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POLITICA
Por los caminos del totalitarismo (V)
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Mientras que antes de 1960 la economía
soviética creció a ritmos superiores
al 6% anual, en la década de los setenta
lo hizo al 3% de media al año; en el período
1980 a 1985 al 2.7% y en el 89 el crecimiento
llegó a ser nulo, si no negativo. El colapso
del plan significó que en 1991 el Producto
Interno Bruto (PIB) de la Unión Soviética
cayó en un 17%.
Es decir, la economía soviética
fue reduciendo sus diferencias, sin llegar nunca
a alcanzarla, con la principal economía
capitalista, la norteamericana, hasta la mitad
de los setenta. A partir de ahí comenzó
una desaceleración de su crecimiento que
ahondó las diferencias con el mundo capitalista.
La perspectiva de alcanzar a las economías
capitalistas más desarrolladas se alejaba
cada vez más. A mediados de los 80 el ritmo
de crecimiento comienza a caer de forma absoluta.
Esta crisis económica provocó escisiones
y divisiones en el seno de los grupos de dirección
económica que luego se fueron ampliando
a toda la burocracia. Durante toda la década
de los 80 se fue desarrollando una lucha palaciega
entre los diferentes sectores de la burocracia,
pero es al final de esa década cuando se
produce una lucha abierta en el seno de la burocracia
estalinista, el enfrentamiento más duro
desde los años 30. en el transcurso de
esa lucha cada vez más capas de la burocracia
fueron mirando al capitalismo como salida a la
crisis económica. Vemos también
cómo la aplastante mayoría de los
nuevos dirigentes pro capitalistas de estos países
sale de la antigua burocracia estalinista.
La burocracia se dio cuenta de que ya no podía
seguir dominando de la misma forma que antaño.
A comienzos de los 90 quedó claro que prácticamente
todas las alas significativas de la burocracia
en todos los países estaban abiertamente
por la restauración del capitalismo. Esto
no fue un proceso automático. Esta idea
de reformas ya era defendida por un sector de
la nomenclatura en tiempos de Brezhnev. Andropov
intentó de hecho iniciar el proceso de
reformas. Cuando Gorbachov se convierte en secretario
general en 1985m ka KGB apoyó las transformaciones,
que estaban destinadas a disminuir la corrupción
e incentivar la producción.
En un principio, el ala de Gorbachov se apoyó
en la clase trabajadora frente a los otros sectores
de la burocracia. De hecho, Gorbachov, en un primer
momento, despertó un enorme entusiasmo
en la población. En aquellos años,
muchos trabajadores faltaban al trabajo para no
perderse los debates televisados del Parlamento
soviético. Sin embargo, las medidas impuestas
por Gorbachov no sólo no resolvían
los problemas, sino que además dificultaban
la actividad económica, acostumbrada a
la corrupción y el mercado negro. La situación
económica empeoraba. Pero no sólo
hubo movimientos de la clase obrera en este período.
También comenzaron los movimientos de masas
en las nacionalidades.
Sin el control de la democracia, o incluso de
los sindicatos como en las democracias capitalistas,
la política industrial se llevó
a cabo sin ninguna consideración por el
enorme daño ecológico que estaba
causando. La contaminación del aire y del
agua devastó zonas enteras que ahora son
demasiado peligrosas para ser habitadas. El Mar
de Aral en Asia Central, que ha sufrido una erosión
debido a la producción de algodón,
es un monumento a la destrucción causada
por los poderes ilimitados de la burocracia.
Desde los años 70 el desarrollo de nuevas
tecnologías acrecentó la brecha
económica entre los estados estalinistas
y los países capitalistas avanzados. A
pesar de que no había escasez de innovación
científica, y la nueva tecnología
era introducida en ciertos sectores económicos,
especialmente en la industria militar, los osificados
métodos burocráticos del estalinismo
eran incompatibles con la introducción
de forma generalizada de nuevos métodos
científicos y nuevas técnicas de
producción en la economía. Las empresas
que luchaban por alcanzar sus metas de producción
se resistían a introducir nueva tecnología,
debido a las interrupciones que esto causaba durante
el período de instalación de equipos,
capacitación de trabajadores, etc. De esta
forma, en la medida en que las tareas del desarrollo
económico se hacían más complejas,
el sistema entraba en una creciente parálisis
e inercia. Esto explica el atraso en la mayoría
de las ramas de la economía, el énfasis
en la industria pesada que era altamente intensiva
en el uso de mano de obra, y la dependencia de
tecnologías desechadas hacía tiempo
en Occidente.
El análisis conjunto del Banco Mundial
y el FMI "Estudio de la economía soviética"
(febrero, 1991) explica este problema: "Los
incentivos para los gerentes de empresa para innovar,
aumentar la eficiencia o mejorar la calidad de
sus productos eran inadecuados o incluso perversos.
