| POLITICA
Por
los caminos del totalitarismo (II)
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- 1848 es un año crucial en la historia
mundial. La revolución nacida en Francia,
que se extiende a Europa, puede ser vista como
una continuación de la de 1789, pero la
sobrepasa y tiene una extensión diferente
a la de 1830. Sobre la pasión igualitaria
se injerta la pasión social. En este año
trascendental, en febrero, sale a la luz el Manifiesto
Comunista de Marx y Engels.
"Si triunfase un movimiento social revolucionario,
dirigido por hombres inspirados por la fe en las
fórmulas, y estos hombres decidieran imponer
su credo, se recurriría inevitablemente
a la coacción", nos advierte Tocqueville
ese mismo año. La libertad política,
la libertad individual, la Declaración
de los Derechos del Hombre, la propiedad privada,
la libre concurrencia, son puestas en la picota.
Saint-Simon, Fourier, Owen, Louis Blanc, Proudhon
marcan desde antes de 1848 la protesta socialista.
Los saintsimonianos someten a juicio la propiedad
privada. Para ellos el gobierno es una cosa secundaria,
pura fachada. Fourier cree en el falansterio -gran
hotel cooperativo. Critican la industria, dicen
que la libertad política y la soberanía
del pueblo son falsedades. Owen expone que los
dos pilares del capitalismo -provecho y libre
concurrencia- son contrarios al orden natural,
y cree que deben ser reemplazados por un sistema
de producción común. Son socialistas
utópicos, nadie les hace mucho caso. Imaginan
que la historia se prestará, sin violencia,
a la puesta en práctica de su sociedad
soñada. Pero su crítica ha abierto
brechas significativas, ha sembrado la peligrosa
semilla.
Louis Blanc somete a juicio la libre concurrencia
y la libertad política. Propone el taller
social, pero introduce un elemento nuevo: apela
al Estado para financiar el taller y para reglamentarlo.
Proudhon llega en 1840 con su tesis de que la
propiedad es el robo. Proudhon ataca con saña
a los comunistas, pero sus ideas dan golpes decisivos
al capitalismo.
Las sociedades republicanas Amigos del Pueblo,
Derechos del Hombre, Familias, Estaciones, La
Liga de los Justos, sociedades secretas que eran
nidos de comunistas, tenían por lema: "Todos
los hombres son hermanos".
Perseguidos por la policía, separados
por serias divergencias doctrinales, necesitaban
corregir graves errores tácticos. Es entonces
que aparecen en escena dos jóvenes alemanes:
Carlos Marx y Federico Engels. Hegelianos de izquierda,
reunidos en Bruselas en 1845-1847, dieron cima
a la doctrina del materialismo dialéctico
que, aplicado al estudio de las sociedades, termina
en materialismo histórico, lo que les permitirá
ocupar una posición determinante sobre
los grupos comunistas de La Liga de los Justos.
En 1846 escribe Proudhon, refiriéndose
a la nueva doctrina de Marx y Engels: "Busquemos
juntos, si queréis, las leyes de la sociedad.
Pero, por Dios, después de haber demolido
todos los dogmatismos no pensemos a nuestra vez
imponer doctrinas al pueblo ... no nos hagamos
apóstoles de una nueva intolerancia".
Marx se da a la tarea de eliminar, metódica
y brutalmente, todas las herejías, y de
formar los nuevos grupos comunistas de acuerdo
a sus ideas. En 1847 se crea la Liga de los Comunistas,
la Revista Comunista, y aparece el nuevo lema
"Proletarios de todos los países,
uníos".
Si alguien tiene duda sobre lo que se avecinaba,
lea este fragmento del editorial del primer y
único número de la revista: "No
somos comunistas que queremos realizarlo todo
por el amor, no predicamos la paz perpetua".
Y dice el manifiesto de ese 1848: "Un espectro
obsesiona a Europa: el espectro del comunismo".
Y ese espectro habrá de fortalecer poco
a poco su ectoplasma hasta materializarse en Lenin
y su terrible sistema.
El mismo año 1895, en que muere Engels,
es encarcelado por primera vez un joven militante
marxista: Vladimir Ilich Lenin.
En 1916 Lenin escribe: "He ahí mi
destino: una campaña de lucha tras otra,
contra las necedades y torpezas políticas,
contra el oportunismo". Al igual que sus
amados predecesores, se considera a sí
mismo una especie de iluminado, un cruzado en
la lucha contra las desviaciones doctrinales.
Le cabe el mérito de ser el primero en
tomar el poder.
Infatigable guardagujas, dirigía obstinadamente
y sin miramientos. Crea un partido marxista, vanguardia
de la clase obrera, con un programa preciso y
una táctica eficaz. Elimina implacablemente
toda desviación. Era un hombre de una intransigencia
doctrinal total. Lleva adelante su revolución
sin reparar en pérdidas.
