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SOCIEDAD
¿Quién lo mató? ¡La policía! ¿Qué pide Abasí?
¡Justicia!
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- La gente anda crispada en la Isla. Los ánimos
están muy caldeados. Esto alcanza a todos
por igual. Las calles de La Habana, sus rincones,
sus zonas segregadas polarizan hasta el nivel
personal un conflicto. La parte más identificada
en este enfrentamiento es la Policía.
Para el ciudadano promedio, la Policía
es la Policía. No es nacional ni revolucionaria.
Es sólo la parte visible del iceberg monstruoso
que enfrenta. Es, como dijera uno de los que puede
decir, "
la representación del
poder revolucionario en las calles". Calles
que son de los revolucionarios y en las que apenas
hay revolucionarios.
La noticia es que la espoleta del odio se disparó
desde un auto patrullero de la Policía.
Un joven negro iba con dos grandes jabas. Las
llevaba en cada mano. Era en las cercanías
de una fábrica de detergente. El jefe del
carro le dio la orden al chofer de iniciar la
persecución. Le ordenó al joven
negro que se detuviera.
La adrenalina se disparó en todos. El
joven negro soltó las jabas y corrió.
Es más importante estar libre en la lucha,
en la calle, que perder unos cuantos cientos de
pesos en detergente. Sonó un disparo. Fue
suficiente para atravesar el pulmón y romper
el corazón del negro. Un delincuente menos.
Son muchas las versiones sobre lo que acaeció
después. Nosotros en la prensa independiente,
carecemos de medios de transportación,
entre otras carencias. No siempre acertamos a
estar donde queremos cuando debemos. La prensa
oficial es de los revolucionarios. La prensa extranjera
acreditada vive en un espacio ético y dimensional
diferente.
Se dice que el jefe del carro fue presa del pánico
y quiso darse a la fuga. El otro uniformado se
hizo cargo de la situación, llamó
a una ambulancia y el herido consiguió
llegar a un centro de atención médica.
Murió asistido con misericordia. Se llevó
un poco del calor y la solidaridad humana que
echó de menos durante toda su corta y azarosa
vida.
Ese mismo día -viernes 28- lo supo el
plante. Los ecobios se indignaron. No se asesina
a un "ñaña" impunemente.
Acordaron salir con el féretro y conducirlo
hasta la Plaza Cívica, para exigir justicia.
Hicieron su demostración en la calle Zapata
del Vedado, el sábado 29. No fueron molestados
por la Policía. Les permitieron desahogar
la ira y la indignación en parte de las
calles -que son de los revolucionarios- y en el
cementerio, que felizmente es de todos, por el
momento. No así en la Plaza y su Palacio.
Loa ñáñigos corearon durante
la protesta un curioso estribillo. Lo repetían
como una salmodia: "¿Quién
lo mató? ¡La policía! ¿Qué
pide Abasí? ¡Justicia!"
Pero los ecobios se equivocan. Lo mató
el egoísmo, lo mató el odio. Lo
mató la misma intolerancia cobarde que
asesinó legalmente a tres infelices negritos
en La Habana, para dar un escarmiento en aquella
aciaga Primavera Negra de 2003.
Lo mató el miedo que impide a los cubanos
unirse para sacar a Cuba del bache de miseria,
cárcel y paredón en que se debate.
La Policía es otra víctima, ellos
son, a fin de cuentas, sólo cubanos. Viven
en el miedo. Odiados, sin honor ni amor.
Mientras, la ciudad queda igual con sus calles
y sus gentes. La Policía continúa
escrutando en cada rostro. Ellos siguen crispados
y otro joven negro delinque y distribuye el jabón
y la leche. Los cómplices en esta ciudad
ajena y diferente compran y recomiendan cautela.
La élite está a salvo. Aún
se trata de la confrontación entre la Policía
y la población. Pero cuidado. Ya se hace
recurrente pretender dirimir injusticias en el
Palacio de la Plaza Cívica. El origen de
todas las injusticias. Cerca del cementerio. Donde
las segregaciones no cuentan.
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