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SOCIEDAD
Waldito, el fisiculturista inoportuno
Ibrahim Dionisio Rodríguez, Villa Blanca
Press
CAIBARIEN, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Waldito ya no es el niño aquél
que correteaba por las calles descalzo, haciendo
travesuras a los más ancianos de la cuadra.
Ha crecido. Ahora tiene 20 años y se encuentra
deseoso de poseer todos los ingredientes para
elaborar la fórmula de hacerse hombre.
Algo que para el joven demanda osadía,
fortaleza, valentía, rudeza, virilidad
y poder.
Waldo ha leído muchas revistas de fisiculturismo,
y precisa que la masculinidad es ser fuerte de
carácter y de cuerpo. Ha comenzado a hacer
ejercicios, lleva alrededor de seis meses asistiendo
al gimnasio de cultura física de Caibarién,
ubicado en la Avenida 7, entre las calles 12 y
14.
De lo único de lo que el inspirado joven
no se ha percatado es de su fatalismo físico.
"La flacura no me impedirá hacer fisiculturismo",
me dijo en el patio de su vivienda, donde mantiene
oculto un minigimnasio con posters de los Mister
Olympias Ronnie Colleman y Dorian Yates, a los
que imita en las poses y el vestir. Menos, por
supuesto, en los músculos.
La situación económica en el hogar
del principiante de los hierros es precaria. Su
mamá mantiene económicamente desde
hace ocho años a la abuela, al hermanito
y a él. "Waldo me va a matar, me dijo
la señora, muy alterada. "Yo gano
225 pesos limpiando pisos en una escuela, y me
pide carne todos los días".
Waldito finaliza los entrenamientos diarios agotado
y con un apetito salvaje. El quiere aumentar su
masa muscular lo más rápido posible
ingiriendo a escondidas de su familia agua con
azúcar antes y después de su faena.
"En ocasiones tengo mareos por las noches",
me aseguró preocupado.
La situación del intrépido seguidor
de Weider es alarmante. Su mamá no puede
mantener el nuevo estilo de vida de su hijo, que
programa su alimentación semanal con carne,
huevos, pescado, leche y plátanos fruta.
Estos productos escasean, y prácticamente
han desaparecido para los cubanos de a pie debido
a su elevado precio.
Waldo tiene por delante una condición
que no sólo se refiere a lo que es, sino
a lo que debe ser en los próximos años.
El quiere lucir un cuerpo cultivado físicamente
en el nuevo verano, y caminar por la playa de
la Villa Blanca como marfil esculpido, olvidando
la flacura que lo acompaña.
Waldito no se ha percatado de que ha nacido en
el país equivocado. El consumo de calorías,
los aditamentos de fisiculturismo y el gimnasio
en condiciones sólo podrá encontrarlos
en el mundo libre y democrático. Pero él
insiste. Al igual que varios colegas practicantes
de ese deporte que sólo han adquirido cansancio
y dolores musculares.
El explosivo joven caibariense, colocándose
una cinta de medir alrededor de su brazo, dijo:
"no aumento ni un milímetro, estoy
frito".
Waldo no prosiguió los estudios por falta
de rendimiento académico, y espera ser
empleado en un taller de mecánica.
Para él, elevar su tono muscular es un
desafío importante, aunque signifique una
lucha de toda la vida. El fisiculturista inoportuno,
como se le conoce en la barriada de Puerto Arturo,
alega que no dejará los ejercicios aunque
tenga que comer harina de maíz todos los
días.
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