Esto se debía en gran parte al imperioso
énfasis puesto en el plan en alcanzar objetivos
brutos de producción. La innovación
y la búsqueda de técnicas más
baratas generalmente causan una cierta interrupción
en la producción mientras la nueva maquinaria
es instalada, se capacita a los trabajadores y
se prueban y desarrollan diferentes prácticas
de trabajo. Pero el sistema de planificación
que motivaba un mayor rendimiento, principalmente
imponiendo metas cada vez más ambiciosas,
no podía permitir que las caídas
temporales de la producción de una empresa
redujeran los insumos de las otras. Por otra parte,
la típica recompensa a la innovación
y eficiencia en una economía de mercado
-precios más bajos, un mayor porcentaje
del mercado, aumento de utilidades- era en general
de poco o ningún interés para la
empresa soviética, para la cual los precios
estaban fijados de forma arbitraria, especialmente
si el costo era quedar por debajo de su meta de
producción (todas las bonificaciones están
atadas a esta meta). Incluso en el caso de que
un mejoramiento de la tecnología llevase
a aumentar la producción en un año,
el beneficio para la empresa sería muy
limitado, ya que la meta para el año siguiente
simplemente sería elevada en la misma proporción".
De esta forma, los intereses personales y la
interacción de los diferentes estamentos
y sectores de la burocracia se combinaban para
bloquear los esfuerzos de la cúpula dirigente
por aumentar la productividad aún cuando
se ofrecían incentivos. Durante los años
80 la economía planificada estalinista
comenzó a desintegrarse. Las metas arbitrarias
y las directrices de los ministerios eran cada
vez más irrelevantes. Los gerentes de empresas
se veían obligados a salirse del plan para
obtener la materia prima y la mano de obra esencial
para mantener la producción. El acaparamiento
a gran escala de stocks, materias primas y mano
de obra era normal en la medida en que las empresas
luchaban por sobrevivir. Las relaciones entre
los diferentes sectores de la economía
eran fijadas de forma creciente a través
de un anárquico sistema de trueque en vez
de ser organizadas de forma planificada y armónica.
Debido al carácter complejo y multinacional
de la economía soviética, la emergente
rivalidad entre las burocracias nacionales socavó
aún más el plan.
Esta situación creó una situación
de desastre en la economía, un ambiente
de caos que comenzaba a movilizar a las dormidas
fuerzas obreras, sobre todo de las fuerzas más
calificadas entre los trabajadores, que se percataban
y sufrían el descalabro.
Muchos de los grandes logros de la economía
soviética se habían obtenido mediante
el empleo del trabajo intensivo de la mano de
obra esclava, integrada por los prisioneros de
los kontslager, el ferrocarril Baikal-Amur, las
grandes explotaciones madereras y mineras de Liberia,
el complejo de Dalstroi, el canal del mar Blanco,
etc. Pero el trabajo esclavo no es rentable. Este
sistema, además de insostenible, es inhumano.
Las deformaciones que trajo en la sociedad soviética
y los sufrimientos que provocó son imperdonables.
Esta forma de trabajo duró hasta la época
de Gorbachov, que logró ponerle fin.
Los síntomas del descontento afloraban
por doquier, las costuras del sistema se deshacían
por todas partes, un sordo rumor se dejaba escuchar
entre las masas de obreros enajenados por años
de estalinismo. El alcoholismo, la droga, la prostitución
florecían en las ciudades y campos del
paraíso proletario. Hambre, desabastecimiento,
corrupción generalizada, desorden, caracterizaban
a la URSS. El método de limpieza clasista
implantado por Félix Edmundovich, el "hombre
de hierro" de la Checa, por órdenes
de Lenin y que era parte inseparable de la "manera
de ser" del sistema, ya no podía contener
el desborde de una sociedad hastiada.
Una parte importante de la burocracia comenzó
a pensar en la necesidad de un cambio que salvase
sus privilegios, y comenzó a contactar
con los grupos de opositores que desde hacía
años resistían heroicamente al régimen.
Esta situación fue aprovechada hábilmente
por la disidencia histórica y por los nuevos
grupos formados entre los jóvenes intelectuales
y obreros. Los contactos entre reformistas de
la nomenclatura y la oposición se hicieron
constantes y cada vez más sólidos.
La nueva generación de tecnócratas
del Partido Comunista, una parte importante de
la burocracia y la disidencia se aliaron para
derribar al aparato estaliniano, y pusieron fin
a largos años de dolor y miseria. La humanidad
respiró aliviada.
Los antiguos secretarios del partido se convirtieron
en empresarios; los veteranos de la KGB, los administradores
de las empresas socialistas, los ideólogos
del comunismo se transformaron en capitalistas.
Todos tenían una cuenta larga que saldar
con su pueblo, pero nada era más importante
que el cambio, al final. Como bien dijo Boris
Yeltsin, ex presidente de Rusia -quien en su tiempo
fuera un conspicuo comunista, secretario del partido
en Moscú- quien esté libre de culpa
que lance la primera piedra, parafraseando el
texto bíblico.
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caminos del totalitarismo (I)
Por los
caminos del totalitarismo (II)
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