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SOCIEDAD
Odisea de hospital
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Mis lectores y amigos, los que según
tengo noticias me leen con frecuencia en la página
de CubaNet, se habrán preguntado a qué
se debe mi silencio a lo largo de estos días.
Ahora les cuento. El primero de noviembre sostuve
un encuentro con una persona que me produjo un
fuerte disgusto. Como les he dicho tantas veces
a esos lectores y amigos, soy una anciana de 66
años con ciertas dolencias de la edad,
pero sin mucha importancia. Sin embargo, después
de ese desagradable encuentro comencé a
padecer de ciertos síntomas que para mí
eran un verdadero enigma.
Gracias a mi colega del periodismo independiente,
Juan González Febles, a quien todos decimos
cariñosamente Johnny, quien me salvó
la vida, puedo dictar para ustedes estas líneas,
gracias también a otra futura colega, Celia
Rojas González, a quien llamamos, también
cariñosamente, Shelyn, porque escribir
todavía no puedo.
Johnny, uno de los tipos más carismáticos
que he conocido a lo largo de mi vida, vive gracias
a sus ideas. Se alimenta más de la energía
cósmica que de la libreta de racionamiento.
Flota como un corcho en esta sociedad diabólica
donde sobrevivimos los cubanos, sin transporte,
sin comida, y sobre todo sin libertad. En menos
de tres horas Johnny me paseó por los hospitales
del municipio Habana del Este y Centro Habana.
Al final, encontramos una especialista en oftalmología,
que me diagnosticó Herpes Zoster, enfermedad
viral conocida como "culebrilla". Me
recetó un medicamento que se compró
en la tercera farmacia que visitamos, ya de regreso
a casa.
Esta "culebrilla" se produce principalmente
por estrés o un fuerte disgusto. Jamás
le di la bienvenida, pero quiso hacer nido en
mi ojo derecho. Tal parece como si se hubiese
puesto de acuerdo con el Jefe Máximo de
este país para callarme la boca por espacio
de siete u ocho días.
En el hospital Calixto García, aparte
de la amable oftalmóloga, solamente encontramos
una enfermera que repetía: "Esta mujer
está de ingreso". Casi desfallecida,
entre mareos y fiebres le decía que no.
Con las ganas que tiene el gobierno de Fidel Castro
de desaparecer a los periodistas independientes,
si me hubiera quedado allí ingresada ahora
no hubiera podido escribirles esto. Con el mismo
cariño de siempre y el deseo de sanar para
continuar con el periodismo independiente.
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