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POLITICA
Hacerse el sueco
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Según la prensa oficial de Cuba, la Academia
sueca premió con el Nobel de literatura
a un dramaturgo británico. El homenajeado
-según la prensa oficial cubana- "refleja
en su obra inquietudes sociales y políticas
que lo colocan a la vanguardia
"
Esto quiere decir que otro intelectual de izquierda
se suma al coro de esos galardonados. Otro para
usar tal distinción en función de
su agenda política.
Junto a Gabriel García Márquez,
Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta Menchú,
la izquierda se anota otro tanto. Del británico
se sabe que es un anti globalizacionista y además
un anti liberal.
Ignoro si ya se declaró admirador del
Comandante y simpatizante de su revolución.
Si no lo ha hecho, es probable que lo haga pronto.
Hará su visita de peregrinación
a La Habana. Después de la primera vez,
regresará para dar continuidad a un muy
ventajoso turismo político. Todo con turismulatas
o turismulatos incluidos.
Los caminos para acceder a un premio Nobel siguen
siendo inescrutables. Aparecen premiados Arafat
y Carter, la Menchú y Soltzhenitzin, Isaac
Rabin y Menagem Begin. Juntos, revueltos, pero
eso sí, muy bien equilibrados.
Hemos navegado con mucha buena suerte, aún
no se les ha ocurrido premiar a Castro. Dicen
que estuvo a punto en la víspera de la
firma de los acuerdos para la paz en Angola. Pero
todo se diluyó y no hubo lamentaciones
en este sentido.
Los que atribuyen el final del Apartheid a la
presencia de contingentes militares cubanos en
África, así lo piensan. Nelson Mandela
fue otro de los galardonados. Llegaron a llamarle
el más antiguo prisionero político
del mundo en su tiempo.
No se conocía o no se hablaba de Mario
Chánez, el cubano que era verdaderamente
el prisionero más antiguo del mundo.
No puede negarse que vivimos en una etapa de
alza para las fuerzas siniestras del mundo. Estimulada
en América Latina por una nada despreciable
inyección de petrodólares venezolanos,
sobran recursos para las relaciones públicas.
El caso es que reinan en los predios artísticos,
académicos y literarios. ¿Por qué
no en las candidaturas, nominaciones y hasta en
la asignación de tales galardones?
Aquí reside la magia del equilibrio de
la Academia. Los suecos juegan a si mismos y lo
hacen bien. Combinar a Jimmy Carter y a Rigoberta
Menchú con Amnistía Internacional
y con la Madre Teresa de Calcuta requiere destreza
y una capacidad de abstracción por encima
del promedio.
Quizás alguna organización o personalidad
del movimiento disidente cubano pase la prueba.
Las Damas de Blanco lo hicieron ante la Unión
Europea -UE- con el premio Sajarov por la Paz.
Hasta el momento nadie de Cuba lo ha conseguido
con la augusta academia sueca.
Crucemos los dedos y conjuremos los dados de
toda la buena suerte del mundo, para poner junto
a los mejores ideales de libertad y amor de la
humanidad, un premio Nobel para la Cuba que lucha
contra la dictadura. ¡Que así sea!
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