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HISTORIA
Tres decepciones
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Todo empezó con un programa de la televisión
oficial en uno de sus llamados canales educativos.
"Huellas en el tiempo" es el programa
de marras. En él se ofrecen materiales
realizados por prestigiosas productoras de todo
el mundo. Regularmente son temas históricos
y culturales. El productor primado en las entregas
suele ser el Discovery Channel de los Estados
Unidos.
El pasado lunes, la entrega abordó el
Castillo de Chapultepec en México. Su historia
abarca desde el inicio en los tiempos de la conquista.
Se pretendió que por la altura fuera un
enclave militar defensivo. Los españoles
se afanaron para crear una fortaleza. Con la independencia,
el sitio fue destinado a colegio militar para
la formación de oficiales para el ejército
nacional.
Durante la guerra contra los Estados Unidos,
acaeció el famoso incidente de la inmolación
de los cadetes de dicha academia. El episodio
no está convenientemente aclarado, pero
como leyenda es, sin lugar a dudas, hermosa. Luego
la etapa imperial con su breve paréntesis
de ilustración y progreso para México.
Mi primera decepción fue con el Benemérito
de América, Don Benito Juárez. Resulta
que el emperador Maximiliano de Hapsburgo, dotó
al castillo de su boato. Lo embelleció
y lo modernizó para su época. Dictó
amnistías para presos políticos.
Alentó y modernizó la industria
y el comercio.
El bello Paseo de La Reforma se debe a su aliento
y mandato. Trató de colocar a México
entre las naciones más progresistas y modernas
de su época. Bajo su efímero imperio,
los mexicanos disfrutaron de derechos civiles,
porque el ingenuo emperador soñaba con
una monarquía constitucional como la inglesa.
Todo parece indicar que cuando, por orden de
Juárez, fue fusilado en Querétaro,
los mexicanos perdieron algo que aún no
han recuperado. José Martí se refirió
al episodio y conceptuó a Juárez
como uno de sus Tres Héroes.
Pero bien, imaginemos que el fusilado en los
Cerros de Querétaro hubiera sido Don Benito
en vez de Maximiliano. Esto en compañía
de -por poner un ejemplo- Porfirio Díaz
o cualquier otro héroe. Si ésa hubiera
sido la historia, México quizás
se habría ahorrado una costosa y sangrienta
revolución. También más de
setenta años de mandato del PRI. Una paradoja
que da mucho que pensar.
Bolívar es mi otra decepción. Todo
apunta a que fue un militar capaz. Un caudillo
exitoso en sus campañas guerreras. Pero
aspiraba al poder absoluto. Dentro de lo que ya
parece ser una norma en estos caracteres, fusiló
y encarceló a algunos de sus compañeros
de lucha.
Murió amargado porque no llevó
adelante su sueño mesiánico y antidemocrático.
Enhorabuena y que en paz descanse.
Afirman que está documentada una supuesta
entrevista de José Martí con el
dictador mexicano Porfirio Díaz. En el
transcurso de la misma, nuestro Apóstol
habría pedido la intervención de
México, con una expedición guerrera
que hubiera colapsado la dominación española
en Cuba.
Lo más inquietante es que estaba contemplada
la incorporación de la Isla a México.
¡Qué desastre! En el supuesto caso
que aquello hubiera salido bien nos habríamos
visto uncidos a los tormentosos procesos políticos
de aquella hermana nación. No quiero imaginarlo.
Existen historiadores que afirman que Martí
buscaba la muerte. La muerte es una buena alternativa
al fracaso. Dios dispone caminos misteriosos y
compasivos para mitigar los errores humanos. Quizás
morir lo libró de las preguntas de un gabinete
de gobierno. Preguntas del estilo de ésta:
"¿Qué hacemos ahora, Sr. Presidente?
Responder preguntas de esta índole resulta
más complicado que el proceso conspirativo
para cualquier insurrección. Ya él
lo dijo: "La revolución requiere alas,
el gobierno, pies".
La suma de acontecimientos pasados y presentes,
mirados sin pasión conducen a reformulaciones.
Por lo pronto, tengo que acomodar mis tres nuevas
y flamantes decepciones: Benito Juárez,
Simón Bolívar y José Martí.
Junto a una creciente y fortalecida confianza
en la democracia
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