Considerado por sus seguidores más a la
izquierda que la izquierda, sueña un Estado
obrero de recuento y control: "Recuento y
control: he ahí lo esencial para la organización,
para el funcionamiento ideal de la sociedad comunista
... Toda la sociedad no será más
que una gran oficina y un gran taller con igualdad
de trabajo e igualdad de salario".
Un gran taller. "Toda la economía
nacional organizada como el correo: los técnicos,
los vigilantes, los contables, todos los funcionarios
recibiendo un sueldo que no sobrepase el salario
de un obrero, bajo el control y la dirección
del proletariado armado. Tal es nuestro fin inmediato.
He ahí el Estado, he ahí la base
económica que necesitamos", dice la
nueva Biblia del comunismo leninista, su libro
El Estado y la Revolución.
¿Y eso es lo que prometían?¿Ese
era el famoso paraíso de la clase obrera?
Millones de hombres en el mundo les siguieron
en este camino de muerte y miseria, soldados de
la muerte y la desesperanza. El famoso Estado
fue la quintaesencia de la barbarie. ¿Engañados?
¿Cómplices? ¿O es cierto
que la masa ama la obediencia al jefe?
Lo cierto es que esa pesadilla, que se desató
en 1848, durante más de 150 años
ha intentado dominar al mundo. Stalin perfeccionó
el Estado totalitario, afinó el poder ideado
por Lenin, la burocracia organizada y armada que
controla a las masas laboriosas y entusiastas.
Un nuevo Dios ha surgido, terrible, omnímodo,
castigador implacable. Un gran taller bajo el
control y la dirección de la burocracia
armada a la que hay que rendirle homenaje, a la
que hay que someterse.
La omnipotencia del instrumento creado por Lenin,
EL PARTIDO, redujo al pueblo a una decoración
fantasmagórica. Víctor Serge, en
Destino de una Revolución, dice: "En
todas las ciudades de la URSS el edificio más
imponente es siempre el de la policía política
o GPU ... es la obra de los burócratas
triunfantes".
André Gibe escribe que en la URSS se idolatra
al jefe. Yvon, comunista francés desengañado,
declara: "De lejos aquello puede parecer
grandioso, de cerca es doloroso hasta más
no poder".
Sin embargo, en Alemania, cuna del socialismo
marxista, surge su antítesis, su hermano
gemelo enemigo, tesis y antítesis, el nacionalsocialismo,
otra de las caras del totalitarismo. En 1889 en
Braunau nace el elegido para proclamar la voluntad
racista del creador, Adolfo Hitler. El líder
proclama: "El éxito en política
sólo pertenece a quien es brutal e intolerante.
La masa, semejante a una mujer, tiene horror a
los débiles, a los tibios, se somete al
hombre fuerte, entero fanático, que infunde
miedo, que aterroriza".
Su homólogo comunista Stalin anuncia:
"La masa no respeta a los débiles,
se somete al hombre decidido, dispuesto a conducirla
por el camino de la victoria. Los débiles,
los tibios, no tiene cabida en la construcción
de la nueva sociedad".
¿Casualidad? ¿Coincidencia? El
mundo vivirá años de terror, el
nazismo caerá vencido por las fuerzas conjuntas
de su hermano gemelo y las potencias democráticas.
Combatir al nazismo le dio al comunismo un barniz
de sistema justo, que ha sido hábilmente
aprovechado.
El comunismo demostró su capacidad de
maniobra, su gran poder de mimesis. Los kontslager
soviéticos sobrevivieron durante decenios
a los campos de exterminio nazis. Mientras el
mundo no dejaba de recordar con horror el holocausto
judío, millones de soviéticos morían
de un disparo en la nuca, de hambre y de frío
en los campos. Y no sólo en la URSS, en
el resto del campo socialista la maquinaria estalinista
se regodeaba en la miseria humana. En China, el
Gran Timonel era dueño de vida y muerte.
En Corea, Mongolia, Vietnam, la vida de un hombre
no valía nada. En Cuba triunfaba, con el
aplauso del mundo, un nuevo líder totalitario,
y los viejos métodos de muerte llegaban
al Caribe. UMAP, fusilamientos, censura, multitudes
aclamando al salvador, la burocracia armada en
el poder apoyada por la masa hechizada por el
poder. Kampuchea se convertía en un baño
inaudito de sangre y sufrimiento.
La última ola democrática trajo
un respiro. El totalitarismo se replegó
a sus últimas guaridas. Pero está
ahí, ya se oculte bajo el anonimato de
la democracia electiva -chavismo-, ya se proclame
dictador a rostro descubierto -castrismo- está
en todas partes indefinidamente protector, mimético,
atractivo, infinitamente autoritario.
Por los
caminos del totalitarismo (I)
Por los
caminos del totalitarismo (II)
Por los
caminos del totalitarismo (III)
Por los
caminos del totalitarismo (IV)
Por los
caminos del totalitarismo (V)
Por los
caminos del totalitarismo (VI)
|