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ECONOMIA
INFORMAL
El carretón del sabor
Adrián Leiva
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Desde tiempos inmemoriales los hombres han recurrido
a diversas formas de promocionar sus mercancías
con la finalidad de realizar una mayor venta.
No siempre estuvieron al alcance de los comerciantes
los recursos técnicos de que disponen en
la actualidad. Quizás la primera iniciativa
de que se tiene memoria fueron los pregones, que
bien pudieran considerarse la célula primaria
de la publicidad.
El pregón, tan antiguo como la civilización
humana, tiene vigencia en nuestros días
a pesar de los costosísimos spots comerciales
que utilizan toda la tecnología de punta
disponible.
En Cuba desde la época colonial los pregoneros
recorrían las calles de pueblos y ciudades
anunciando sus productos. Esta modalidad de venta
popular, quizás inconscientemente devendría
en toda una estampa de la vida cultural y social
de nuestra nación. El pregón se
convirtió en un género musical,
y autores de diversas épocas y tendencias
escribieron antológicas piezas que hoy
conforman el patrimonio musical nacional.
Ejemplo de ello es el más famoso de los
pregones cubanos, nacido de la inspiración
de Moisés Simons, El Manicero, y recreado
magistralmente en la voz de Rita Montaner, una
de las figuras más emblemáticas
de la música cubana en la época
del 30 al 50 del pasado siglo, aunque éste
no es ni mucho menos el único pregón
que trascendió las fronteras de nuestro
pentagrama nacional.
Con la llegada al poder de la Revolución
Cubana el nuevo gobierno impone un nuevo orden
económico, social y político con
carácter totalitario, que impactó
también este género popular. Con
la estatización de la economía comenzó
a gestarse un período de carestía.
Todo género de actividad comercial, ahora
bajo la propiedad del estado socialista, se rige
por medio de estrictos controles en un sistema
de producción centralizado donde se pierde
el carácter comercial de la producción.
El Estado, único autorizado para vender
cualquier producto, imponía sanciones a
quienes violaran esas reglas. Así, de la
noche a la mañana, desparecieron de las
calles cubanas los vendedores con sus tradicionales
pregones.
Tendrían que pasar más de treinta
años para que el gobierno tolerara algunas
variantes de pequeñas actividades comerciales
y con ello reaparecen los nuevos pregoneros, que
si bien no alcanzan la gracia musical de sus predecesores,
al menos de forma aislada logran dar un toque
de criollísima cubanía al ambiente
de nuestras calles.
Desde hace varios meses se escuchan en distintas
zonas del municipio Cerro, de La Habana, el estribillo
de varios pregones cuya letra, casi siempre renovada,
está en consonancia con los productos de
la estación. El Carretón del Sabor,
que vende ajíes, cebollas, ajos, viandas,
vegetales y otros productos anuncia sus productos
con rítmicos estribillos tales como "Mira
que ya llegué", "Tu sazón
a domicilio", "Compra y no le pidas
a la vecina", "Si te quejas es porque
quieres"
.
Cada día, empujado por sus vendedores,
recorren varias decenas de cuadras por el municipio
Cerro, llevando a los hogares los alimentos necesarios
para aquéllos que no pueden trasladarse
hasta los agromercados. Si bien es cierto que
los clientes no realizan grandes compras porque
los precios son ligeramente más altos que
los de los mercados estatales de precios topados,
es indudable que muchas personas, en medio de
los preparativos de sus comidas, descubren la
falta de algún ingrediente, y al escuchar
la voz de los pregoneros del Carretón del
Sabor, salen apresuradamente para comprar aquel
producto necesitado para completar su comida del
día.
El Carretón del Sabor comercializa mercancías
provenientes de una Cooperativa de Producción
Agropecuaria, y constituye una fuente de empleo
honesto para quienes por más de diez horas
diarias, bajo el ardiente sol tropical, no sólo
recorren con su esfuerzo gran parte del municipio,
sino que brindan un necesario servicio comercial
a domicilio, mientras recrean por nuestras calles
una estampa criolla casi extinguida en el acontecer
social de la isla.
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