formados.
Porque la sociedad cubana es una de las más
violentas del orbe. Se trata de la violencia que
ejerce el estado contra el ciudadano. Se trata
del estado que impuso la pena de muerte y los
mítines de repudio. El estado que descalifica
a los que se atreven a pensar diferente.
La respuesta inicial que ha dado ese estado a
la violencia en las calles, es típica de
su esencia farisea. En diversas asambleas de vecinos,
celebradas en distintos lugares de la capital,
han asistido policías de Seguridad del
Estado. Los mismos se han referido tangencialmente
a la violencia contra los turistas.
Achacan el fenómeno a la visualización
de películas norteamericanas por cable.
Como de costumbre, la culpa se encuentra al norte
del Estrecho. Todo en medio de una política
confrontacional de inspiración oriental.
En vez de modernización al estilo vietnamita
o chino, se opta por cambodización y guardias
rojos trasnochados y maoístas.
No puede ser de otra forma. La cúpula
gobernante castrista está compuesta por
personas conocedoras del método para la
preparación de emboscadas. De cómo
asaltar cuarteles al amparo de las sombras. Pocos
entre estos dirigentes saben lo que es trabajar
duro para sacar adelante una familia. Ninguno
ha tenido éxito creando riqueza o fortuna.
Se trata de personas formadas en y por la violencia.
Buenos para nada que no poseen experiencia laboral
alguna. Gente con vocación para el show.
Muy capaces de fabricarse un circo con espectadores
que llegan, aplauden y se van.
Un circo con una función larga hasta el
cansancio, de más de cuarenta y seis años.
Con carpas remendadas, sillas sin espaldar y payasos
tristes. Un espectáculo de artistas del
hambre que danzan con lobos al compás de
marchas militares desafinadas, látigo incluido.
El circo de los dos hermanos en su última
función.
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