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CRIMEN
Sin garantías
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Morir en La Habana, podría ser el título
de una novela, la etiqueta de un filme de suspenso
o la descripción dramatizada de un día
en uno de los barrios marginales, donde la violencia
es el arte de vanguardia, el hilo conductor de
la cotidianeidad, el himno de la desesperanza
que anuncia el próximo asalto, la trifulca
en ciernes, el adiós a la clemencia.
Al menos un turista ha muerto en La Habana de
la Bodeguita del Medio, del Palacio de los Capitanes
Generales. Ocurrió la semana pasada a pocas
cuadras del Capitolio, en el barrio de Colón
del municipio Centro Habana, donde las fachadas
embadurnadas de tristezas esconden a un vecindario
mayoritariamente negro, relegado a circunstancias
que semejan a un naufragio adscrito a la permanencia.
Quizás fue una víctima del despiste,
un baluarte de la ingenuidad que creyó
en la fanfarria de los publicistas que le hablaron
de un pueblo manso y hospitalario, de alegrías
permanentes e ideales casi divinos. No le avisaron
de la decadencia, del rencor apoltronado en el
tiempo, de la segregación que anda junto
a la retórica oficial con sus letanías
hechas de sombras y promesas muy dóciles
a los vaivenes del viento.
Surgen versiones por doquier. Hay comentarios,
retazos de verdades pespunteados con los rumores
que tratan de llenar el vacío dejado por
la censura.
Pese a las adiciones ficticias, el suceso ha
escapado del silencio. Se sabe que la ciudad se
va convirtiendo es un espacio letal para los visitantes
foráneos.
"El problema no radica en el elemento cuantitativo,
sino en los métodos utilizados por los
atracadores, cada vez más agresivos y dispuestos
a causar estragos físicos a las víctimas,
incluso quitarles la vida", me decía
hace dos meses un médico que labora en
una sala de terapia intensiva.
Nada ha podido frenar el ascenso de los asaltos.
Ni las altas sanciones de privación de
libertad, incluso hasta la imposición de
la pena de muerte, han sido eficaces para atenuar
la espiral de violencia que afecta, en igual medida,
a los nacionales de mayor solvencia.
La decisión para cometer tales acciones
parte de una multiplicidad factorial que implica
la marginación con sus lastres. Pobreza,
drogas, prostitución, son algunas realidades
que viabilizan las conductas extremas. La alineación
como resultado de la impotencia y la clausura
de posibilidades para un crecimiento material
y espiritual sin el fardo de las teorizaciones
que se quedan flotando en un mar de subjetividades,
ofrecen una respuesta al clima de tensiones presente
en amplios núcleos urbanos de la capital.
La marginalidad en la ciudad de La Habana, con
sus más de dos millones de habitantes,
es alarmante. Se puede asegurar sin temor a equivocaciones
que una cifra superior al 50%, sufre en algún
grado del hacinamiento, el deterioro habitacional,
salarios irrisorios, serios problemas con el acceso
a los servicios, entre ellos de electricidad y
agua, por sólo mencionar una parte ínfima
de las necesidades que agobian a los capitalinos.
El meollo de la cuestión no son las dificultades
en sí, lo peor es su prolongación
junto a la impericia de la burocracia que durante
más de 40 años no ha encontrado
soluciones.
A todo este cúmulo de privaciones se suma
el trato escandalosamente discriminatorio a los
cubanos respecto a los extranjeros.
El contraste entre la abundancia y la pulcritud
de los hoteles, con la miseria de las cuarterías
o los edificios quebrados por la falta de mantenimiento,
es evidente. Esto activa el rencor, anula la razón
y contribuye, desgraciadamente a menudo, a incentivar
el salvajismo.
La Habana con sus "almendrones" sorteando
los cráteres tallados por el abandono en
el pavimento, los parques con sus hierbas envejecidas
y los bancos destrozados, tiene su magia y sus
terrores.
Hay folklor, indiferencia, y también sentimientos
agrios detrás de una sonrisa.
Escribo a una semana de distancia del homicidio.
Ayer me comunicaron que habían descubierto
otros dos cuerpos sin vida de extranjeros en La
Habana. No me ha sido posible comprobar la veracidad
de la información. Ojalá sea un
rumor, pero dado el ambiente de crispaciones que
mantiene en vilo a la ciudadanía, me abstengo
de descartar la concurrencia de un nuevo asesinato.
De ser cierto, ¿estarán las disparidades
promoviendo la xenofobia?
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