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SOCIEDAD
¿Cómo quedo yo?
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Caridad es una negra habitante del municipio
de Centro Habana. Su rostro posee los rasgos de
esas máscaras africanas que venden ahora
en las ferias de artesanías a turistas
buscadores de tallas de madera dura, primas lejanas
de las africanas auténticas que hicieron
furor en París por los años 20 y
30 del siglo pasado.
Justina es una negra que vive en Arroyo Naranjo,
un municipio donde también vive Biyuyo,
un negro chapistero que bien podría figurar
en cualquier película de aquéllas
que el cineasta Sergio Giral realizó por
los años 70 y pico u 80, cuyos protagonistas
eran negros y mestizos, lo que les valió
el sobrenombre de "negro metrajes".
Pero si cuento los negros y mestizos que viven
en el barrio de El Moro, en el de Colón,
San Leopoldo, La Victoria, Guanabacoa, Regla,
Buenavista, Pogolotti, Zamora y La Lisa demoraría
un buen rato. Sin contar a los que cumplen condena
en prisiones por toda la isla. Pues, a ojos vista,
son mayoría en el primer ejemplo. Y en
el segundo, según informes sobre población
penal.
La semana pasada me confió un francés
de paso por La Habana que le encantó contemplar
la gradación de colores de la piel de negros
y mestizos, cuyo grupo racial predominaba en la
capital, según sus observaciones.
Conozco a médicos, profesores, albañiles,
mecánicos, chóferes, barberos, peluqueras,
vendedoras, veterinarios, bailarines y bailarinas,
informáticos, cajeros, dependientes de
comercios gastronómicos, más un
largísimo, etc., todos negros o mestizos.
Resulta que las cifras expuestas por el CPV (2002)
en el gráfico de Población por color
de la piel son las siguientes: 65 % de blancos,
10,1 % de negros y 24, 9 % de mestizos.
Entonces, sucede que en los datos ofrecidos según
el último Censo de Población y Vivienda
de Cuba (2002) borraron a Caridad, Justina, Biyuyo,
como también a todos los que viven en los
barrios que más arriba mencioné,
y a todos los que conozco, así como aquéllos
de los cuales desconozco el nombre, pero comparten
conmigo el "camello" - vehículo
de transporte endémico de la Ciudad de
La Habana- cada noche cuando regreso a la choza.
Sin contar a los músicos de la mayoría
de las orquestas, a Chucho Valdés, el hijo
de Bebo, a José Luis Cortés de NG
La Banda, a Mingo y a Alelí, los de la
última telenovela cubana, junto con todos
los negros y mestizos que viven en los solares
del Cerro, allá por el Canal.
Con todo respeto, considero que los que hicieron
el Censo en 2002 fueron encuestadores traídos
de las zonas del este del país donde, según
una de mis abuelas (QEPD) a los negros prietos
los nombraban morenos; a los morenos los llaman,
mulatos; a los mulatos, trigueños; a los
trigueños, blancos "quemados por el
sol" y los blancos eran ya rubios y a los
rubios les decían "americanos".
Pero estimo que, a pesar de lo anterior, si esas
cifras se publicaran en la prensa cubana, muchos
lectores se preguntarían, como lo hace
un personaje de una emisión de radio de
corte humorístico interpretado por una
actriz mestiza y muy popular: ¿Y cómo
quedo yo?
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